Ya la hemos matado. Ahora a rematarla (Cultura en el siglo XXI)

6 agosto, 2015
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Wert Campeón

Al mismo tiempo que esa idea revolotea sobre muchas cabezas otros se llenan la boca con su supuesto apoyo incondicional a la cultura. Los mismos que ponen zancadillas a la hora de impulsar cualquier propuesta que no les otorgue su esperada medalla. Porque nos guste o no, aquí lo que prevalece, por encima de todo, es la foto. Y eso comporta que la iniciativa privada rellene todos esos huecos que lo público, eso que pagamos entre todas no solo deja vacío de contenido, sino que además lo usa de escombrera.
Llámese iniciativa privada o popular, profesional o altruista, sin distinción, aunque cada una, evidentemente, con sus respectivos matices. Sus pros y sus contras. Sus contradicciones y sus carencias. Sus aciertos y sus despropósitos también. Nada está libre de la opinión ajena, es así y siempre será así. Hacer cualquier cosa es estar expuesto a la crítica siempre, y en algunos casos muy destructiva si cabe. Sea como sea, aportar tu grano de arena es algo de por sí elogiable, mucho más que darle al “me gusta” en Facebook o buscar la paja en el ojo ajeno mientras invertimos horas de sofá.
La cuestión es que en el momento político, económico y social que estamos viviendo, y al que nos hemos dejado llevar, encontramos una frenética actividad a nivel cultural, al margen de las instituciones. Y eso debería hacernos reflexionar bastante del porqué nos encontramos ante este fenómeno.
Por un lado tenemos a esa gente que siempre se ha mantenido activa por pura necesidad, placer o devoción, que siente la cultura más allá de cualquier tipo de interés, más que por la propia satisfacción. Héroes y heroínas sin capa ni máscara.
También las hay que compaginan ilusión con profesionalidad, los hay que en lo puramente profesional ejercen muy bien su trabajo y también tenemos quién no quiere moverse de su poltrona bajo ningún concepto. Esos que han dirigido el barco con su mala gestión y con su falta de vocación hacia la deriva. Ahora intentan sacar los botes salvavidas al grito de “sálvese quién pueda, yo primero”.
Les vemos llenarse la boca con elogios dirigidos a esos músicos precarios, a esas actrices “amateurs”, a bailarines y pintoras que compaginan, por necesidad, su pasión con trabajos eventuales en ETT’s, mientras no les facilitan formalizar su situación y se les persigue ley en mano. Añadimos el destructor 21% de IVA y la privatización de espacios públicos para solo unos elegidos, y llegamos a un panorama de lo más bipolar.

Los mismos que vetan la cultura a adolescentes, prohibiendo la entrada a menores de edad en eventos, mayoritariamente, musicales. Volvemos a la época de demonizar el rock and roll, vamos a más. Años clave para que ese relevo generacional tan necesario se impregne de la pasión de vivir, sentir y ser partícipe de la música en directo. Y por el contrario se les veta la entrada, ni acompañados por un “adulto” tienen acceso. Hecho que resulta contraproducente y necesario de ser revisado.
La mayoría de personas que se dedican a la música han dado sus primeros pasos en la adolescencia: ¿sólo pueden hacerlo en casas de juventud o actividades del consistorio y sus distintas derivaciones? Que está muy bien, pero no se puede quedar solo reducido a eso.  Panorama desolador. Como padre me niego a que mi hijo se vea limitado a eso, no es moralmente aceptable que no pueda experimentar lo que muchos hicimos con catorce o quince años, asistiendo a nuestros primeros conciertos u ofreciéndolos. Y en salas, que es lo que toda chavalería necesita experimentar. Si el problema es el consumo de alcohol igual deberíamos plantear que el problema está en la base, en la educación y el conocimiento. No pongamos más semáforos para evitar atropellos, sentido común.
Un fenómeno que acecha a nivel estatal como el de diferentes gestoras, sí, esas que también guardan los intereses del artista, al mismo tiempo que les colocan la soga y que son noticia, cuando interesa, sus desfalcos y despropósitos económicos. Más cercanos a la extorsión que a la gestión. Regentados por otros tantos “artistas”, permítanme usar el término, revenidos que necesitan que siga funcionando la maquinaria debido a su escasa creatividad a día de hoy. Gestoras de derechos de autor que van perdiendo credibilidad, incluso entre sus socios, por mérito propio.

Podríamos citar también a esos medios especializados en los que o pagas o no existes; no es una leyenda, la lista sería interminable. O el hacernos creer que todo es gratis con la bendita era digital.
En definitiva, somos responsables directos de todo esto, por dejarnos llevar a la deriva hasta que llegar a una situación en la que parece que no pueda ir a peor, pero sí, todavía podemos rematarla. Es un deber moral tomar parte de esto para darle la vuelta, con nuestros actos y nuestro día a día. Muchos depositan esa ilusión en las urnas, las mismas que dictaron sentencia de muerte. Respetable, tanto como la presión popular, esa que nunca debió dar el brazo a torcer ante estas salvajadas. Ya lo decían esos punks visionarios: No Future! Casi cuarenta años más tarde nos damos cuenta que no estaban tan locos. Salut!


Texto e ilustración: Jaume Esteve @Comunicanroll