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Una comunidad de teatro ‘Under’ se teje en Zaragoza

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Entrevista a Fran, Samuel, Óscar, Guzmán y Juan, de la Red ‘Under’ de Teatro

No quieren ser triunfalistas. Los espacios que promueven se mueven todavía en el terreno de la precariedad que lleva aparejada la autogestión. Pero son conscientes de que desde hace unos años se está gestando una “escena de la escena” en Zaragoza alrededor de cinco salas de teatro que congregan a algo más que un público interesado por el teatro en sus diferentes modalidades. La Red de Salas Under de Zaragoza está creando, gracias a sus montajes, espacios de aprendizaje y a las actividades alrededor de sus salas, una auténtica comunidad. Para conocerla entrevistamos a algunos de sus  promotores en uno de los nodos fuertes de su Red, la Sala El Extintor

 

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Óscar, del Extintor

 

En Zaragoza existen más espacios escénicos, así que cabe preguntarse qué comparten estas salas más allá del amor por el teatro.  “La pobreza”, bromea Oscar, aunque el comentario no va desencaminado si hablamos de las dificultades de la autogestión; Fran subraya la importancia de este sentido que “la sostenibilidad de un proyecto (sala, compañía, el que sea) pasa porque sean viables económicamente”. Eso les lleva siempre a buscar soluciones que alivien la precariedad, como “hacer cursos, actividades; a darle al público muchas opciones de ocio” con una gran flexibilidad en la gestión. Con las compañías, apunta Oscar “también hay una facilidad burocrática a la hora de contratar cualquier tipo de actuación que no tienes en otros espacios”, añade Oscar. En breve, “si la compañía asume los criterios que tenemos en la sala, las limitaciones técnicas que hay, pues adelante”, concluye Fran.

 

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Fran, del Teatro el Bicho

 

A lo largo de toda la entrevista se va a filtrar ese concepto recurrente,  cómo el tipo de espacio va de la mano con la gestión y el arte. Esa cercanía les aleja del teatro oficial, en los tres planos -físico, técnico y artístico- y les acerca a sus espectadores, algo a lo que Juan apunta al hablar de cómo el espacio físico -reducido- define el espectáculo, y afirma convencido que “el público sale más contento íntimamente”, algo que se contagia al gestor/actor/director/: “es más duro, pero más satisfactorio”. Ahí está el concepto teatral que defiende Fran, según el cual que “el teatro se puede hacer en cualquier parte”, y lo enfatiza: “en cualquier parte, en una calle, en una habitación, en un jardín”.

 

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Samuel, del Colectivo Mierda

La apuesta por la autogestión

La autogestión y la complicidad con el entorno no son tan solo una cuestión de públicos o de montajes. Hay una cuestión política encima de la mesa, y no de las grandes políticas, sino de la cotidiana, de la facilidad para mantener un espacio cultural y rehabilitar al mismo tiempo locales degradados. Ellos insisten en que cumplen “todas las normas, pero nos enfrentamos a una serie de normas muy esclerotizadas sobre qué debe ser una sala”. Como dice Juan, si uno “recorre Berlín o Praga, ve los lugares más inverosímiles en los que se está haciendo teatro”, mientras que aquí siempre hay un punto de “miedo” sobre las decisiones que pueda tomar al respecto el consistorio. Es un fenómeno común, “les pasa a bares, salas de conciertos, y al final nosotros esto lo hacemos así porque no tenemos otra manera de hacerlo” lo cual les coloca, afirman, en una situación de desventaja.

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Juan, de La Suite Showroom

La apuesta por este modelo -sin subvenciones, con espacios creados sin condicionantes como préstamos bancarios- les lleva a mirar al otro lado de las instituciones. Allí, nuestros entrevistados constatan que hay desajustes no solo con los teatros públicos, ya que “si piensas en los teatros privados que hay en Zaragoza [Estación, Arbolé y Esquinas], surgen en momentos de bonanza económica”. Así, aunque se asume que “ellos pagan más según que cosas”, se entiende que gozan de mejores relaciones con el espacio institucional, disfrutan de subvenciones o publicidad, o sea, “toda una serie de recursos a los que no podemos llegar”, como apunta Guzmán.  Pero su modelo teatral tiene otras virtudes como crear públicos, demanda teatral, algo que beneficia a todos”, algo que rompe falsas dicotomías acerca de si un modelo autogestionario es mejor que otro privado o público.

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Guzmán, de la Vía Láctea

Todas las personas del teatro

Y es que esta búsqueda de nuevos espectadores es a día de hoy una de las obsesiones de la gestión cultural por todo el mundo, y estas salas los están encontrando. Este público, no obstante, funciona de un modo distinto al habitual en otros espacios, puesto que transita de un patio de butacas a otro con facilidad -lo mismo que los montajes, como el reciente de Santiago Meléndez- y esto no es casualidad, sino que se origina en el propio enfoque. “Desde poder tomarte una cerveza al punto clandestino de ir a un lugar con ‘encanto’, diferente”, como dice Oscar, “a tener cinco cursos de teatro o uno de escultura [con David Ballestar], lo bueno que tiene todo eso es que generas feedback, que hay un arraigo”.

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Un momento de una actuación en el Teatro El Bicho

Porque si hay otro rasgo que les caracterice es el mimo por la formación, que ayuda, de nuevo, a la sostenibilidad de la sala, a la creación de un público muy unido a los locales y también al crecimiento profesional y artístico. En cierta manera, es una cuestión de evolución artística y vital, ya que, en palabras de Fran, “con 18 años no pensaba en tener una sala, ni en escribir, ni en dirigirme a mí, pero al final los años te van llevando por otro camino, te interesa más la formación, que antes no te interesaba”, y no solo por el actor que forma, sino por la persona que aprende, que descubre su gusto por el teatro. Todo esto da un valor añadido que luego retorna a las salas; en la Vía,  por ejemplo “hay un taller de clown que ahora acaban de hacer su montaje”, pero como Guzmán todos encuentran casos similares, como el de la obra Tetas, nacida al calor del Extintor y de la labor de Oscar en el proyecto formativo Director de alquiler.
La tercera base de este círculo simbiótico reside en la capacidad de producir. Porque la presencia de espectadores, e incluso de alumnos que mejoran la calidad del espacio (como público, actores o parte de la comunidad) se queda coja sin la posibilidad que se les abre a artistas y compañías de “probar, hacer ensayo y error, algo que revierte en que nazcan espectáculos”. En efecto, la nómina de los que han surgido al calor de estas cinco salas es vastísima, y aunque reconocen que “podrían haber  aparecido igual”, la existencia de un “espacio físico ayuda a que se creen obras”.

En el lado de los ‘peros’, a pesar de que el número de compañías que colaboran con estos teatros -unas quince o veinte- permite una actividad y un público constante, Guzmán advierte la existencia de una mayoría de “actores individuales, profesionales, de casting” que evitan, por distintos motivos, “emprender proyectos colectivos propios”. Una afirmación que todos comparten y a la que todos aportan una explicación; así, Juan, de La Suite, nos asegura que “en estas salas se asume más riesgo que participando en cualquier gran producción”. A menudo no se encuentra durante el proceso formativo del actor “ese planteamiento de ‘voy a ir cogiendo experiencia en esas salas para ser mejor e ir aprendiendo’, sino que se busca la recompensa inmediata” remata Oscar.

Sin embargo, cuando hablamos de estas cinco salas, no sólo se trata de la gente del teatro, en todas sus dimensiones. Hay un último rasgo que las caracteriza a todas, la tendencia a la interdisciplinariedad. Ya hemos hablado del curso de escultura creativa del Extintor, pero es que todas entienden que la falta de espacios culturales en Zaragoza les convierte en focos para que se experimenten otros proyectos. La Suite, por ejemplo, preparan como estudio audiovisual una aplicación móvil para el conjunto de doce performances “que desde marzo pondrán en escena Lucio Cruces y Sergio Muro” en el Teatro de las Esquinas. No sólo en La Suite ocurre esta mezcla: desde danza a cuentacuentos, pasando por música, relajación o didgeridoo, muchas iniciativas más pequeñas caben dentro de estas iniciativas.

Red

Aunque bajo tierra el sol no avanza -la entrevista la llevamos a cabo en el sótano que cobija el escenario del Extintor- poco a poco nuestra conversación sí lo hace y así llegamos a una de las cuestiones fundamentales. Una de las realizaciones más significativas de estos cinco espacios ha consistido en dar un paso por el cual dejan de ser una suma de iniciativas y comunidades más o menos aisladas para convertirse en una plataforma, la Red de Salas Under, capaz de lanzar ideas y propuestas comunes. A pesar de que iniciaron su rodaje como espacio colectivo hace un año, el punto en el que se hallan es incipiente. El Colectivo Mierda (una pareja a caballo entre el diseño, la ilustración y la performance alumbrada como grupo al calor de la Red) edita un fanzine mensual con la programación de las salas. Pero la necesidad de organizarse ha quedado clara, y en palabras de Fran, “en la próxima asamblea vamos a plantear objetivos”, consistentes “en dar respuesta a nuestras propias necesidades”.

Pero a medida que va tomando forma, la finalidad de la Red se expande. Fran no habla solo de espacios escénicos, sino de una plataforma paralela centrada en la cultura, “libre y popular”. Uno de los modelos que la inspiran es el “formato de Oviedo/Uvieu SOS Cultura, una iniciativa asturiana que ha conseguido cosas con mucho tacto, hablando con la ciudadanía, con los partidos políticos, y eso me gustaría que ocurriera también con nosotros, que se nos dé validez, a estas salas y al trabajo que hacemos”.

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Fotografía de la tristemente desaparecida Sala El Extintor

Cinco nombres heterogéneos para una red diversa

Por ejemplo, el Espacio Colectivo Vía Láctea es un espacio asambleario, abierto a todo tipo de iniciativas, sociales, políticas, y claro, culturales. Una red en sí misma; es hace seis años cuando la actividad que se venía haciendo (desde hace veinte años) de manera dispersa  empieza a realizarse de manera constante con la colaboración de la Asociación Amigos del Teatro, con una programación escénica constante a partir de 2014.
Amigos del Teatro -y la propia Vía Láctea- vuelve a aparecer cuando hablamos del Teatro Bicho; Jorge y Fran habían formado parte de la asociación, y desde su paso por la Vía Láctea habían imaginado poner en marcha una sala independiente, objetivo que alcanzaron por fin en octubre de 2013. “Allí trabajamos sin pedir ayudas, como el resto de las salas, de modo autogestionado”. Mantiene una programación de jueves a domingo, en la que “damos cabida a cualquier compañía con un proyecto serio, en el sentido de que esté trabajado”.

La Suite Showroom, pese a haber pasado también por la Vía “como colectivo de dos”, es un proyecto con una génesis diferente, basada en la intervención en un entorno degradado “un día Inma Chopo y yo [Juan Vives] llegamos a la calle Pignatelli y vimos que es probablemente la más depauperada de toda la ciudad, que vivió un momento de esplendor, y de tener veintisiete bares en un época a no tener ni un solo comercio ni puerta abierta”, prácticamente.
Además, La Suite surge para el ensayo y la preparación de los proyectos audiovisuales del colectivo, y no como espacio público, hasta que su propia dinámica les convence para emplearlo como una sala peculiar, pequeña, con “el público muy cercano al actor, al espectáculo”. La Suite abría sus puertas hace dos años como sala, con la premisa de la falta de apoyo institucional y el logro no solo de que se vieran sus espectáculos, sino que la gente visitara y participase de la calle en la cual se desarrollaban, y en ese sentido, como dice Juan, “la experiencia empieza a ser satisfactoria e ilusionante”.

Por su lado, El Extintor es un proyecto de confluencia, pero no, como suele ser habitual, de varias personas, sino de los proyectos dispersos de una sola, Oscar Castro. En 2012 Oscar repartía su actividad entre las clases que impartía en La Colmena y las funciones en diferentes escenarios; el Extintor fue su respuesta a la pregunta que se había planteado “¿cómo hacerlo confluir todo? Alquilo un local y a ver qué pasa”.
El local que ahora acoge a El Extintor era entonces una suerte de almacén lleno de muebles y colchones, sin luz ya que, como recuerda, “tuve que averiguar con un flash como era la parte de abajo”. Ese sótano oscuro se ha convertido en el el corazón de la sala, en su patio de butacas y su escenario, en el lugar donde respira la comunidad alrededor de El Extintor, al cual él define como “una forma de supervivencia artística, un teatro de emergencia”, al tiempo que se aprovecha para generar un “movimiento del ámbito teatral, dando oportunidades”

El Espacio Parakultural Gromeló combina, como casi todos los de la Red, programación y formación. Con un gran énfasis en la profesionalidad y la técnica nace en el año 2003 de la mano de Javier Harguindeguy  con la necesidad, en sus propias palabras, “de crear un espacio alternativo que aporte una mirada teatral diferente a la forma de ver y analizar el teatro de la ciudad dentro del formato pequeño”, convirtiéndose de hecho en el decano de la red de Salas Under, y en cierta medida en el animador de ésta, ya que, como nos recuerda Guzmán, “fue uno de los primeros sitios a los que se pudimos ir para llevar nuestros montajes”.

Colectivo Mierda es, en cierta medida, una consecuencia de la existencia del resto de salas. Performance, diseño, fanzine: todos son las actividades que desarrollan, pero siempre en el marco de las “salas Under”. El fanzine que editan es, de hecho, el portavoz y el programa de la Red. Efecto, la circunstancia de compartir una publicación impresa, de ver plasmado en un mismo lugar  le sirve un poco de argamasa.


Texto: Redacción Subarbre
Fotografías: Josán Casabona @josampeckinpah / Subarbre

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Cultura

El agua: fuente de cine

Fotografma de la pelicula Agua (2005) Fuente de Cine
Fotografma de la pelicula ‘Agua’ (2005)

 

– El 82 % de la sangre humana es agua.
– ¿Ya comenzó la guerra por el agua?
¿O todavía siguen con la del petróleo?- Si apenas está empezando… Sólo se daráncuenta cuando sea demasiado tarde.
– ¿Cuánto del cuerpo humano es agua?
– El 55 o 60%.
– ¿Y cuánto de la superficie del planeta?
– Cerca del 70% es océano. Y también están los lagos, los ríos…

Sólo los amantes sobreviven
(Only lovers left alive, Jim Jarmusch, 2013)

 

El agua, fuente de vida. No sólo de la vida orgánica, necesario flujo sanguíneo de la naturaleza, también para la vida colectiva organizada. El elemento, por encima de cualquier otro de los considerados principios básicos de la materia por las filosofías india, china, japonesa o griega (tierra, aire, y fuego), cuya conquista y dominación se hizo imprescindible para entender el triunfo del ser humano como especie superior del orden natural, cumbre y rasgo mayor, definitivo, de su evolución, paso ineludible para su conversión en sedentario y su eclosión como ser social, para la fundación de la idea de civilización en torno al Nilo o al Ganges, entre el Tigris y el Éufrates, en Tenochtitlan o en el valle del Ebro. Y, por tanto, fuente de conflicto, de lucha, arma de vida y de muerte. Nadie como Stanley Kubrick para resumir este complejo proceso de milenios en la apertura de 2001: una odisea del espacio (2001: a space odyssey, 1968), en el fragmento titulado El amanecer del Hombre :
“En un pasado desolado en el que aislados grupos de primates, pequeñas manadas de tapires y algún que otro leopardo se mueven por entre la reseca y escasa maleza y buscan refugiarse del ardiente sol en los estrechos salientes de las rocas de arenisca, la inexplicable aparición de un ente extraño de origen incierto viene a quebrar el frágil equilibrio vital de los albores del planeta: un monolito de color negro, estilizadas líneas rectangulares y superficie suave y lisa, un objeto misterioso que va a actuar como catalizador de la evolución de los primates y de su futura conversión en una criatura más perfecta y a priori consciente, al menos hasta cierto punto, de su dimensión en la naturaleza y de su papel protagonista en un universo que a la vez empieza a ensancharse. Como si el monolito se erigiese en imprevisible detonante de una tormenta biológica, algunos individuos dentro del grupo empiezan a experimentar cambios que les sorprenden y atemorizan tanto a ellos como a sus congéneres, y que van extendiéndose al resto de la comunidad. La simple existencia en clave de supervivencia, la búsqueda de carroña o de matorrales con que alimentarse, la protección frente a los felinos y la lucha con otros grupos por asegurarse el sustento se ve súbitamente sacudida por un descubrimiento tan sencillo como capital, un diminuto gesto que encierra miles de años de salto evolutivo hacia un futuro inabarcable y remoto. Uno de los monos, expulsado junto con su grupo lejos del agua de lluvia estancada que les garantizaba la ingestión de algo de líquido en el desierto de arena, piedras y ralos matojos en el que malviven, encuentra por fin utilidad al que quizá es, junto con el cerebro, el mayor rasgo distintivo que existe entre su especie y el resto de los seres que caprichosamente parecen poblar ese mundo en obras: el dedo pulgar oponible. Así, cerrando la mano en torno al fémur que toma de un cadáver disuelto no se sabe cuándo, se entretiene en golpear a su vez el resto de huesos, fragmentándolos, astillándolos, dejándose poseer por una euforia destructiva que simboliza su conversión en cazador y el nacimiento del instinto depredador. Ya no habrán de esperar al hallazgo del cadáver a medio engullir de un tapir o una cebra para variar su dieta de hojas secas arrancadas de la tierra; bastará con buscar una víctima asequible y asestarle un buen garrotazo para llenarse el buche a voluntad.
Pero en el momento de ese despertar a la violencia consciente, junto a la certidumbre de tener asegurada la obtención futura de alimento, algo más se ha encendido en el tosco cerebro del primate con cada mandoble óseo. Un sentimiento nuevo, poderoso e irresistible cobijado bajo el ala del instinto de supervivencia, subsidiario pero no obstante poseedor de una honda y seductora autonomía propia que ha surgido de la nada para proporcionar a nuestro mono un grado de bienestar mayor que la mera satisfacción de una necesidad física. El grupo de primates descubre el adictivo poder que encierra el ejercicio de la violencia, la capacidad de decisión sobre la vida de otro individuo por razones ajenas al hambre. El ejercicio de su voluntad ligado a ese poder les reconforta, les hace crecerse frente al mundo que los rodea. Una vez llena la panza de carne fresca de tapir, el grupo de monos apunta hacia su siguiente objetivo. Regresados al lugar de su anterior derrota, armados con huesos empuñados a modo de garrote, recuperan sus antiguos dominios gracias al descubrimiento de una herramienta que ya no ha dejado de usarse desde entonces para la consecución egoísta de los propios deseos: el asesinato. El primer crimen de la historia (resulta quizá prematuro denominarlo homicidio), la muerte a golpes del cabecilla del grupo rival, además de resumir en unos pocos fotogramas la última esencia de todos y cada uno de los conflictos bélicos humanos, consagra la violencia como instrumento de control de los propios intereses miles de años antes de que Clausewitz escupiera su famosa cita.
En plena exaltación violenta, tras erigir el primer imperio de la historia en torno a un charco de agua embarrada, el jefe de los asesinos lanza al cielo el arma del crimen y, con un asombroso y magistral corte de plano, ésta se transforma en un transbordador espacial en marcha hacia la Luna para investigar el insólito hallazgo realizado por un equipo geológico allí estacionado: un monolito negro de formas rectilíneas y superficie lisa y suave que además parece ser emisor o receptor de unas extrañas señales de onda corta hacia Júpiter. Y desde ahí, el viaje, la investigación, la búsqueda, de nuevo la violencia y la muerte como vehículo de conservación del propio espacio, el ordenador construido a imagen y semejanza de un ser humano que juega a ser Dios… (…) ¿Qué encierra el monolito dentro de sí? ¿Qué ha activado el interruptor? ¿Dios? ¿Qué conexión lo une al cerebro humano? ¿La conciencia? ¿La inteligencia? ¿La violencia y la crueldad humanas? ¿Son éstas quizá las notas distintivas del ser humano, las características definitorias de su especie? ¿Por ello el hombre ha inventado dioses vengativos, crueles y asesinos a su imagen y semejanza? ¿Posee quizá por eso HAL9000 el recurso de la violencia o no es más que un ser vivo con instinto de conservación escapado del control de su creador como los hombres han escapado a la voluntad de Dios? La máquina hecha a imagen y semejanza del hombre, con buena parte de sus virtudes y todos sus defectos, el orgullo, la malicia, sus deseos de jugar a ser Dios, de creerse inmortal intentando perpetuarse a través del tiempo y del espacio. Un instinto que nace en HAL provocado por unas extrañas señales que provienen de Júpiter. El monolito. El misterio del origen de la vida encerrado en el por qué de su final. El Hombre como venganza de la naturaleza contra sí misma”.
Sea lo que sea lo que represente el monolito, esta chispa evolutiva no es, sin embargo, un ente supremo; queda subordinado al espacio en que ha efectuado su aparición, la orilla de una charca de agua infecta. El descubrimiento del poder sostenido en la violencia como medio para la conservación de los recursos conlleva la necesidad de estructurar ese poder, o lo que es lo mismo, de reglamentar la administración de la violencia. Es decir, de la vida y de la muerte.
Allí donde no se impone esa autoridad superior, ese poder estructurado, esa administración legal que limita la violencia y la coerción, continúa rigiendo la ley natural, la ley del más fuerte. Ya no se trata de monos ni de garrotes; sino de hombres y revólveres. Horizontes de grandeza (The big country, William Wyler, 1958) es la crónica de una guerra por el agua. Los Terrill y los Hannassey, dos familias ganaderas texanas, la primera con ansias aristocráticas, mucho más silvestre y pedestre la segunda, viven una brutal animadversión, un odio visceral, cerril, motivado por la rivalidad en la posesión de Valverde, el único rancho de los alrededores con abundante agua, propiedad de la maestra del pueblo. Alejados varios días de la ciudad más cercana, del comisario más próximo, un infinito mar de praderas y pastos en que cualquier rancho precisa de varias jornadas para ser recorrido, el enfrentamiento es a muerte, excede los límites de lo hídrico y se traslada al terreno de los prejuicios, el desprecio absoluto de índole clasista, racista, inhumana, el mutuo deseo de aniquilamiento a cualquier precio. Lo interesante de este monumental western de casi tres horas es que elude los tópicos más evidentes del género para tratar con inteligencia y melodramática madurez el desencuentro de dos familias prisioneras de la estrechez mental y moral de los valores que rigen en el Oeste, mientras que el prometido de la joven Terrill, un marino, un hombre de mundo, y la profesora, un personaje poseedor de cierta cultura, son los únicos capaces de distinguir entre justicia y venganza, de subvertir los códigos. De ahí que hasta el último minuto sean los que más riesgo corren en el fuego cruzado de una guerra a muerte por el agua, por la vida, por la supervivencia. El choque cultural revela el absurdo proceder de los violentos en una guerra sin fin, sin posibilidad de victoria, y ofrece una lectura poco amable de los cimientos de un país demasiado acostumbrado a resolver sus problemas echando mano de las armas. Al mismo tiempo, permite extrapolar la situación a conflictos auténticos como el de Palestina, en el que una de las cuestiones capitales que lo mueven, la propiedad efectiva de sus escasos recursos naturales, no suele aparecer en primera línea informativa, relegada por las más grandilocuentes pero accesorias cuestiones religiosas y geopolíticas.
Por el contrario, cuando ese poder estructurado logra instalarse plenamente, o al menos crear la ilusión de un control total, puede llegar incluso a pretender manipular la naturaleza y utilizarla privativamente en su beneficio. La joven pareja de granjeros de Cuando el río crece (The river, Mark Rydell, 1984) se niega a vender sus tierras a las autoridades locales que planean anegarlas, y sufre por ello una triple presión: la de unos políticos ansiosos de sacar tajada de la especulación sobre la tierra y el agua; la del propio río, en plena crecida, que amenaza con liquidar cualquier opción de futuro, ya sea de vida o de negocio; por último, la de un antiguo pretendiente de la chica, elegido como brazo armado por los corruptos para resolver el contencioso por la fuerza, una vez más la lucha por el agua como pretexto o excusa para saldar otro tipo de cuentas pendientes. De nuevo el hombre con poder que juega a ser Dios recibe el bofetón de una naturaleza rebelde en forma de desbordamiento y aniquilación. El conflicto ya no consiste en la disputa por una simple charca de agua estancada, sino en la acometida de una irrefrenable marea de agua dulce, violenta y sucia que, sin embargo, arrastra consigo el sedimento de la corrupción y, como el Nilo con cada crecida, regenera el suelo fértil para que el ciclo de la vida se reinicie.
Agua y renacimiento. Saltamos a la India colonial de 1938. Con la producción canadiense Agua (Water, 2005), la cineasta Deepa Mehta cierra su trilogía sobre los elementos, abierta con Fuego (Fire, 1996) y continuada con Tierra (Earth, 1998). En ella, el primer elemento natural se constituye además en vínculo social y religioso entre la vida y la muerte: Chuyia, una niña de ocho años, es casada con un moribundo que fallece la misma noche de la boda; mientras el cuerpo de su esposo es quemado a la orilla del Ganges, en Benarés, Chuyia es recluida en un ashram para viudas, donde debe permanecer el resto de su vida como altar humano conservado a la memoria del fallecido. En plena efervescencia independentista, en un país sumido en un extremo choque cultural a varias bandas (Occidente, el Islam y el mosaico de lenguas, religiones y creencias hindúes del subcontinente indio), el río canaliza el paso del muerto a otro plano de la existencia y el entierro en vida de Chuyia, la convierte en una muerta viviente cuando apenas ha empezado a vivir. El agua está presente a lo largo de todo el metraje en un plano metafórico cercano a las coplas de Jorge Manrique (nuestras vidas son los ríos que van a dar en la mar, que es el morir), pero en última instancia refleja un movimiento circular entre la vida, la muerte y la resurrección, una plasmación plástica del ideal de la reencarnación, del eterno camino de perfeccionamiento. Es allí, en el río, donde Kalyani, la única viuda a la que se ha permitido conservar el cabello, conoce a Narayan, joven seguidor de Gandhi educado a la manera occidental y perteneciente a la casta superior, los brahmanes. El vínculo entre ambos no es otro que Chuyia, su mensajera de amor. Junto al río nace un nuevo horizonte para Kalyani, una esperanza de libertad para Chuyia y las otras viudas enclaustradas, para la India que está cerca de ser independiente, de renacer al mundo. El agua se lleva las cenizas del cadáver y riega un nuevo futuro. Paradójicamente, los promotores de la película sufrieron las iras de la intolerancia y el fundamentalismo: acosados por manifestantes exaltados debido a la supuesta irreverencia de algunos contenidos del guión, la producción tuvo que alejarse del río y trasladarse a Sri-Lanka.
Origen de todo, el agua inspira también el cine. Si El crepúsculo de los dioses (Sunset Boulevard, Billy Wilder, 1950) es la obra maestra sobre Hollywood, Chinatown es la obra maestra sobre la ciudad que da soporte a Hollywood, Los Ángeles. Sobre el nacimiento de la moderna Los Ángeles. Nuestra Señora Reina de los Ángeles de Porciúncula, reducto californiano de ranchos, granjas y misiones españolas salpicadas en un vasto entorno de tres millares escasos de dispersos habitantes se transforma en apenas cien años en una inmensa urbe de cinco millones de almas debido a la superposición de oleadas invasoras motivadas por la sucesión de distintas fiebres económicas obsesivas: el oro, el petróleo, la fruta y el cine. Chinatown es una parte de esa fiebre del cine que se centra en la obra de William Mulholland (su memoria obsequiada con el bautismo de una de las principales arterias asfaltadas de la ciudad), ingeniero autodidacta responsable del Departamento de Agua y Energía que, como antes ocurriera en Denver, en Phoenix, en muchos otros lugares de la carrera hacia el Pacífico, llevó el agua a Los Ángeles para que pudiera reinventarse a sí misma. Agua robada, fruto del ánimo de lucro, la coacción, el chantaje, el mercadeo político. La ciudad moderna edificándose sobre los cimientos del crimen, el asesinato, el incesto, un renacimiento bañado en agua mezclada con sangre. Noah Cross, el personaje de John Huston que es trasunto de William Mulholland, supone la encarnación de la nueva América, el todopoderoso crimen organizado que utiliza el petróleo y el cine para crear un siniestro teatro del espectáculo, otro Bugsy Siegel, representante de la mafia en Los Ángeles y fundador de Las Vegas con el dinero negro procedente de Chicago; otro Joe P. Kennedy (padre de JFK), creador de la Film Booking Offices of America, antecedente directo de la RKO, otro contrabandista y especulador enriquecido ilícitamente que desvía las aguas públicas para regar sus negocios privados y lograr un crecimiento de la ciudad a su imagen y semejanza, un poder en la sombra del poder oficial, poderes que se retroalimentan, que también usan la naturaleza, el agua, las influencias políticas, el soborno y el revólver para dominar a los hombres. Un agua pútrida que arrastra los restos de los cadáveres descompuestos y un final redondo (modificado por Polanski en contra del criterio del guionista Robert Towne) en el que Cross, encarnación de los hombres que han hecho grande América, sale airoso, se lleva el botín, a la chica y un buen nombre respetable sobre el que la ciudad pueda construir una historia gloriosa con que enorgullecerse de sí misma, en la línea de la sentencia proclamada en El hombre que mató a Liberty Valance (The man who shot Liberty Valance, John Ford, 1962): “cuando la leyenda se convierte en hecho, imprime la leyenda”. Explotación urbanística desmedida que precisa de agua para hacer creíble su ruinoso decorado de lujo vacacional, de paraíso mediterráneo; trasvases de recursos públicos para alimentar los negocios privados de la cultura del “pelotazo”. Mientras, en la noche del barrio chino, el eco de una frase condensa y subraya El amanecer del Hombre de Kubrick, resume la esencia de esa eterna guerra en torno a una charca de agua sucia, del primer imperio edificado sobre un asesinato, de la impunidad de quienes enarbolan el fémur o el revólver bajo el amparo del poder a la sombra del poder, una lucha de milenios ante la que solo queda sucumbir:
-Olvídalo, Jake. Esto es Chinatown.


Texto: Alfredo Moreno 39escalones.wordpress.com

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Análisis

Entrevista al Seminario Aragonés de Sociolingüística

Seminario Aragonés de Sociolingüística
Acto de presentación del Seminario Aragonés de Sociolingüística y del libro “Actas, lenguas e identidades“

El pasado día 19 de diciembre el Seminario Aragonés de Sociolingüística (SAS) hizo su presentación pública en Zaragoza. El acto se aprovechó para presentar el Libro Actas  del II Congreso Aragonés de sociología, Mesa Lenguas e Identidades publicado por Gara d’Edizions, Prensas Universitarias y la Institución Fernando el Católico. En el acto de presentación además se dieron dos conferencias sobre la situación del catalán en Aragón a cargo de Josep Espluga (Universidad Autónoma de Barcelona) y Cecilio Lapestra (Universidad de Lleida). Subarbre acudió a esta cita que supone la puesta de largo de una iniciativa novedosa en el ámbito de las lenguas de Aragón respecto a los  ámbitos reivindicativo o de creación literaria en los que habitualmente se desenvuelven las iniciativas de los movimientos en torno a estas dos lenguas. Hablamos con Miguel uno de los integrantes del Seminario

¿Cómo y por qué surge el SAS?

Como suele ocurrir en  este tipo de iniciativas, surge por un encuentro personal, y casi fortuito,  entre Chabier Gimeno y Natxo Sorolla que coinciden en un congreso de sociología en 2013. Se tomaron un café “eterno” y de ahí surgió una cascada de ideas y un feeling tanto en lo personal como de carácter científico-profesional.  De ahí, y a través de un trabajo en red de difusión de la iniciativa, surge el contacto con sociólogos interesados tanto en el catalán como en el aragonés. Más allá de lo personal,  si no existiese la necesidad de desarrollar un  estudio de las lenguas de Aragón desde la perspectiva sociológica  no hubiésemos encontrado nadie con el que contactar. Entendemos que hay una carencia histórica de  este tipo de  reflexión en torno a la cuestión lingüística aragonesa, y que no se puede comprender esa situación sin un abordaje desde las ciencias sociales, que tienen mucho que decir. Los sociólogos ni  han alzado la mano para poder intervenir ni tampoco se les ha llamado, teniendo históricamente más voz los políticos que los propios científicos sociales. Queremos dar el paso para que sean los sociólogos los que alcen la mano para intervenir, por eso mismo formamos parte como seminario  de la Asociación Aragonesa de Sociología que es la representante en Aragón de la Federación Española de Sociología. Con este paso dado por nuestra parte esperamos que después se nos llame para intervenir y ofrecer nuestros puntos de vista

¿Qué actividades habéis desarrollado hasta la fecha?

Como SAS apenas llevamos 1 mes y medio de funcionamiento más o menos oficial, pero el grupo humano que ha desembocado en el SAS lleva trabajando del orden de un año. Cabe destacar la coordinación de la mesa Lenguas e Identidades del II Congreso Aragonés de Sociología que desarrolló la Asociación Aragonesa de Sociología, de la que formamos parte, en mayo de 2014. Queremos destacar la importancia de la presencia de las lenguas de Aragón en dicho congreso no solo porque era la primera vez que se hacía, sino porque era uno de los primeros foros no lingüísticos y no políticos en los que se abordaba esta cuestión. El aragonés y el catalán estuvieron, como temática, tratados con la misma importancia  que problemáticas como la exclusión social, la sociología de la educación o la estratificación  de nuestra sociedad post-industrial, e incluso se escucharon varias ponencias en aragonés.  Este mismo equipo humano proto-SAS  desarrolló en julio  un curso de verano de la Universidad de Zaragoza con el título Gestionar la diversidad lingüística de Aragón, que además de contar con cerca de 30 participantes tuvo repercusión en la prensa aragonesa, aunque no faltó la polémica en torno a la afirmación por parte de uno de los ponentes del curso, el Profesor Javier Giralt, de que en Aragón se hablaba catalán. Semejante “locura” fue criticada en algún periódico aragonés. También miembros del seminario colaboraron en un artículo de opinión que fue  firmado tanto por sociólogos  como por lingüísticas, para defender la investigación sociológica en torno a las lenguas; esto se hizo tras un artículo del Heraldo que consideraba un ejercicio de agresión catalana contra Aragón el mero hecho de querer hacer una investigación sociolingüística. Entendíamos que hacer una encuesta siguiendo criterios científicos no es una agresión, aunque lo deseable sería que fuese nuestro propio gobierno el que lo hiciese.

Estamos hablando del Seminario aragonés de sociolingüística pero  ¿Qué es la sociolingüística?

Me alegro de que me haga esa pregunta (risas). No podemos entender la sociolingüística sin hablar de la sociología de  la lengua o el lenguaje. Existe un amplio debate en torno a dónde empieza una y dónde la otra. Podríamos decir, como afirma Hudson,  que la sociolingüística estudia el lenguaje en relación a la sociedad  y la sociología del lenguaje estudia la sociedad en relación al lenguaje. Otros autores hablan de enfoque o impronta  en el que la sociolingüística sería otra forma de hacer lingüística. Esto entroncaría con lo que afirma el más destacado sociólogo del lenguaje a nivel internacional, Joshua Fishman, que habla de dos sociologías de la lengua: la descriptiva (¿Quién habla, qué lenguas, a quién, cuándo y con qué fin?) la dinámica que se preguntaría qué es lo que causa las diferentes formas de organización social del uso lingüístico y del comportamiento ante el lenguaje. Pongamos algunos ejemplos. La citada investigación de la Generalitat sobre el catalán sería sociolingüística mientras que un análisis de los discursos públicos en torno a la diversidad lingüística de Aragón sería sociología del lenguaje. En el libro que hemos presentado hay una curiosa ponencia que habla de la construcción ideológica de los métodos y técnicas usado por el Estudio de  Filología de Aragón en la realización del Diccionario Aragónes entre 1915 y 1931, esto no sería sino sociología del lenguaje en su variante metodológica y en el mismo libro Josep Espluga hace sociología del lenguaje hablando sobre los posicionamientos de los editoriales de los periódicos aragoneses en torno a la nueva ley de lengua y el famoso LAPAO. El estudio que Francisco Llera realizó para el Gobierno de Aragón (no publicado) en 2001 sería sociolingüística.

¿Cuál es la situación de la sociolingüística en Aragón?

Como podrás imaginar la propia necesidad de crear el SAS es un indicador de que la cosa no está muy boyante. Si ya la propia situación de la sociología en Aragón es de mínimos al no haber un Grado Universitario en Sociología, ni un departamento propio en la Universidad de Zaragoza, una especialización de este tipo lo tiene más complicado. Sin embargo nos hemos encontrado con la sorpresa de que hay varios sociólogos tocando estos temas, en algún caso con una dedicación intelectual completa, como es el caso de Natxo Sorolla que tiene muy avanzada su tesis doctoral y si todo va bien la presentará durante 2015. También nos hemos encontrado con el  trabajo de Rosa Bercero cuya tesis doctoral  versó sobre la sociolingüística del ayerbense. El libro recientemente publicado, y que presentamos en el acto del 19 de diciembre, es un recordatorio de que esta temática está ahí y hay personas interesadas en él. Más allá de los censos y de alguna investigación concreta tanto del Gobierno de Aragón (Llera en 2001) y de la Universidad de Zaragoza, ya hace unos años, el primer libro que habló sobre sociolingüística de manera explícita es el del profesor Pujadas, que desde la antropología estudio la etnolingüística del Valle de Bielsa. Ese texto es de 1973 pero no sirvió como acicate para inaugurar una corriente de estudios sociolingüísticos, sobre todo del aragonés. El catalán se beneficia de la “marea”  de la sociolingüística catalana, que incluso es en sí misma una corriente teórico-práctica dentro de la sociología. Aun así, el catalán de Aragón no se beneficia tanto de esa corriente de investigación como en un primer momento pudiera parecer.  También hay abordajes a las lenguas de Aragón desde las ciencias sociales en su sentido más amplio, principalmente la pedagogía o la psicología con los trabajos de Angel Huget, o las Trobadas de Rechiras que organizaba el Consello d’a Fabla ya hace unos años con ponencias muy interesantes y que deben tenerse en cuenta a la hora de establecer una bibliografía de la sociolingüística aragonesa. Como sociólogo, y ya es una cuestión mío  mía, he de destacar el trabajo  de  Parola y el Archivo Audiovisual del Aragonés. Lejos de ser una mera grabación en video de hablantes nativos del aragonés, entiendo que se trata de un tipo de investigación en la onda de la denominada investigación-acción-participación en una perspectiva dialéctica, como afirmaba el sociólogo Jesús Ibáñez.

Existe la convicción de que la situación del catalán en Aragón es buena debido al contexto rural en el que se encuentra y que incluso se habla más que en muchas zonas de Catalunya  ¿Es esta percepción cierta?

Hasta el momento, existía cierta percepción, refrendada por los datos sociolingüísticos de población adulta, que la salud de la lengua catalana en la Franja era buena, y de hecho, en muchas ocasiones se ponía como ejemplo los porcentajes de conocimiento incluso superiores a los de Catalunya. De hecho, estas afirmaciones suelen contar con tirón mediático, pero la vitalidad lingüística sigue otros caminos, dado que no son realidades estríctamente comparables, porque se trata de un medio rural, con despoblación, y donde la vitalidad de la lengua puede estar en una situación más comprometida a pesar  de algunos datos. Un ejemplo es el de la dinámicas diglósicas, por el hecho que la mayor parte de la población es incapaz de usar por escrito su lengua familiar. Pero el hecho más grave empieza a visualizarse ahora,  con los primeros toques de alarma sobre el efecto pernicioso de la política lingüística en Aragón, que ha obviado la realidad trilingüe, cuando no ha sido explícitamente contraria a esta diversidad. Se empiezan a detectar los primeros signos claros de sustitución lingüística generalizada, que ya no afectan a determinadas zonas, como Aguaviva, donde los menores de 30 años apenas emplean el catalán. El proceso se está comenzando a generalizar precisamente en las zonas más pobladas. Se está llegando a un punto en que la ruralidad, por así decirlo, no puede compensar la inacción por parte de las autoridades aragonesas.

Comentáis que la   situación del aragonés es de una clara sustitución lingüística ¿es reversible? ¿Qué habría que hacer para frenarla?

El aragonés se encuentra en un proceso entre avanzado y muy avanzado de sustitución lingüística. Nos cuentan que en Benasque solo hay tres niños que hablen benasqués en su casa….y eso que estamos hablando de una zona en donde la lengua cuenta con cierta vitalidad. En muchas ocasiones son procesos invisibles, que hace que en cuestión de unos pocos años pasemos de decir chen, a decir  chente y a decir gente sin que ni siquiera el propio hablante parezca que se dé cuenta. Esta invisibilización de la sustitución lingüística sería debido a la denominada violencia simbólica que conceptualizó Pierre Bourdieu. Esto tiene profundas implicaciones metodológicas que implica que la técnica de pregunta-respuesta habitual de las encuestas cuantitativas tengan que triangulizarse con enfoques cualitativos para estimar la validez interna y externa. En cuanto a la reversibilidad o no del proceso, Josua Fishman, afirma que los procesos son reversibles si la propia comunidad lingüística así lo decide y se pone el ejemplo de Israel y la recuperación del hebreo tras casi  2000 años de desaparición. Por ejemplo, hace 8 o 10 años el alcalde de Panticosa afirmaba que habían hecho cosas los últimos años, ese “hacer cosas” no era sino meter 3 o 4 carteles toponímicos   en panticuto. Y lógicamente lo decía con orgullo ya que antes ni siquiera se había hecho absolutamente nada. Yo pensaba lo que le diría que tendría que hacer si quisiera tomarse en serio una política lingüística por parte del Ayuntamiento….me reía para mis adentros porque probablemente saldría corriendo de esa sala si supiese lo que habría que hacer para tomarse en serio el tema. Çon esto quiero decir que sí que es reversible. Nuestra labor como sociolingüistas es contextualizar esa sustitución lingüística teóricamente y medirla, ya que no es igual en todos los sitios ni en todos los casos.  De ese esfuerzo pueden salir diagnósticos para futuras intervenciones para la reversión de la sustitución en base a la localización de buenas prácticas. Más del allá del manido auto-odio existen otro tipo de procesos sociales intervinientes. Realmente deberíamos   preguntarnos ¿Cómo es posible que todavía se hable aragonés si no se ha hecho apenas nada en las últimas décadas? Por ejemplo, que en Panticosa algunas familias lo sigan hablando es un auténtico milagro, además con un modelo  “medieval” con participios en –ato muy específico. Se trata de una zona desarrollada ya desde comienzos del siglo XX (Balneario, pista de esquí),  que poco tiene que ver con la imagen de poco desarrollo económico y olvido, como pudiera ser por ejemplo Agüero o Chistau. Son procesos distintos que pueden tener explicaciones sociológicas distintas, o no, no lo sabemos y por eso lo estamos investigando.

Según los datos del último censo, parece que el número de hablantes de aragonés ha crecido respecto al último censo en el que se preguntó (1981). ¿Qué ha ocurrido para que salgan más hablantes que en 1981 cuando el sentido común dictaría lo contrario?

Son unos resultados que tenemos que tomar con mucha prudencia y analizar con calma. Los 53630 conocedores del aragonés que nos da el censo implican un aumento respecto al censo de 1981, últimos datos que se tenían.  Esto pudiera hacer pensar que más gente habla aragonés y que la situación de la lengua es mejor. Tal afirmación pudiera derivar en la confirmación de una hipótesis que consistiría en que la no acción por parte de las administraciones públicas ha dado lugar a una mejor situación de la lengua, y contextualizar   esto en una explicación teórica de influjo libertariano, por hacer un símil con esa corriente socio-económica. Personalmente creo que estaríamos ante una clara ilusión estadística. Es probable que existan varios sesgos o inexactitudes que tengamos que analizar. Por un lado faltan los resultados del censo de 1981 de la ciudad de Zaragoza. En el caso del censo de 2011 hay 26037 “conocedores” de Zaragoza, lo cual nos dejaría con los más o menos 30000 hablantes del censo de 1981. Después existe todavía la confusión entre el aragonés como variedad del castellano de Aragón y el aragonés como “fabla aragonesa”. De los que dicen aragonés ¿quién lo dice como variedad del castellano y quienes como lengua propia de Aragón? Por ejemplo en las comarcas del sur de Teruel  (Albarracín, Comunidad de Teruel, Maestrago y Gúdar-Javalambre) unas 500 personas dicen hablar aragonés en el ámbito familiar o cerca de 800 dicen saber hablarlo, leerlo y escribirlo, habiendo más personas que solo lo hablan o lo entienden. Para complicar más las cosas, 950 personas dicen saber hablar, leer y escribir aragonés en comarcas eminentemente catalano-hablantes como son La Litera, Bajo Cinca y Matarraña, es más que probable que sean personas que hablen catalán pero digan hablar aragonés. Así pues nos podemos encontrar como hablantes de aragonés a personas que hablan en “baturro”, a hablantes del catalán, a hablantes del aragonés como lengua materna y a neo-hablantes, este último fenómeno  casi inexistente en 1981.  Por eso digo que hay que ser muy prudente a la hora de establecer conclusiones.


Texto: Redacción Subarbre
Fotografía: Arainfo

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Análisis

Turba: Corpus Bestiae

Ilustración Corpus Bestiae

Turba. Revista de Filosofía Política es una publicación anual de la editorial zaragozana Los Libros del Señor James, que cuenta con dos números en papel y que también puede descargarse gratuitamente desde su web revistaturba.net. El primer número, dedicado a la temática “Deuda, violencia, política” salió a la luz en el 2013. La revista, en este sentido, se dedica al análisis y la intervención política mediante un conjunto de artículos centrados en una temática concreta.

Porque se resiste con el cuerpo, el segundo número de Turba… está dedicado monográficamente a la “Crítica de la Anatomía Política”. En él se estudia el cuerpo mediante su fragmentación en diferentes órganos. Esta forma de intervenir en lo que normativamente se entiende como un cuerpo trataría de dotar a la corporalidad de posibilidades a las que habitualmente no se atiende, en este caso, a esa materialidad encarnada que es lo político. El conjunto de los artículos parece apuntar a que, siendo la existencia política y en la medida en que el cuerpo materializa la existencia, el cuerpo es, él mismo, político.

Sabemos cómo en las cárceles, presos y presas practican la automutilación como uno de los recursos del que nada tiene o nada le queda, excepto su cuerpo. Protestan con sus heridas lo que ya no es soportable, lo intolerable. Como en el rito tibetano por el cual alguien se raja el estómago para exhibir sus entrañas poniendo de manifiesto los fragmentos que nos constituyen, el conjunto de artículos que encontramos en Turba…  no trata el cuerpo como uno, sino como un conjunto de partes fragmentarias: el coño, la piel, el estómago, el ano, el pie, el útero, el cerebro e, incluso, ese órgano mitológico llamado os penis aparecen como reductos de significado sociopolítico. De alguna manera, mirar la extensión política de los órganos del cuerpo rompe con ciertas premisas culturales heredadas y ciertos roles definidos socialmente.

¿Se puede, acaso, escribir el cuerpo sin intervenir sobre él? La crítica de la anatomía política conlleva un cierto proceso de desvelamiento de los discursos sedimentados sobre el cuerpo a través de sus propias fisuras y piezas. Así pues, las significaciones se abren. Desmenuzar el cuerpo en su sesgo político sirve también para desmenuzar su sentido, su representación. A pesar de las divergencias de enfoque entre los artículos, el conjunto actúa en este segundo número como agente corrosivo del cuerpo haciendo surgir nuevas connotaciones a partir de la desorganización y deconstrucción de los órganos expuesta en este corpus bestiae.


Texto e ilustración: Xayide García Cáceres (Revista Turba)

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Análisis

La Guerra de los Mundos: in(ter)venciones y resistencias en la España franquista

Cabalgata en la Base Americana de Zaragoza
Cabalgata en la base americana de Zaragoza

Dos de enero de 1951. Los periódicos españoles abren su primera edición del año con los mensajes de Año Nuevo de Franco; como es norma, los titulares a cinco columnas ocupan todo el ancho de los diarios, y ahí se desgranan los principales mantras del régimen en esos últimos años de autarquía: el dictador loa los logros alcanzados y, sobre todo, su propia visión de política internacional, en un momento en el que los países occidentales con Estados Unidos a la cabeza empiezan a soltar la correa sobre Franco por su posición anticomunista.

Hasta aquí, todo normal. Previsible. Sin embargo, en un diario falangista de Zamora, en esa primera página y baj o la obligada fotografía del “Caudillo” aparece un titular que llamará la atención de nuestra entrevistada: “Bombas atómicas a bordo de platillos volantes”

Ana Fernández Cebrián lleva a cabo su doctorado en la Universidad de Princeton (Estados Unidos) en Literatura e Historia Cultural, y su tesis trata sobre imaginarios sociales y cultura popular durante el franquismo; parte de su investigación se centra en las representaciones de la Guerra Fría relacionadas con la intervención americana en España en torno a las fechas de los Pactos de Madrid de 1953. En este artículo resumimos una extensa entrevista en la que nos avanza muchos aspectos de su trabajo.

Consideraciones a un relato

“El 51 es un parteaguas en cuanto a posibilidades que vive el régimen; es el primer crédito importante que llega de Estados Unidos”, y esto abre la puerta a una legitimación internacional. “Llama la atención como [en el Heraldo de Aragón] el sesenta por ciento de las noticias son de o desde Estados Unidos, ahí hay un imaginario muy potente, en el que el periódico, en lugar de estar hablando de arquitectura o gastronomía en Zaragoza traduce textos americanos”, como los relativos a la Guerra de Corea. Pero, nos recuerda Ana, es el año de la primera huelga importante tras la guerra, la de tranvías de Barcelona, que tendrá un intento de réplica en Madrid con una “huelga blanca” o de consumo. En 1951 se estrenan, también, Surcos -dirigida por Nieves Conde y con guión de Torrente Ballester- y Esa pareja feliz, de Berlanga. “Es el año también”, nos reconoce Ana “en el que nacen mis padres y el de una foto de mis abuelos en un solar en Las Fuentes” donde luego estarían las viviendas de tranviarios, es decir “de donde vengo, qué imaginarios he heredado”.

Conviene enmarcar bien el momento en que arranca la investigación. Nos hallamos en el momento en que el régimen pasa de la autarquía a la liberalización económica y al Plan de Estabilización de 1959. Es un momento de cambio, material y simbólico, el que elige Ana Fernández para introducir su investigación, bajo una serie de premisas. La primera, dice, “que yo no soy historiadora, analizo ficciones”, lo cual en el día de hoy supone hablar de cómo por ejemplo en Castellón se ha vendido un aeropuerto vacío como imán para atraer aviones “y eso es una fantasía colectiva”, la cuestión es “esa fantasía qué representa ”. Bien, pues un poco en la línea de Žižek cuando analiza ficciones sociales, la línea de trabajo es “analizar simbólicamente el paso a la economía de libre mercado”, viendo qué ficciones consume la gente “cine, novelas de a duro, tebeos”, producciones en las que “se hacen visibles cosas que no se están visibilizando”. “La ciencia ficción, por ejemplo, está relatando utopías socialistas encubiertas”; Bruguera, una editorial nutrida por represaliados, apuesta “por crear unos personajes inadaptados que están desnaturalizando todo el rato lo que el régimen está contando”, como el ejemplo más recurrente, Carpanta.

“Con todo este archivo me propongo ver los relatos que se repiten, las fábulas culturales recurrentes”. Pero para discernir qué es específico y qué es común a otras narrativas europeas y mundiales resulta necesario distanciarse, observar, por ejemplo, a los españoles que van al cine a ver Bienvenido Mr. Marshall como si fuera un extraterrestre, un poco siguiendo al antropólogo Marvin Harris en Vacas, cerdos, guerras y brujas.

Fábula 1, cuento de invierno de la autarquía.

“Es como los mitos del cargo. Es una ficción providencial (Jameson): en momentos de cambio de ciclo económico se producen cambios en la idea de fortuna y de valor”. En la España que deja de ser autárquica para ser intervenida (Joan Garcés) la gente está esperando que le caigan cosas del cielo, de “manera real o simbólica”. De hecho, lo que ocurre en estos relatos es que el subsidiario “dice dame la parte que me toca; son narrativas coloniales en las que la otra parte está esperando algo”. En Bienvenido Mr. Marshall es literal, los protagonistas esperan que les llegue el tractor, el clarinete que los americanos se conviertan en Reyes Magos.

Aquí el que entrevista saca gesto de incredulidad. Pero es verdad: “Franco en los años anteriores lo está diciendo en numerosas ocasiones: yo no soy un Rey Mago, esto no son los Reyes Magos”.  De hecho, son los americanos los nuevos donantes, los benefactores, en un relato que se repite no solo en España, sino en multitud de territorios periféricos e intervenidos.

Fábula 2, encontrar tesoros e intervenidos.

Como territorio periférico e intervenido -bases, créditos,…-, el franquismo intenta generar un relato redentor en el que “España es riquísima en riquezas naturales, y es algo que se puede ver tanto en prensa del interior como la del exilio”. Hay una parte de provindecialismo, “pero también estamos en la época del milagro económico europeo, y aquí se quiere el milagro económico español; es una fantasía de normalización”.

“Aquí tenemos algo que los americanos quieren a toda costa”, señala Ana Fernández sobre dos títulos de la época, Todo es posible en Granada y Aquí hay petróleo. Y es algo que se repite con otro de los fenómenos culturales de la época, los avistamientos de platillos volantes, “los extraterrestres que vienen a llevarse nuestros minarales” (El caso dixit).

Sí, platillos volantes. ¿Puede ser coincidencia que coincidan ambos fenómenos (presencia americana e irrupción del OVNI como hecho cultural)? “No”, nos precisa, Ana, pero el problema no reside tanto en el fenómeno como en qué significa: “en Estados Unidos el extraterrestre es la amenaza, el comunista”, pero en España se dan varios rasgos peculiares, “primero, el marciano hace hablar al subalterno [al que observa]”, pastores, campesinos, gente, en suma, sin voz. “Además los avistamientos son colectivos, no hay abducciones, son espectáculos de multitudes”, y en las escasas ocasiones en que hay contacto, como en Lécera, el contexto es muy determinado, “un aeródromo de la Guerra Civil, donde el lugareño explica que vio dos hombres rubios que hablaban un lenguaje extraño”. Para acabar, “y esto lo tengo muy en mantillas”, no sabemos quién es el extraterrestre, qué hay detrás de él, y, en definitiva cómo “en España el fenómeno OVNI deriva en costumbrismo”, una evolución que culminaría en el imaginario recogido en El Milagro de P. Tinto.

Hay muchos rasgos de la sociedad española que cambiaron en aquellos días. El turismo, la industrialización, el éxodo rural, la presencia americana -la física, pero sobre todo la cultural-, son todo procesos de mutación profundos que necesitaban de una narración en un régimen que no permitía que ésta se desarrollara libremente.

Pronto más

Ana Fernández Cebrián sigue investigando; en unos meses acabará su tesis y podremos conocer nuevas fábulas que se esconden en los relatos culturales del franquismo, muchas de ellas que asomaron en la conversación que mantuvimos con ella y que no han tenido cabida aquí. Para que no se queden en el tintero seguiremos hablando con ella, la tendremos en Subarbre y averiguaremos más sobre el origen de nuestros imaginarios, y de como estos entroncan con nuestra realidad social.


Texto: Lorién Jiménez @desiertodesara

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Análisis

La comunidad espectral

Conciencia de clase
David Mayor, Conciencia de clase, Zaragoza, Prensas de la Universidad de Zaragoza, 2014

 

“Un trapo rojo como el que llevan enrollado al cuello los partisanos”

P.P. Pasolini, Las cenizas de Gramsci


Como los seres queridos, también algunos libros desaparecen, sin ruido, se esfuman de la estantería donde creíste haberlos olvidado. Amanecía y he rebuscado infructuosamente aquel, de lomo azul, que Aragon escribiera tras la muerte de Elsa, donde dejara anotado eso de Ailleurs sans doute ailleurs. Estará en otra parte, sin duda, en otra parte.

En otra parte, así se titulaba el primer libro de David Mayor. Antes, no mucho antes habíamos leído su “Deseo de ser replicante”, y empezamos, lentos, a aprender que apenas sí somos “recuerdo débil”, “memoria prestada”. Ha pasado casi una década desde entonces, y durante ese tiempo, pudimos, afortunados, perseguir en el Forward a “la orca negra sin mancha”, invariablemente hacia el norte, “hacia cualquier parte”. D. Mayor lo deletreaba con precisión en Otra novela, “cualquier libro / trata de una aventura”.

Ninguna aventura deja indemne a quien la atraviesa y los viajeros, a menudo, acaban por olvidar su destino. O, más bien, descubren que, finalmente, nunca hubo puerto al que dirigirse, que “Lo importante no es llegar”, que no se alcanza lo que se busca, “Ni siquiera en otra parte”. En 31 poemas se dejaba presentir que, de un modo extraño, Ítaca ya estaba aquí, y que “lo más bello”, “estar en otra parte”, “puede ser /  lo que no puede ser”.

Entre su primer y su tercer libro D. Mayor se ha desviado hasta haber cambiado de nacionalidad. Si En otra parte se intentaba aún “nacer de nuevo”, tras el viaje de Otra novela, en 31 poemas ya sólo quedaba un páramo “en el que pinchar discos a pedradas”.El tercero de sus libros se cerraba con una invocación a permanecer atentos “donde la vida falla”. D. Mayor se había ido alejando de ese ailleurs sans doute ailleurs para acercase, cuidadoso, a un aquí y ahora que, como todo presente, es y no es al mismo tiempo. Siempre atento a los detalles, ahora estos ya no son signos de nada, sino el lugar en el que leer la vida que nos pasa.

Hace apenas unas semanas se presentó en la librería Antígona de Zaragoza, se presentó el cuarto libro de D. Mayor, Conciencia de clase. De alguna manera que en parte se me escapa, a través de los poemas que lo conforman se aparece esa realidad presente, que es y no es al mismo tiempo, y que 31 poemas ya anunciara: “un aquí y ahora / que es apenas / el zumbido de las cosas”. Quizá sea demasiado pronto para que yo, en cierto modo, fascinado por el texto, escriba algo inteligente acerca de Conciencia de clase. A pesar de lo cual, imprudente, trataré de dejar algunas notas, si no acerca de la poética que despliega (tengo la firme sensación de que cada vez sé menos de poesía), sí, al menos, sobre el pensamiento que a su través se revela, y se rebela.

Conciencia de clase prolifera allí mismo donde terminara 31 poemas, no tanto en el lugar de la muerte cuanto en el de la memoria del padre. En el lugar de ese recuerdo, de esa palabra que, como la del replicante que antes se mencionara, está en el presente, “dentro de la ‘vida corriente’ y es extraña a esa vida”; como a dos pasos, a la distancia justa, de la prosa con que se escribe la vida cotidiana. Mirar la vida con cierta distancia es ya recordarla. Y, sin embargo, es en ese hacer memoria, incluso cuando la mirada se dirige a la infancia, donde la escritura de D. Mayor alcanza toda su altura política y filosófica.

Porque, ¿acaso puede creer alguien que un título como Conciencia de clase puede ser inocente, o que en él se ha olvidado la referencia a eso cuyo nombre último algunos detestan, pero que nosotros seguimos empecinados en llamar con todas sus letras: comunismo? No soy capaz de imaginar la pobre lectura que del libro harán quienes desde posiciones liberales sólo vean en los recuerdos monumentos conmemorando el pasado perdido de un individuo, ni la frustración de quienes, invariables en su viejo obrerismo, esperen encontrar la voz de ese sujeto revolucionario que justifique sus delirios. Porque Conciencia de clase, el libro, es algo así como una versión precisa de un Manifiesto Comunista para el siglo XXI.

No he contado las palabras ni establecido los cálculos, pero la impresión que deja la lectura es la de que hay una  presencia que se repite sin cesar: la de la palabra “fantasma”. Conciencia de clase es un libro poblado de fantasmas que no pueden dejar de recordarnos aquella sentencia con que se abriese el escrito que Marx y Engels redactasen en respuesta a la solicitud de la Liga de los Comunistas: “Un fantasma recorre Europa, el fantasma del comunismo”.
Pero, ¿qué comunismo es ese que es, él mismo, un fantasma? A través de Conciencia de clase se despliega, no la utopía por venir, sino la constatación de la existencia actual de una comunidad espectral. Las figuras que recorren sus páginas tienen ese carácter aéreo, volátil, como figuras que permanecen en la medida en que son dichas, recordadas por el texto. También la de aquel que habla o escribe, especialmente la del que habla o escribe. Porque éste, ese yo o ese él que se dice aparece como efecto del texto mismo, del hacer memoria y como recuerdo. El poeta aquí no es más que un espectro entre otros espectros. Al fin, como se lee en “Inicio”, “los vivos se convierten en imaginación de los muertos”.
Aquí, la conciencia de clase es conciencia de la pertenencia a esa comunidad espectral. Decía Benjamin, que, en el seno de la lucha de clases, ni siquiera los muertos están a salvo. La lucha de clases es la lucha, no por el bienestar de las generaciones futuras, sino por la salvación de las generaciones pasadas, por la redención de los derrotados. Nuestra victoria hoy no es otra que la revocación de la historia escrita por los vencedores. El presente no salva sino en la medida misma en que en él se actualiza la fuerza del pasado. Espectros de todos los tiempos, uníos: somos fantasmas entre  fantasmas, recuerdos de la prosa con que escribimos, con que se escribe, la vida, porque “vivir es dos veces”. El poeta, como el historiador materialista del que hablase Benjamin, se sitúa y nos sitúa en un tiempo-ahora que es combate contra el olvido: memoria efectuada sin un sujeto que la sostenga, que, de hecho, sostiene al sujeto, a ese espectro entre otros espectros, a esa parte que dice “yo” desde dentro del fantasma  múltiple y poroso del comunismo.

En la lucha de clases ni siquiera los muertos están a salvo, pero, en su último libro, David Mayor ha cavado una trinchera en la que, por unos instantes al menos, ponernos todos, tú, yo, él, los vencidos, a resguardo.


Texto: Pablo Lópiz @pablolopiz

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Análisis

El Canfranc, la TCP y Aragón

Canfranc y la TCP

Aragón, que ha tenido en el pasado estrechas relaciones comerciales y culturales con el sur de Francia, estáhoy aislado de Europa.  Quedó patente, el pasado verano, al cerrarse el túnel carretero de Somport y restringirse el tráfico de camiones en el paso del Portalet. Sin embargo, incluso con el Somport y el Portalet abiertos, las opciones para el sector exportador aragonés se reducen a recorrer 300 kilómetros extra, fundamentalmente por carretera, para alcanzar los pasos situados en ambos extremos del Pirineo, con el incremento en costes que supone.  Una vez se imponga la Euroviñeta, una tasa que habrá de pagar quien transporte sus mercancías por carretera en concepto de costes ambientales y de construcción y mantenimiento de las infraestructuras, la situación empeorará.

El único modo de solventar estas cuestionesen el corto plazo, y con costes económicos y ambientales aceptables, pasa por reabrir el ferrocarril de Canfranc en ancho internacional y electrificado (de justicia con un territorio que ha exportado siempre la mitad de la energía eléctrica que producía,mientras veía a su gente emigrar a donde esa electricidad era enviada).  El tren es el medio de transporte terrestre más eficiente, barato y sostenible a la hora de mover mercancías largas distancias (de ahí la Euroviñeta).  Y en el caso de esta infraestructura, que sólo precisa de renovación, la inversión sería mínima y el impacto ambiental nulo, lo que no es baladí en un entorno de elevado valor ecológico y destino turístico de primer nivel como el Pirineo.  A cambio, las necesidades logísticas aragonesas serían satisfechas, algo que, tomando en consideración la orografía del valle francés del Aspe y a pesar de la obsesión por la carretera, endémica a este lado de la cordillera (la autovía Huesca-Jaca ha fagocitado ya 500 millones de euros, el coste de reabrir el Canfranc, en 50 míseros kilómetros), no es posible ampliando el Somport, mucho menos el resto de pasos.

Canfranc y la TCP

Sobre la capacidad y la rentabilidad de la reapertura se habla mucho y mal.  En 2009 el Consejo Económico y Social de Aragón (CESA de aquí en adelante) publicó el estudio más completo hasta la fecha sobre el Canfranc.  En el mismo se cifra en unos 2 millones de toneladas de mercancías anuales la demanda potencial para el Pirineo central, asumible por la línea Zaragoza-Canfranc-Pau para la que se contempla una capacidad máxima superior a los 3 millones.  El Canfranc reabiertotransportaría más de 1 millón de toneladas y seríarentable desde el primer día.Resultados no exclusivos del estudio del CESApues todos los realizados, algunos por reputados consultores europeos, demuestran viable la reapertura.  Y si hay un proyecto al que se ha mirado siempre con lupa, ese es el Canfranc.
Sin embargo, y a pesar de haber firmado con Aquitania una hoja de ruta que prevé la reapertura para 2020, el Gobierno de Aragón se preocupa más por un proyecto que, en el mejor de los supuestos, no se concretará antes de entre 30 y 50 años.  Es la Travesía Central Pirenaica (en adelante TCP), un nuevo corredor ferroviario para el que hay que construir un túnel de 35 kilómetros que costará más de 8.000 millones de euros y tendrá un impacto ambiental severoen el Pirineo aragonés.

La TCP está pensada para que 60 millones de toneladas de mercancías, llegadas de Asía en mega barcos portacontenedores (tras ampliarse el Canal de Panamá), sean desviadas de sus rutas marítimas y ferroviarias lógicas con el propósito de ser descargadas en los puertos de Algeciras y Sines (Portugal), y trasvasadas al tren para llegar a Europatras recorrer4.500 kilómetros de más y superar un desnivel acumulado de unos 8.000 metros, con un incremento en los costes del transporte de 7.000 millones de euros cada año (22 para las empresas aragonesas).Al margen de las consecuencias para el empleo europeo,y para el medio ambiente,de este modelo global de producción y consumoy de que existan dudas razonables de que sea viable energética y económicamente, semejante acrobacia logística a Aragón se le queda enorme.

Canfranc y la TCP

Lo admiten sus propios promotores cuando manifiestan estar defendiendo un proyecto de Estado.  Y, sin embargo, son los aragoneses los que impulsan la TCP de su bolsillo, financiando la Fundación Transpirenaica y los estudios preliminares e, incluso, un encuentro en Madrid con la CEOE, esto último inaudito en la mucho más realista reivindicación de la reapertura.  Todo esto es inadmisible a tenor de las dificultades financieras de Aragón que han llevado a su Ejecutivo a incumplir los acuerdos firmados con la Universidad de Zaragoza.

Por otro lado, la estrategia que está siguiendo el Gobierno de Aragón de pedir el Canfranc y la TCP en los mismos foros crea confusión en la opinión pública y puede conducir a queno se reabra el Canfranc, perdiéndose una ocasión histórica(Aquitania está reabriendo el tramo Olorón-Bedous y estará en 2016 a tan sólo 32 kilómetros de Canfranc).  Habremos de esperar al menos 30 años a disponer de una conexión ferroviaria con Europa por la que no circularán trenes de viajeros,luego no vertebraráun territorio con graves carencias demográficas (por el bien de Teruel más vale que se concrete antes el Corredor Cantábrico-Mediterráneo) y que sufrirásus impactos ambientales negativos sin recibir, como ha sucedido ya en el pasado, nada a cambio.

Canfranc y la TCP

Aragón debe centrarse en la reapertura y olvidar veleidades como la TCP.  Si en el futuro es necesaria, y puesto que su dimensión es estatal, deberá ser el Gobierno de España quien lo impulsey los aragoneses debatir si les resulta de interés, y en qué condiciones, que atraviese su territorio.  Quizá tengan razón todos aquellos que piensan que la TCP no es sino una cortina de humo, una treta ideada paraesconder las miserias de unos gestores de Aragón incapaces de reabrir el Canfranc.  Una treta que, por otra parte, nos está costando un dinero que no tenemos.


Texto: Diego J. Colás @hiawathazgz

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Análisis

Luengas en desaparición en toda la planeta

Lenguas en desaparición aragonés
Ilustración: Asun Gómez

De primeras imos a fer una rapeda definición (lingüistica) de qué ye una luenga con a fin de centrar o nuestro obcheto de redacción. Pero antis de definir qué ye una luenga, hemos de fer referencia a o lenguache. Isto, o lenguache, ye a facultat innata (institiva) d’os seres humanos ta comunicar-se entre ellos y as luengas son as ferramientas d’as que se’n sirve iste instinto ya sían verbals, de signos, etc. Agora bien, lo que ye una luenga puede definir-se dende diferents anvistas pues ye un concepto muit amplo, pero nusatras nomás atenderemos a dos planos lingüisticos, que son o plano interior y l’exterior.
Internament, una luenga ye un sistema de signos lingüísticos. Seguntes Martinet, a luenga se compondría por dos nivels d’articulación: o primero, que aporta o sinnificau, serían os morfemas y o segundo, que forma o sinnificant, serían os fonemas. Iste segundo nivel se combina ta formar o primer nivel y asinas constituyir as parolas; en zaguer puesto, istas parolas se organizan formando oracions. As disciplinas lingüísticas encargadas d’istos planos son a fonolochía (y fonetica), a morfolochía, mientras que a semántica u a sintaxis son as encargadas d’o sinnificau d’as parolas u d’a suya organización dentro d’as oracions.
Externament, una luenga constituye o mecanismo que emplegamos ta comunicar-nos, isto ye, un medio de comunicación; aquí podríanos fer referencia a o esquema de Jakobson: en un contexto especifico un emisor emite un mensache que se transmite por un canal en un determinau codigo lingüístico dica plegar en un receptor; antimás relacionau con cada uno d’os componens d’iste esquema bi ha tamién una función lingüística concreta: referencial, expresiva, poetica, fatica, apelativa y metalingüistica; por otro costau, ye tamién una traza de vier, comprender y relacionar-nos con o mundo, es decir, o conchunto de parolas compone, a su vez, una idiosincrasia. Por ixo podemos decir que una luenga no ye solo algo lingüístico, sino tamién ye algo social. A principal disciplina que se ocupa d’ista vertient d’a luenga ye a pragmatica, que estudea la finalidat d’a comunicación, pero tamién, a sociolingüística que se ocupa, en parti, de cómo se relaciona una determinada sociedat con a luenga.
D’ista traza, o que ye una luenga puede sintetizar-se d’o venient modo: “una luenga ye un sistema de signos que refleixala capacidat d’o lenguache que tienen as presonas, ye decir, a luenga constituye l’instrumento que emplega l’instinto d’o lenguache; por atro costau son as luengas as que componen as idiosincrasias d’as sociedatz, ye decir, l’emplego d’una u atra luenga condiciona la comprensión d’a realidat”.
Contino, realizaremos un breve recorríu por a historia d’as luengas naturals  d’Occident. As luengas son un tipo d’organismos muit dinamicos que viven gracias a oemplego que os suyos fablants fan d’ellas; asinas pues, a muerte d’una luenga suposa tanto a manca de fablants como a desaparixión d’una visión d’a realidat.

Indoeuropeo luengas lenguas desaparición aragonés
L’indoeuropeo ye considerada a “luenga mai” d’a resta de luengas orientals y occidentals.O descubrimiento d’ista luenga estió en o sieglo XIX quan s’empentó a comparación lingüística, a radiz d’o positivismo: se viyó que muitas luengas, dentre Asia oriental y Europa, teneban rasgos comuns, razón por a quala heban de tener un orichen común. De l’indoeuropeo no tenemos garra documento escrito, ye decir, ye una luenga teorica (una entelequia) reconstruida por a comparación con as atras luengas. Seguntes as zagueras teorías , o pueblo indoeuropeo yera asentau arredol d’o ríu Volga y dende astí emigró a la resta de territorios d’Asia oriental (enta l’este) y Europa (enta os Balcans y enta o norte) a on ievolucionó y naixioron luengas como o sanscrito, o griego, o latín u o gotico. Istas luengas fillas sí que son testimoniadas con documentos, qüestión que facilita prou a investigación lingüística y a investigación sobre a naturaleza d’o lenguache.
O griego y o latín estioron as luengas que más influyoron en as luengas peninsulars, debiu a os diferents procesos de colonización. De primeras, plegaron os griegos en a costa mediterránea, pero no facioron guaires intrusions a l’interior peninsular (pues más que más yera un pueblo maritimo). Habremos d’asperar a os romans ta poder fablar d’a primera luenga colonizadora: o pueblo romano prencipió a expandir-se por a Península italica, luitando (o aliando-sen) con os pueblos vecins; paulatinament, fueron adintrando-sen en a resta d’Europa dica plegar en a Peninsula Iberica por o Mediterráneo y os Pirineus. Dimpués d’asentar-sen en muitos territorios, a imposición lingüística estió un proceso mental, pues os antigos habitants peninsulars (os ibers, celtibers…) teneban a ideya en a suya mente de que o latín yera una luenga superior por o suyo caracter imperial; iste proceso de colonización lingüística se conoix, como hemos dito, como colonización mental. ¿Isto qué quiere decir? Os romans no viedaronoemplego d’as luengas ibericas propias, sino que estioron os mesmos iberos os que triaronsubsumir a suya luenga a o latín. Manimenos, istas luengas peninsulars no murioron sin deixar huella: encara bi ha restos d’ixas luengas anteriors a o latín en l’actualidat; isto ye o sustrato.
Ye esclatero que a evolución d’o latín por toda a Peninsula Iberica estió diferent; ixa ye a razón por a qual hue tenemos ista variedat lingüística peninsular, pero sobre istas luengas feremos referencia más adebant.
Quan yera asentau o latín en cada territorio se desarrolló d’una traza diferent y china chana evolucionó enta las luengas romances; agora bien, iste naiximiento puede datar-se? S’estima que en o sieglo VIII, quan estió a Reforma Carolinchia , se tomó conciencia de que ixo que parlaba o pueblo no yera o mesmo latín que se feba servir en a ilesia, que’n yera o clasico. Asinas pues, podemos decir que dende o sieglo VIII (en a Peninsula Iberica) alto u baixo existen as luengas romances. En la resta de países o naiximiento d’as luengas romances tamién se desarrolló por istas fechas.
No nos movemos d’a Peninsula pa escomencipiar con l’atro bloque d’iste articulo: prencipiamos con a colonización lingüística. Como hemos esbozau en bells cabos anteriors, a colonización lingüística ye a imposición d’una luenga sobre unatra; ista imposición puet estar violenta u no, encara que ixo no quiere decir que sía buena t’a luenga subyugada.
Asinas pues, en a Peninsula tenébanos una reyalidat multilingüe con luengas como lo galego, asturiano, euskera, aragonés, catalá, árabe u castellano. En Aragón, l’aragonés ye naixiu  d’as vals d’os Pirineus y poquet a poquet se expandió por tot o territorio adquirindo por os diferents puestos unas variedatz u unatras. A castellanización d’Aragón prencipió alto u baixo en o sieglo XV y s’agudizó con o matrimonio d’o Reis Catolicos quan os nobles aragoneses cambeoron l’aragonés como  a variedat lingüística de cultura por o castellano; desde istas capas altas d’a sociedat aragonesa baixó dica las más clases populars; iste sería un claro eixemplo de colonización lingüística mental; manimenos, si imos t’o sieglo XX tamién en Aragón podremos veyer una traza de colonización lingüística diferent: ya Sahoïrandi testimonió casos en os que os propios fablants despreciaban a suya luenga y lo consideraban un “fablar basto o un castellano mal fablau”; continando en iste sieglo, mientres a dictadura sí que se viedó loemplego d’as luengas que no estasen o castellano; ista sería l’atra traza de colonización lingüística: a imposición explicita. En a resta de territorios d’a Peninsula las suyas luengas corrioron una suerte similar, pero actualment a suya situación ye millor que no la de l’aragonés.

Globalicazión luengas lenguas desaparición aragonés
Iste no ye l’unico eixemplo d’imposición lingüística d’o mundo, sino que istos se dan a mayor escala. Unatro caso ye l’anglés, antis estió lo francés y en istos zaguers anyos somos viendo una situación similar con l’alemán. Istos tres casos se tractan de colonización lingüística vinculada con a politica; a puyada economica d’istos países, que antimás se refleixa en a suya realidat cultural: en a mente d’os fablants, nomás d’ixos países, sino en o conchunto de fablants d’o mundo: en a mente de totz istos se chenera a imachen de que a luenga d’istos países, exitosos en o plano economico-cultural, ye a puerta, a dentrada d’o triunfo. Ista ye a razón por a que decíbanos en a introducción de l’articlo que luenga ye politica: quan un país destaca en o plano economico-politico, iste exito se traduce en a luenga: bi ha más textos de qualsiquier area escritos en ixa luenga en qüestión ya que ista ye una traza de plegar en más publico. Iste fenomeno ye vistero más que más con l’anglés: vivimos en un mundo en o que l’angles ye considerada como a luenga de cultura, a luenga scientifica, a luenga d’a politica internacional. As conseqüencias d’ista potencia politica, cultural o lingüística son os diferents procesos de globalización, entendendo por ‘globalización’ o fenomeno d’imposición d’una cultura sobre unatra, condenando a ista segunda a un proceso de aculturación, ye decir, a perda de cultura por a imposición. ¿A qui benefician istos procesos de globalización y aculturación? Son as grands potencias economico-politicas as que más se miran de posibilitar iste tipo de situacions “globalizants” ya que istas permiten un mayor y millor control d’as diferents sociedatz: a menos culturas, menos formas de viyer o mundo y más facilidat ta controlar totz os planos d’as sociedatz.
Istos procesos de globalización suposan, como hemos dito, a progresiva asimilación d’a cultura obcheto en detrimento d’a cultura sucheto, que ye a que se pierde. Con isto s’amaga una realidat concreta y rica en pro d’una unificación cultural que afoga la diversidat y fomenta la pobreza cultural. En o plano lingüístico isto se traduce en a perda de luengas más chicorronas en quanto a o numbro de  fablants, no en quanto a o suyo valor intrínseco. De feito, a imposición d’una luenga sobre unatra ye una d’as millors ferramientas d’as que tiene a globalización ta cruzar a atros nivels; y, en conseqüencia, un mayor control sobre istas luengas deriva en un mayor control d’istos procesos globalizadors.
Astí prencipiaría a parti más politica d’as luengas, ya que istos no son procesos que suceden dintro d’a propia luenga, ye decir, a suya desaparición no ye un factor intrínseco d’o plano lingüistico: nunca no s’acotolan ya que as luengas son entes vivos y dinamicos con una grand capacidat d’adaptación; a pervivencia o  a muerte d’una u unatra luenga transciende l’ambito lingüistico ta estar una qüestión social, y lo que ye o mesmo: ye una decisión d’os fablants emplegar una luenga en cuenta d’unatra, nunca no pende d’a luenga como organismo comunicativo.


Texto: Laura Comín @LauraCoGi
Ilustración: Asun Gómez

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Análisis

Construir un Aragón posmoderno

Ilustración: Carlos Azagra
Ilustración de Carlos Azagra

En la maraña actual de dialécticas y subjetividades, merece la pena tomar un respiro y reflexionar sobre el complicado mundo que nos ha tocado vivir, echando la vista atrás, para tratar de plantear un pequeño (y humilde) estado de la cuestión sobre la memoria colectiva (siempre histórica), las subjetividades que la rodean (y legitiman) y el sujeto-objeto Aragón como campo de batalla de las mismas. Me centraré en cuestiones socioculturales, dejando las políticas o económicas para otra ocasión.

Hace seis años tuve el placer de compartir mesa en una charla con el compañero e historiador Lorién Jiménez; aquel evento tenía por título Lanuza must die. Los organizadores, el Zentro Sozial A Enrestida, querían plantear una formación abierta sobre la figura del Justicia, su decapitación (física, moral y simbólica) y las consecuencias identitarias de aquellos hechos. Lorién expuso, de forma contundente, que Juan de Lanuza V sería lo que decidieramos construir. Un Lanuza, mito de las luchas sociales, quizá también un símbolo del país perdido o el icono de una liberación sexual aún por concluir. Esta es la esencia de la subjetividad y la construcción de la memoria: todo fluye, nada permanece estático. La realidad siempre hay que construirla, reinventarla, para que no se oxide y quede caduca.

La memoria y la identidad son finas gotas de agua, dentro de una lluvia incesantemente monótona. Cada gota es diferente, subjetiva en su propia naturaleza, por eso debemos rechazar el simplismo analítico que nos ofrece esa fugaz mirada desde una ventana cualquiera de un edificio cualquiera de nuestro mundo posmoderno. Esas gotas tienen una forma, una textura, caen a una velocidad y con una inclinación. Por eso, dentro de la semejanza, debemos empoderar las gotas aragonesas, desacralizadas totalmente, sin mezclas ni aditivos extraños. Una gota cruda que nos permita relacionarla con otras semejantes, que forman charcos, algunas ríos, otras imponentes mares.

La teoría ofrece suficientes herramientas para hacernos comprender este delicado y húmedo mundo. Desde los trabajos e ideas de Bourdieu, las cuestiones relacionadas con la alienación sociocultural (Lafont, 1971) hasta la legitimación social de la historia (Berger, Luckmann, 1979), pasando por perspectivas psicológicas o ambientalistas. La subjetividad se define por entornos de contraste (nosotros frente a ellos, inclusión y exclusión, pertenencia y adhesión) o como consecuencia de una negociación entre ámbitos colectivos (institucionalizados o no).

La lluvia aragonesa viene empapada de elementos externos, extraños, desde hace tres siglos. El proceso de asimilación del sujeto Aragón dentro del objeto España ha desencajado cualquier tipo de propuesta para recuperar-dignificar lo aragonés desde una óptica de país (de nación). Los tiempos actuales no ayudan: la crisis financiero-especulativa ha sobornado elementos tan consensuados como la autonomía política o la descentralización, dejando abiertas las puertas a procesos que creíamos superados. En el ámbito catalán, todos recordamos la intención del ministro de Educación, el señor José Ignacio Wert, de españolizar a los alumnos de ese país, recordándonos que el Estado restringe las funciones culturales de legitimación, socializando en sus ciudadanos (súbditos) actitudes favorables para perpetuar el régimen establecido (Letamendía, 1997: 28). No se puede decir más claro.

La memoria subjetiva del objeto Aragón lleva varios años en crisis. En 1978, el Partido Socialista de Aragón firmaba en su programa que “en Aragón existió una estructura de poder propia hasta la llegada de los borbones, la fabla y el chapurreau, lo mudéjar y la jota, además de una idiosincrasia perfectamente conocida y muchas veces denigrada (lo “baturro” es un producto zarzuelero del Estado centralista)” (Serrano, 2005:133-134). Esta narración, subjetiva y de legitimación alternativa, fue amalgamando a toda una generación de personas, que han ido estructurando lo que podemos denominar como aragonesismo político-cultural, bajo el triángulo organizativo REA-CFA-CHA. Una subjetividad que tuvo relativo éxito pero no produjo espacios sociales para que creciera su aceptación. Una narración que se debilitó por la base, siendo asediada por el nuevo (pero viejo) nacionalismo banal español. Las fechas históricas son un buen ejemplo de este fracaso: mi querido amigo, y amante de la historia, Chesús Giménez Arbués, siempre se lamentaba por el escaso cuidado de las citas históricas relevantes, sea el 29 de junio de 1707, el 20 de diciembre de 1591, o aniversarios como el de los seiscientos años del Compromiso de Caspe. Mucha miga para tan poco pan.

La memoria, el imaginario colectivo, siempre se refiere a la realidad, ya que permite contextualizar nuestra experiencia cotidiana (subjetiva). El imaginario sirve para mantener el status quo del sistema o para transformarlo. Esta dialéctica genera conflictos, aunque no cuestiona la existencia misma del propio imaginario. En Aragón, podemos describir una visión externa (española), basada en el concepto de atraso, y que jerarquiza elementos como el conservadurismo, el paisanaje (lo rural como retrógrado) o lo extraño (las rarezas y tradiciones). Y por otro lado, tendríamos una visión interna (aragonesa), en la que el arraigo-desarraigo juega un papel central, combinado con el autoodio-autoestima, la influencia de la migración (los que se marchan) y la paradoja de pensar y actuar.

Este imaginario se interrelaciona con las políticas sobre la memoria que se han construido en Aragón. Cabe hablar de lo público-institucional, ya que se sigue legitimando un escenario de baturros (la jota de forma masiva), con una historia gloriosa pero desarticulada (visión liberal española) y con capacidad para universalizar el discurso (Goya, Buñuel, Expo 2008). Pero todo esto ha sido otro rotundo fracaso (la catalanofobia es un síntoma de esa incapacidad).

Terminamos este artículo con una idea positiva. Desde la ordenación del territorio ya hay consensos sobre lo que algunos autores denominan inteligencia colectiva (Rullani, 1998); es decir, permitir el desarrollo territorial en base a la puesta en común de conocimientos, lenguas, culturas y sentimientos generadores de identidad. Tenemos el caso de algunas comarcas de Gales, como South Gwynned, con un fuerte sentimiento de pertenencia a la cultura céltica y una percepción generalizada de querer diferenciarse de Inglaterra. Con esta idea, han ido creando sinergias colectivas, con la lengua galesa como base para la intervención y dinamización del turismo cultural, en el ámbito de la literatura, música, arquitectura o enclaves históricos. En Escocia y Catalunya tienen muy estudiado este paradigma desde hace años; la planificación de su memoria colectiva se basa en construir desde estos planteamientos: visiones alternativas que generen subjetividades nacionales al margen del dominio estato-nacional.

Las estructuras dominantes de una sociedad son las que marcan la línea del éxito, el discurso mediático propone las reglas del juego, expulsando a la marginalidad a transgresores, innovadores o rebeldes de la identidad. No es nada fácil el desarrollo colectivo, el sistema manda y ahoga. Por eso la idea de país como consenso básico y constituyente, es fundamental para reforzar la memoria colectiva aragonesa. Aún estamos a tiempo de generar subjetividades… o no?


Texto: Daniel Lerín @Danilerin
Ilustración: Carlos Azagra