En torno a la vigencia de la teoría educativa crítica y la pedagogía emancipadoras (y II)

14 marzo, 2016

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[Este texto es la segunda parte de éste]

La pedagogía libertaria dota de un irremplazable sustrato al antiautoritarismo, al rechazar la figura del educador como un individuo que instrumentaliza pedagógicamente su autoridad. El abanico de pensadores libertarios sobre el terreno educativo nos ofrece una muestra de la relevancia que la ideología anarquista dio a la educación desde los escritos de sus primeros pensadores.

Estos autores consideraban que la persuasión razonada, la imitación de ejemplos positivos (autoridad positiva), la filosofía del trabajo proudhoniana y la educación integral constituían principios educativos básicos para desarrollar una educación con las mayores cuotas de libertad individual y colectiva posibles.

En España contamos con no pocas experiencias históricas y actuales de pedagogía libertaria de las cuales la escuela libre Paideia de Frenegal de la Sierra puede ser su exponente más paradigmático aunque no el único.

También desde la primera mitad del siglo XX encontramos referentes relevantes como el cooperativismo naturalista de Freinet, basado en unas técnicas, en buena parte heredadas de pedagogos libertarios, como el texto libre, las clases paseo, la imprenta y la correspondencia escolares, ahondando en la conexión de los aprendizajes con la vida real del niño.

Freinet, presenta en una forma sui generis una pedagogía popular y proletaria de carácter marxista. La síntesis de su bagaje englobado enLa Charte de l’École Moderne del congreso de Pau de 1968, plasma una defensa del desarrollo total de la persona, de un modo integral, englobando tanto preparación técnica como intelectual y social.

Por ello sus presupuestos pueden contemplarse como liberadores y populares, por la combinación de técnicas con el tanteo experimental, la indagación documental y contextual junto con la investigación y la comunicación libres. Rechazó por igual el juego como actividad principal del niño y se postuló a favor de la “educación por el trabajo” de Kerschesteiner.

No hay que olvidar por otro lado todo lo concerniente a la pedagogía liberadora de Freire, que desde un punto de vista popular, alfabetizador y socialista, se han materializado en experiencias educativas como las abanderadas por el Movimiento de los Trabajadores sin Tierra brasileño y en diversas campañas alfabetizadoras y de educación comunitaria en zonas de América latina.

Desde la teoría de la bondad natural y el desarrollo educativo libre mantenida por Rousseau hasta las ideas anarquistas y freudo-marxista, se puede establecer una línea heterogénea que mantiene en su fondo unas notas características fundamentadas en la libertad y en el rechazo crítico de toda autoridad de tipo negativo y coercitivo en el plano educativo.

A esa corriente práctica en educación se unirá el pensamiento contemporáneo que desde diversas corrientes y disciplinas plantearon una crítica al sistema meritocrático, reproductor y legitimador de los sistemas nacional-capitalistas subsiguiente a las dos guerras mundiales y en el que, al menos en teoría, prevalecieron los principios del estado de bienestar, con una universalización masiva “por ley” de la población, en unas formas gradualmente más adulteradas y cosificadas.

El análisis sociológico llevado a cabo por los teóricos de la reproducción social (Bourdieu, Passeron, Establet…) pueden combinarse con el estudio de la sociedad meritocrática de Collins y los aportes que desde la teoría crítica de la Escuela de Frankfurt y del estructuralismo foucaultiano apuntalan las principales contradicciones y paradojas en las que ha incurrido la escuela como institución socio-cultural moderna.

Por otro lado, las ideas de Roszak en torno a la contracultura y la tecnocracia unidas a las reflexiones libertarias aportadas por Chomsky, Goodman, Onfray y Bookchin entre otros, amplían este horizonte crítico que cristaliza desde los años 60 en propuestas, interesantes y atrevidas a partes iguales, como las propias de la desescolarización de la mano de Illich, Reimer y Holt.

Estos planteamientos, que sintetizan un palpable “fracaso de la escuela” y optan por una “sociedad desescolarizada” o una “deseducación obligatoria”, sustentan una crítica radical al modelo estructural vigente en el mundo educativo que sin embargo, la desescolarización puede paradójica y peligrosamente ser acicate de propuestas ultraliberales por coincidir en su deseo de descargar al estado de toda regulación uniforme y control monopolístico en educación.

Estos matices pueden apreciarse en algunas variantes del homeschooling contemporáneo y en el fenómeno de las charters schools, del e-learning y del blended learning de las últimas décadas.

Sin embargo todas las familias pedagógicas y de pensamiento enumeradas y sintetizadas a modo de pinceladas en este sucinto análisis, pueden proporcionar tanto a alumnos como profesores, y por extensión a la sociedad, una serie de pautas teórico-prácticas que permitan profundizar en el debate sobre la conformación de un modelo educativo alejado del formalismo burocrático, el credencialismo académico y la profesionalización docente, que no hacen sino ahondar en el anacronismo estructural y pedagógico de los sistemas educativos del Occidente posindustrial.

En un mundo globalizado en el que se vive el fin de las experiencias directas y un control externo en buena parte de las facetas de la vida cotidiana, plegarse a las exigencias del productivismo utilitarista para con la educación, supone claudicar ante el pensamiento único y olvidar el compromiso histórico que requiere la educación para un progreso igualitario y humanista de la sociedad en su conjunto.

La escuela y el sistema educativo, como reflejo infraestructural de la sociedad y su cultura a nivel general, es un espacio en el que deben hacerse patentes los conflictos sociales a través del concurso de grupos y movimientos críticos. De lo contrario, la escuela seguirá funcionando como un filtro social reproductor y legitimador que en poco o nada contribuya a un avance real en la sociedad.

Por tanto, la labor crítica en la escuela se enmarca dentro de lo que Giddens calificaba como “rechazo simbólico a las políticas burocráticas de poder en la era industrial”. En caso de negarle ese valor de emergencia, divergencia y contrapoder, estaremos permitiendo que la cultura hegemónica se mantenga y prevalezcan bajo su manto uniformador, los diversos mecanismos de poder que legitiman a la sociedad y los sistemas educativos actuales.

Con estas anotaciones se pretende ensalzar la necesidad de abrazar un compromiso crítico y reconstructivo de la gestión escolar democrática como modelo contrahegemónico, sustentado en pedagogías “resistentes” que retomen, en palabras de Debord, la racionalidad iluminista crítica frente a las formas represivas de la racionalidad positivista.

La solución no es fácil, pues como señalaba Snyders la nueva educación se ha convertido en “la gran utopía pedagógica” que trata de aislar a los alumnos de la realidad, desgajando a sus aprendizajes de todo componente emancipador. Disciplina, coacción, control y hegemonía encuentran en la pedagogía y los sistemas educativos tradicionales la punta de lanza para el sometimiento de las mentalidades, por lo que un cambio profundo en las actitudes sociales y profesionales en torno a la educación se antoja vital para romper con el imperio de la razón técnica en las instituciones modernas.

Frente a la reproducción de los capitales culturales una experimentación humanista, emancipadora y una educación integral de tipo “educacionista”, que no se reduzca y limite a los espacios formales regulados, pueden posibilitar la consecución de nuevas formas de aprendizaje comunitario. La asunción de un nuevo compromiso por la educación desde un punto de vista paidocentrico y liberador puede mitigar las fuerzas que pugnan por lo que Goodman denominaba la “adaptación y el enrolamiento a las necesidades y normas físicas y morales de los estados tardoindustriales”.

El trabajo progresista en el sistema escolar, los espacios de crianza convivencial, las escuelas libres, los movimientos de renovación pedagógica y un revival que apueste por la pedagogía emancipadora puede aportar las claves para superar el estancamiento oaporiasocial con respecto a la educación.

Además, como señalaba en su día Adorno “quienes defienden, dentro de la democracia, ideales contrarios a la emancipación, o lo que es igual, contra la decisión autónoma consciente de cada persona son antidemócratas, por mucho que propaguen sus representaciones ideales en el marco formal dela democracia”. Así las cosas, dentro de la crisis paradigmática moderna y del sistema y los estados capitalistas modernos, se presentan de manera atomizada distintas alternativas que engloban no solo un cambio estructural y pedagógico en la escuela, sino que entienden que este cambio es indisociable de una transformación global de la sociedad.

Finalmente, creo necesario, para ahondar en estas reflexiones, traer a colación la opinión de Holt que, frente a la ritualización de la instrucción y la deshumanización de los educandos, planteaba la siguiente disyuntiva: “¿estamos intentando criar borregos -timidos, dóciles, manipulables-, o seres libres? Si lo que queremos son borregos, nuestras escuelas son perfectas tal como están. Si lo que deseamos son hombres y mujeres libres, debemos empezar a introducir en ellas grandes cambios”.

Texto: Juan Lorenzo Lacruz

Imágenes seleccionadas por el autor de la revista Aula Libre.

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