Editorial – Febrero 2016

6 febrero, 2016

Enero comenzó un poco a la griega, si nos permiten el exceso verbal, el fútbol trajo en Aragón:η Μητέρα των μαχών. La madre de todas las batallas: un Real Zaragoza vs. SD Uesca, como si fuera un Panathinaikos-Olympiacos, en ese loco teatrillo de las rivalidades locales, el centro contra la periferia aragonesa.

Mientras digeríamos los excesos navideños, la crisis sistémica ha seguido golpeando cada día de la semana. Esa lucha entre lo viejo y lo nuevo para conformar gobierno en el Estado español. El baile lleva semanas servido: el PSOE se debate entre una gran coalición a la alemana (con su amante enemigo, el PP) o un pacto de cambio (con Podemos).

Aragón observa aletargado y conmovido esta situación, sin hacienda propia y con la perspectiva cierta de que volverán algunos fantasmas del pasado (trasvases, sin derecho a decidir, recentralización, falta de infraestructuras ferroviarias propias).

De hecho, la actitud del presidente Lambán nos anuncia este negro futuro, su actitud sierva con Madrid sólo puede traer enfrentamientos y acomodaciones que acrecenten el colonialismo interior que padece Aragón en el estado español. Su personalidad soberbia solo parece corregida porque gobierna en minoría.

En la capital del país, lo viejo se transforma en nuevo, ya que la contradicción entre los intereses de los propietarios y sus asalariados sigue existiendo como siempre. El debate sobre la remunicipalización de los servicios públicos se ha reabierto con el conflicto de los trabajadores de AUZSA. El despilfarro de anteriores gobiernos (que pagaron despidos con el dinero de todos) lastra este tipo de iniciativas, pero el pulso debería ser ganado por el bien común (y la generosa y solidaria paciencia de los usuarios).

Terminamos con noticias gratas, ya que la última semana de enero nos ha dejado a Uesca como ciudad bilingüe, un hito para el aragonés y todas las personas que luchan por nuestra lengua. Este paso ha de ser seguido por iniciativas que lo implementen y normalicen (enseñanza, divulgación y difusión), esperando que esta marea de reconocimientos sea liderada desde el Gobierno de Aragón y su recién creada dirección de Política Lingüística.

El asunto es urgente, los últimos datos sobre población van marcando el futuro: despoblación, desestructuración y ahí, nuestro patrimonio lingüístico también sale envejecido por la falta de renovación de los hablantes.