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La Guerra de los Mundos: in(ter)venciones y resistencias en la España franquista

Cabalgata en la Base Americana de Zaragoza
Cabalgata en la base americana de Zaragoza

Dos de enero de 1951. Los periódicos españoles abren su primera edición del año con los mensajes de Año Nuevo de Franco; como es norma, los titulares a cinco columnas ocupan todo el ancho de los diarios, y ahí se desgranan los principales mantras del régimen en esos últimos años de autarquía: el dictador loa los logros alcanzados y, sobre todo, su propia visión de política internacional, en un momento en el que los países occidentales con Estados Unidos a la cabeza empiezan a soltar la correa sobre Franco por su posición anticomunista.

Hasta aquí, todo normal. Previsible. Sin embargo, en un diario falangista de Zamora, en esa primera página y baj o la obligada fotografía del “Caudillo” aparece un titular que llamará la atención de nuestra entrevistada: “Bombas atómicas a bordo de platillos volantes”

Ana Fernández Cebrián lleva a cabo su doctorado en la Universidad de Princeton (Estados Unidos) en Literatura e Historia Cultural, y su tesis trata sobre imaginarios sociales y cultura popular durante el franquismo; parte de su investigación se centra en las representaciones de la Guerra Fría relacionadas con la intervención americana en España en torno a las fechas de los Pactos de Madrid de 1953. En este artículo resumimos una extensa entrevista en la que nos avanza muchos aspectos de su trabajo.

Consideraciones a un relato

“El 51 es un parteaguas en cuanto a posibilidades que vive el régimen; es el primer crédito importante que llega de Estados Unidos”, y esto abre la puerta a una legitimación internacional. “Llama la atención como [en el Heraldo de Aragón] el sesenta por ciento de las noticias son de o desde Estados Unidos, ahí hay un imaginario muy potente, en el que el periódico, en lugar de estar hablando de arquitectura o gastronomía en Zaragoza traduce textos americanos”, como los relativos a la Guerra de Corea. Pero, nos recuerda Ana, es el año de la primera huelga importante tras la guerra, la de tranvías de Barcelona, que tendrá un intento de réplica en Madrid con una “huelga blanca” o de consumo. En 1951 se estrenan, también, Surcos -dirigida por Nieves Conde y con guión de Torrente Ballester- y Esa pareja feliz, de Berlanga. “Es el año también”, nos reconoce Ana “en el que nacen mis padres y el de una foto de mis abuelos en un solar en Las Fuentes” donde luego estarían las viviendas de tranviarios, es decir “de donde vengo, qué imaginarios he heredado”.

Conviene enmarcar bien el momento en que arranca la investigación. Nos hallamos en el momento en que el régimen pasa de la autarquía a la liberalización económica y al Plan de Estabilización de 1959. Es un momento de cambio, material y simbólico, el que elige Ana Fernández para introducir su investigación, bajo una serie de premisas. La primera, dice, “que yo no soy historiadora, analizo ficciones”, lo cual en el día de hoy supone hablar de cómo por ejemplo en Castellón se ha vendido un aeropuerto vacío como imán para atraer aviones “y eso es una fantasía colectiva”, la cuestión es “esa fantasía qué representa ”. Bien, pues un poco en la línea de Žižek cuando analiza ficciones sociales, la línea de trabajo es “analizar simbólicamente el paso a la economía de libre mercado”, viendo qué ficciones consume la gente “cine, novelas de a duro, tebeos”, producciones en las que “se hacen visibles cosas que no se están visibilizando”. “La ciencia ficción, por ejemplo, está relatando utopías socialistas encubiertas”; Bruguera, una editorial nutrida por represaliados, apuesta “por crear unos personajes inadaptados que están desnaturalizando todo el rato lo que el régimen está contando”, como el ejemplo más recurrente, Carpanta.

“Con todo este archivo me propongo ver los relatos que se repiten, las fábulas culturales recurrentes”. Pero para discernir qué es específico y qué es común a otras narrativas europeas y mundiales resulta necesario distanciarse, observar, por ejemplo, a los españoles que van al cine a ver Bienvenido Mr. Marshall como si fuera un extraterrestre, un poco siguiendo al antropólogo Marvin Harris en Vacas, cerdos, guerras y brujas.

Fábula 1, cuento de invierno de la autarquía.

“Es como los mitos del cargo. Es una ficción providencial (Jameson): en momentos de cambio de ciclo económico se producen cambios en la idea de fortuna y de valor”. En la España que deja de ser autárquica para ser intervenida (Joan Garcés) la gente está esperando que le caigan cosas del cielo, de “manera real o simbólica”. De hecho, lo que ocurre en estos relatos es que el subsidiario “dice dame la parte que me toca; son narrativas coloniales en las que la otra parte está esperando algo”. En Bienvenido Mr. Marshall es literal, los protagonistas esperan que les llegue el tractor, el clarinete que los americanos se conviertan en Reyes Magos.

Aquí el que entrevista saca gesto de incredulidad. Pero es verdad: “Franco en los años anteriores lo está diciendo en numerosas ocasiones: yo no soy un Rey Mago, esto no son los Reyes Magos”.  De hecho, son los americanos los nuevos donantes, los benefactores, en un relato que se repite no solo en España, sino en multitud de territorios periféricos e intervenidos.

Fábula 2, encontrar tesoros e intervenidos.

Como territorio periférico e intervenido -bases, créditos,…-, el franquismo intenta generar un relato redentor en el que “España es riquísima en riquezas naturales, y es algo que se puede ver tanto en prensa del interior como la del exilio”. Hay una parte de provindecialismo, “pero también estamos en la época del milagro económico europeo, y aquí se quiere el milagro económico español; es una fantasía de normalización”.

“Aquí tenemos algo que los americanos quieren a toda costa”, señala Ana Fernández sobre dos títulos de la época, Todo es posible en Granada y Aquí hay petróleo. Y es algo que se repite con otro de los fenómenos culturales de la época, los avistamientos de platillos volantes, “los extraterrestres que vienen a llevarse nuestros minarales” (El caso dixit).

Sí, platillos volantes. ¿Puede ser coincidencia que coincidan ambos fenómenos (presencia americana e irrupción del OVNI como hecho cultural)? “No”, nos precisa, Ana, pero el problema no reside tanto en el fenómeno como en qué significa: “en Estados Unidos el extraterrestre es la amenaza, el comunista”, pero en España se dan varios rasgos peculiares, “primero, el marciano hace hablar al subalterno [al que observa]”, pastores, campesinos, gente, en suma, sin voz. “Además los avistamientos son colectivos, no hay abducciones, son espectáculos de multitudes”, y en las escasas ocasiones en que hay contacto, como en Lécera, el contexto es muy determinado, “un aeródromo de la Guerra Civil, donde el lugareño explica que vio dos hombres rubios que hablaban un lenguaje extraño”. Para acabar, “y esto lo tengo muy en mantillas”, no sabemos quién es el extraterrestre, qué hay detrás de él, y, en definitiva cómo “en España el fenómeno OVNI deriva en costumbrismo”, una evolución que culminaría en el imaginario recogido en El Milagro de P. Tinto.

Hay muchos rasgos de la sociedad española que cambiaron en aquellos días. El turismo, la industrialización, el éxodo rural, la presencia americana -la física, pero sobre todo la cultural-, son todo procesos de mutación profundos que necesitaban de una narración en un régimen que no permitía que ésta se desarrollara libremente.

Pronto más

Ana Fernández Cebrián sigue investigando; en unos meses acabará su tesis y podremos conocer nuevas fábulas que se esconden en los relatos culturales del franquismo, muchas de ellas que asomaron en la conversación que mantuvimos con ella y que no han tenido cabida aquí. Para que no se queden en el tintero seguiremos hablando con ella, la tendremos en Subarbre y averiguaremos más sobre el origen de nuestros imaginarios, y de como estos entroncan con nuestra realidad social.


Texto: Lorién Jiménez @desiertodesara

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Análisis

La comunidad espectral

Conciencia de clase
David Mayor, Conciencia de clase, Zaragoza, Prensas de la Universidad de Zaragoza, 2014

 

“Un trapo rojo como el que llevan enrollado al cuello los partisanos”

P.P. Pasolini, Las cenizas de Gramsci


Como los seres queridos, también algunos libros desaparecen, sin ruido, se esfuman de la estantería donde creíste haberlos olvidado. Amanecía y he rebuscado infructuosamente aquel, de lomo azul, que Aragon escribiera tras la muerte de Elsa, donde dejara anotado eso de Ailleurs sans doute ailleurs. Estará en otra parte, sin duda, en otra parte.

En otra parte, así se titulaba el primer libro de David Mayor. Antes, no mucho antes habíamos leído su “Deseo de ser replicante”, y empezamos, lentos, a aprender que apenas sí somos “recuerdo débil”, “memoria prestada”. Ha pasado casi una década desde entonces, y durante ese tiempo, pudimos, afortunados, perseguir en el Forward a “la orca negra sin mancha”, invariablemente hacia el norte, “hacia cualquier parte”. D. Mayor lo deletreaba con precisión en Otra novela, “cualquier libro / trata de una aventura”.

Ninguna aventura deja indemne a quien la atraviesa y los viajeros, a menudo, acaban por olvidar su destino. O, más bien, descubren que, finalmente, nunca hubo puerto al que dirigirse, que “Lo importante no es llegar”, que no se alcanza lo que se busca, “Ni siquiera en otra parte”. En 31 poemas se dejaba presentir que, de un modo extraño, Ítaca ya estaba aquí, y que “lo más bello”, “estar en otra parte”, “puede ser /  lo que no puede ser”.

Entre su primer y su tercer libro D. Mayor se ha desviado hasta haber cambiado de nacionalidad. Si En otra parte se intentaba aún “nacer de nuevo”, tras el viaje de Otra novela, en 31 poemas ya sólo quedaba un páramo “en el que pinchar discos a pedradas”.El tercero de sus libros se cerraba con una invocación a permanecer atentos “donde la vida falla”. D. Mayor se había ido alejando de ese ailleurs sans doute ailleurs para acercase, cuidadoso, a un aquí y ahora que, como todo presente, es y no es al mismo tiempo. Siempre atento a los detalles, ahora estos ya no son signos de nada, sino el lugar en el que leer la vida que nos pasa.

Hace apenas unas semanas se presentó en la librería Antígona de Zaragoza, se presentó el cuarto libro de D. Mayor, Conciencia de clase. De alguna manera que en parte se me escapa, a través de los poemas que lo conforman se aparece esa realidad presente, que es y no es al mismo tiempo, y que 31 poemas ya anunciara: “un aquí y ahora / que es apenas / el zumbido de las cosas”. Quizá sea demasiado pronto para que yo, en cierto modo, fascinado por el texto, escriba algo inteligente acerca de Conciencia de clase. A pesar de lo cual, imprudente, trataré de dejar algunas notas, si no acerca de la poética que despliega (tengo la firme sensación de que cada vez sé menos de poesía), sí, al menos, sobre el pensamiento que a su través se revela, y se rebela.

Conciencia de clase prolifera allí mismo donde terminara 31 poemas, no tanto en el lugar de la muerte cuanto en el de la memoria del padre. En el lugar de ese recuerdo, de esa palabra que, como la del replicante que antes se mencionara, está en el presente, “dentro de la ‘vida corriente’ y es extraña a esa vida”; como a dos pasos, a la distancia justa, de la prosa con que se escribe la vida cotidiana. Mirar la vida con cierta distancia es ya recordarla. Y, sin embargo, es en ese hacer memoria, incluso cuando la mirada se dirige a la infancia, donde la escritura de D. Mayor alcanza toda su altura política y filosófica.

Porque, ¿acaso puede creer alguien que un título como Conciencia de clase puede ser inocente, o que en él se ha olvidado la referencia a eso cuyo nombre último algunos detestan, pero que nosotros seguimos empecinados en llamar con todas sus letras: comunismo? No soy capaz de imaginar la pobre lectura que del libro harán quienes desde posiciones liberales sólo vean en los recuerdos monumentos conmemorando el pasado perdido de un individuo, ni la frustración de quienes, invariables en su viejo obrerismo, esperen encontrar la voz de ese sujeto revolucionario que justifique sus delirios. Porque Conciencia de clase, el libro, es algo así como una versión precisa de un Manifiesto Comunista para el siglo XXI.

No he contado las palabras ni establecido los cálculos, pero la impresión que deja la lectura es la de que hay una  presencia que se repite sin cesar: la de la palabra “fantasma”. Conciencia de clase es un libro poblado de fantasmas que no pueden dejar de recordarnos aquella sentencia con que se abriese el escrito que Marx y Engels redactasen en respuesta a la solicitud de la Liga de los Comunistas: “Un fantasma recorre Europa, el fantasma del comunismo”.
Pero, ¿qué comunismo es ese que es, él mismo, un fantasma? A través de Conciencia de clase se despliega, no la utopía por venir, sino la constatación de la existencia actual de una comunidad espectral. Las figuras que recorren sus páginas tienen ese carácter aéreo, volátil, como figuras que permanecen en la medida en que son dichas, recordadas por el texto. También la de aquel que habla o escribe, especialmente la del que habla o escribe. Porque éste, ese yo o ese él que se dice aparece como efecto del texto mismo, del hacer memoria y como recuerdo. El poeta aquí no es más que un espectro entre otros espectros. Al fin, como se lee en “Inicio”, “los vivos se convierten en imaginación de los muertos”.
Aquí, la conciencia de clase es conciencia de la pertenencia a esa comunidad espectral. Decía Benjamin, que, en el seno de la lucha de clases, ni siquiera los muertos están a salvo. La lucha de clases es la lucha, no por el bienestar de las generaciones futuras, sino por la salvación de las generaciones pasadas, por la redención de los derrotados. Nuestra victoria hoy no es otra que la revocación de la historia escrita por los vencedores. El presente no salva sino en la medida misma en que en él se actualiza la fuerza del pasado. Espectros de todos los tiempos, uníos: somos fantasmas entre  fantasmas, recuerdos de la prosa con que escribimos, con que se escribe, la vida, porque “vivir es dos veces”. El poeta, como el historiador materialista del que hablase Benjamin, se sitúa y nos sitúa en un tiempo-ahora que es combate contra el olvido: memoria efectuada sin un sujeto que la sostenga, que, de hecho, sostiene al sujeto, a ese espectro entre otros espectros, a esa parte que dice “yo” desde dentro del fantasma  múltiple y poroso del comunismo.

En la lucha de clases ni siquiera los muertos están a salvo, pero, en su último libro, David Mayor ha cavado una trinchera en la que, por unos instantes al menos, ponernos todos, tú, yo, él, los vencidos, a resguardo.


Texto: Pablo Lópiz @pablolopiz

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Análisis

El Canfranc, la TCP y Aragón

Canfranc y la TCP

Aragón, que ha tenido en el pasado estrechas relaciones comerciales y culturales con el sur de Francia, estáhoy aislado de Europa.  Quedó patente, el pasado verano, al cerrarse el túnel carretero de Somport y restringirse el tráfico de camiones en el paso del Portalet. Sin embargo, incluso con el Somport y el Portalet abiertos, las opciones para el sector exportador aragonés se reducen a recorrer 300 kilómetros extra, fundamentalmente por carretera, para alcanzar los pasos situados en ambos extremos del Pirineo, con el incremento en costes que supone.  Una vez se imponga la Euroviñeta, una tasa que habrá de pagar quien transporte sus mercancías por carretera en concepto de costes ambientales y de construcción y mantenimiento de las infraestructuras, la situación empeorará.

El único modo de solventar estas cuestionesen el corto plazo, y con costes económicos y ambientales aceptables, pasa por reabrir el ferrocarril de Canfranc en ancho internacional y electrificado (de justicia con un territorio que ha exportado siempre la mitad de la energía eléctrica que producía,mientras veía a su gente emigrar a donde esa electricidad era enviada).  El tren es el medio de transporte terrestre más eficiente, barato y sostenible a la hora de mover mercancías largas distancias (de ahí la Euroviñeta).  Y en el caso de esta infraestructura, que sólo precisa de renovación, la inversión sería mínima y el impacto ambiental nulo, lo que no es baladí en un entorno de elevado valor ecológico y destino turístico de primer nivel como el Pirineo.  A cambio, las necesidades logísticas aragonesas serían satisfechas, algo que, tomando en consideración la orografía del valle francés del Aspe y a pesar de la obsesión por la carretera, endémica a este lado de la cordillera (la autovía Huesca-Jaca ha fagocitado ya 500 millones de euros, el coste de reabrir el Canfranc, en 50 míseros kilómetros), no es posible ampliando el Somport, mucho menos el resto de pasos.

Canfranc y la TCP

Sobre la capacidad y la rentabilidad de la reapertura se habla mucho y mal.  En 2009 el Consejo Económico y Social de Aragón (CESA de aquí en adelante) publicó el estudio más completo hasta la fecha sobre el Canfranc.  En el mismo se cifra en unos 2 millones de toneladas de mercancías anuales la demanda potencial para el Pirineo central, asumible por la línea Zaragoza-Canfranc-Pau para la que se contempla una capacidad máxima superior a los 3 millones.  El Canfranc reabiertotransportaría más de 1 millón de toneladas y seríarentable desde el primer día.Resultados no exclusivos del estudio del CESApues todos los realizados, algunos por reputados consultores europeos, demuestran viable la reapertura.  Y si hay un proyecto al que se ha mirado siempre con lupa, ese es el Canfranc.
Sin embargo, y a pesar de haber firmado con Aquitania una hoja de ruta que prevé la reapertura para 2020, el Gobierno de Aragón se preocupa más por un proyecto que, en el mejor de los supuestos, no se concretará antes de entre 30 y 50 años.  Es la Travesía Central Pirenaica (en adelante TCP), un nuevo corredor ferroviario para el que hay que construir un túnel de 35 kilómetros que costará más de 8.000 millones de euros y tendrá un impacto ambiental severoen el Pirineo aragonés.

La TCP está pensada para que 60 millones de toneladas de mercancías, llegadas de Asía en mega barcos portacontenedores (tras ampliarse el Canal de Panamá), sean desviadas de sus rutas marítimas y ferroviarias lógicas con el propósito de ser descargadas en los puertos de Algeciras y Sines (Portugal), y trasvasadas al tren para llegar a Europatras recorrer4.500 kilómetros de más y superar un desnivel acumulado de unos 8.000 metros, con un incremento en los costes del transporte de 7.000 millones de euros cada año (22 para las empresas aragonesas).Al margen de las consecuencias para el empleo europeo,y para el medio ambiente,de este modelo global de producción y consumoy de que existan dudas razonables de que sea viable energética y económicamente, semejante acrobacia logística a Aragón se le queda enorme.

Canfranc y la TCP

Lo admiten sus propios promotores cuando manifiestan estar defendiendo un proyecto de Estado.  Y, sin embargo, son los aragoneses los que impulsan la TCP de su bolsillo, financiando la Fundación Transpirenaica y los estudios preliminares e, incluso, un encuentro en Madrid con la CEOE, esto último inaudito en la mucho más realista reivindicación de la reapertura.  Todo esto es inadmisible a tenor de las dificultades financieras de Aragón que han llevado a su Ejecutivo a incumplir los acuerdos firmados con la Universidad de Zaragoza.

Por otro lado, la estrategia que está siguiendo el Gobierno de Aragón de pedir el Canfranc y la TCP en los mismos foros crea confusión en la opinión pública y puede conducir a queno se reabra el Canfranc, perdiéndose una ocasión histórica(Aquitania está reabriendo el tramo Olorón-Bedous y estará en 2016 a tan sólo 32 kilómetros de Canfranc).  Habremos de esperar al menos 30 años a disponer de una conexión ferroviaria con Europa por la que no circularán trenes de viajeros,luego no vertebraráun territorio con graves carencias demográficas (por el bien de Teruel más vale que se concrete antes el Corredor Cantábrico-Mediterráneo) y que sufrirásus impactos ambientales negativos sin recibir, como ha sucedido ya en el pasado, nada a cambio.

Canfranc y la TCP

Aragón debe centrarse en la reapertura y olvidar veleidades como la TCP.  Si en el futuro es necesaria, y puesto que su dimensión es estatal, deberá ser el Gobierno de España quien lo impulsey los aragoneses debatir si les resulta de interés, y en qué condiciones, que atraviese su territorio.  Quizá tengan razón todos aquellos que piensan que la TCP no es sino una cortina de humo, una treta ideada paraesconder las miserias de unos gestores de Aragón incapaces de reabrir el Canfranc.  Una treta que, por otra parte, nos está costando un dinero que no tenemos.


Texto: Diego J. Colás @hiawathazgz

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Análisis

Luengas en desaparición en toda la planeta

Lenguas en desaparición aragonés
Ilustración: Asun Gómez

De primeras imos a fer una rapeda definición (lingüistica) de qué ye una luenga con a fin de centrar o nuestro obcheto de redacción. Pero antis de definir qué ye una luenga, hemos de fer referencia a o lenguache. Isto, o lenguache, ye a facultat innata (institiva) d’os seres humanos ta comunicar-se entre ellos y as luengas son as ferramientas d’as que se’n sirve iste instinto ya sían verbals, de signos, etc. Agora bien, lo que ye una luenga puede definir-se dende diferents anvistas pues ye un concepto muit amplo, pero nusatras nomás atenderemos a dos planos lingüisticos, que son o plano interior y l’exterior.
Internament, una luenga ye un sistema de signos lingüísticos. Seguntes Martinet, a luenga se compondría por dos nivels d’articulación: o primero, que aporta o sinnificau, serían os morfemas y o segundo, que forma o sinnificant, serían os fonemas. Iste segundo nivel se combina ta formar o primer nivel y asinas constituyir as parolas; en zaguer puesto, istas parolas se organizan formando oracions. As disciplinas lingüísticas encargadas d’istos planos son a fonolochía (y fonetica), a morfolochía, mientras que a semántica u a sintaxis son as encargadas d’o sinnificau d’as parolas u d’a suya organización dentro d’as oracions.
Externament, una luenga constituye o mecanismo que emplegamos ta comunicar-nos, isto ye, un medio de comunicación; aquí podríanos fer referencia a o esquema de Jakobson: en un contexto especifico un emisor emite un mensache que se transmite por un canal en un determinau codigo lingüístico dica plegar en un receptor; antimás relacionau con cada uno d’os componens d’iste esquema bi ha tamién una función lingüística concreta: referencial, expresiva, poetica, fatica, apelativa y metalingüistica; por otro costau, ye tamién una traza de vier, comprender y relacionar-nos con o mundo, es decir, o conchunto de parolas compone, a su vez, una idiosincrasia. Por ixo podemos decir que una luenga no ye solo algo lingüístico, sino tamién ye algo social. A principal disciplina que se ocupa d’ista vertient d’a luenga ye a pragmatica, que estudea la finalidat d’a comunicación, pero tamién, a sociolingüística que se ocupa, en parti, de cómo se relaciona una determinada sociedat con a luenga.
D’ista traza, o que ye una luenga puede sintetizar-se d’o venient modo: “una luenga ye un sistema de signos que refleixala capacidat d’o lenguache que tienen as presonas, ye decir, a luenga constituye l’instrumento que emplega l’instinto d’o lenguache; por atro costau son as luengas as que componen as idiosincrasias d’as sociedatz, ye decir, l’emplego d’una u atra luenga condiciona la comprensión d’a realidat”.
Contino, realizaremos un breve recorríu por a historia d’as luengas naturals  d’Occident. As luengas son un tipo d’organismos muit dinamicos que viven gracias a oemplego que os suyos fablants fan d’ellas; asinas pues, a muerte d’una luenga suposa tanto a manca de fablants como a desaparixión d’una visión d’a realidat.

Indoeuropeo luengas lenguas desaparición aragonés
L’indoeuropeo ye considerada a “luenga mai” d’a resta de luengas orientals y occidentals.O descubrimiento d’ista luenga estió en o sieglo XIX quan s’empentó a comparación lingüística, a radiz d’o positivismo: se viyó que muitas luengas, dentre Asia oriental y Europa, teneban rasgos comuns, razón por a quala heban de tener un orichen común. De l’indoeuropeo no tenemos garra documento escrito, ye decir, ye una luenga teorica (una entelequia) reconstruida por a comparación con as atras luengas. Seguntes as zagueras teorías , o pueblo indoeuropeo yera asentau arredol d’o ríu Volga y dende astí emigró a la resta de territorios d’Asia oriental (enta l’este) y Europa (enta os Balcans y enta o norte) a on ievolucionó y naixioron luengas como o sanscrito, o griego, o latín u o gotico. Istas luengas fillas sí que son testimoniadas con documentos, qüestión que facilita prou a investigación lingüística y a investigación sobre a naturaleza d’o lenguache.
O griego y o latín estioron as luengas que más influyoron en as luengas peninsulars, debiu a os diferents procesos de colonización. De primeras, plegaron os griegos en a costa mediterránea, pero no facioron guaires intrusions a l’interior peninsular (pues más que más yera un pueblo maritimo). Habremos d’asperar a os romans ta poder fablar d’a primera luenga colonizadora: o pueblo romano prencipió a expandir-se por a Península italica, luitando (o aliando-sen) con os pueblos vecins; paulatinament, fueron adintrando-sen en a resta d’Europa dica plegar en a Peninsula Iberica por o Mediterráneo y os Pirineus. Dimpués d’asentar-sen en muitos territorios, a imposición lingüística estió un proceso mental, pues os antigos habitants peninsulars (os ibers, celtibers…) teneban a ideya en a suya mente de que o latín yera una luenga superior por o suyo caracter imperial; iste proceso de colonización lingüística se conoix, como hemos dito, como colonización mental. ¿Isto qué quiere decir? Os romans no viedaronoemplego d’as luengas ibericas propias, sino que estioron os mesmos iberos os que triaronsubsumir a suya luenga a o latín. Manimenos, istas luengas peninsulars no murioron sin deixar huella: encara bi ha restos d’ixas luengas anteriors a o latín en l’actualidat; isto ye o sustrato.
Ye esclatero que a evolución d’o latín por toda a Peninsula Iberica estió diferent; ixa ye a razón por a qual hue tenemos ista variedat lingüística peninsular, pero sobre istas luengas feremos referencia más adebant.
Quan yera asentau o latín en cada territorio se desarrolló d’una traza diferent y china chana evolucionó enta las luengas romances; agora bien, iste naiximiento puede datar-se? S’estima que en o sieglo VIII, quan estió a Reforma Carolinchia , se tomó conciencia de que ixo que parlaba o pueblo no yera o mesmo latín que se feba servir en a ilesia, que’n yera o clasico. Asinas pues, podemos decir que dende o sieglo VIII (en a Peninsula Iberica) alto u baixo existen as luengas romances. En la resta de países o naiximiento d’as luengas romances tamién se desarrolló por istas fechas.
No nos movemos d’a Peninsula pa escomencipiar con l’atro bloque d’iste articulo: prencipiamos con a colonización lingüística. Como hemos esbozau en bells cabos anteriors, a colonización lingüística ye a imposición d’una luenga sobre unatra; ista imposición puet estar violenta u no, encara que ixo no quiere decir que sía buena t’a luenga subyugada.
Asinas pues, en a Peninsula tenébanos una reyalidat multilingüe con luengas como lo galego, asturiano, euskera, aragonés, catalá, árabe u castellano. En Aragón, l’aragonés ye naixiu  d’as vals d’os Pirineus y poquet a poquet se expandió por tot o territorio adquirindo por os diferents puestos unas variedatz u unatras. A castellanización d’Aragón prencipió alto u baixo en o sieglo XV y s’agudizó con o matrimonio d’o Reis Catolicos quan os nobles aragoneses cambeoron l’aragonés como  a variedat lingüística de cultura por o castellano; desde istas capas altas d’a sociedat aragonesa baixó dica las más clases populars; iste sería un claro eixemplo de colonización lingüística mental; manimenos, si imos t’o sieglo XX tamién en Aragón podremos veyer una traza de colonización lingüística diferent: ya Sahoïrandi testimonió casos en os que os propios fablants despreciaban a suya luenga y lo consideraban un “fablar basto o un castellano mal fablau”; continando en iste sieglo, mientres a dictadura sí que se viedó loemplego d’as luengas que no estasen o castellano; ista sería l’atra traza de colonización lingüística: a imposición explicita. En a resta de territorios d’a Peninsula las suyas luengas corrioron una suerte similar, pero actualment a suya situación ye millor que no la de l’aragonés.

Globalicazión luengas lenguas desaparición aragonés
Iste no ye l’unico eixemplo d’imposición lingüística d’o mundo, sino que istos se dan a mayor escala. Unatro caso ye l’anglés, antis estió lo francés y en istos zaguers anyos somos viendo una situación similar con l’alemán. Istos tres casos se tractan de colonización lingüística vinculada con a politica; a puyada economica d’istos países, que antimás se refleixa en a suya realidat cultural: en a mente d’os fablants, nomás d’ixos países, sino en o conchunto de fablants d’o mundo: en a mente de totz istos se chenera a imachen de que a luenga d’istos países, exitosos en o plano economico-cultural, ye a puerta, a dentrada d’o triunfo. Ista ye a razón por a que decíbanos en a introducción de l’articlo que luenga ye politica: quan un país destaca en o plano economico-politico, iste exito se traduce en a luenga: bi ha más textos de qualsiquier area escritos en ixa luenga en qüestión ya que ista ye una traza de plegar en más publico. Iste fenomeno ye vistero más que más con l’anglés: vivimos en un mundo en o que l’angles ye considerada como a luenga de cultura, a luenga scientifica, a luenga d’a politica internacional. As conseqüencias d’ista potencia politica, cultural o lingüística son os diferents procesos de globalización, entendendo por ‘globalización’ o fenomeno d’imposición d’una cultura sobre unatra, condenando a ista segunda a un proceso de aculturación, ye decir, a perda de cultura por a imposición. ¿A qui benefician istos procesos de globalización y aculturación? Son as grands potencias economico-politicas as que más se miran de posibilitar iste tipo de situacions “globalizants” ya que istas permiten un mayor y millor control d’as diferents sociedatz: a menos culturas, menos formas de viyer o mundo y más facilidat ta controlar totz os planos d’as sociedatz.
Istos procesos de globalización suposan, como hemos dito, a progresiva asimilación d’a cultura obcheto en detrimento d’a cultura sucheto, que ye a que se pierde. Con isto s’amaga una realidat concreta y rica en pro d’una unificación cultural que afoga la diversidat y fomenta la pobreza cultural. En o plano lingüístico isto se traduce en a perda de luengas más chicorronas en quanto a o numbro de  fablants, no en quanto a o suyo valor intrínseco. De feito, a imposición d’una luenga sobre unatra ye una d’as millors ferramientas d’as que tiene a globalización ta cruzar a atros nivels; y, en conseqüencia, un mayor control sobre istas luengas deriva en un mayor control d’istos procesos globalizadors.
Astí prencipiaría a parti más politica d’as luengas, ya que istos no son procesos que suceden dintro d’a propia luenga, ye decir, a suya desaparición no ye un factor intrínseco d’o plano lingüistico: nunca no s’acotolan ya que as luengas son entes vivos y dinamicos con una grand capacidat d’adaptación; a pervivencia o  a muerte d’una u unatra luenga transciende l’ambito lingüistico ta estar una qüestión social, y lo que ye o mesmo: ye una decisión d’os fablants emplegar una luenga en cuenta d’unatra, nunca no pende d’a luenga como organismo comunicativo.


Texto: Laura Comín @LauraCoGi
Ilustración: Asun Gómez

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Análisis

Construir un Aragón posmoderno

Ilustración: Carlos Azagra
Ilustración de Carlos Azagra

En la maraña actual de dialécticas y subjetividades, merece la pena tomar un respiro y reflexionar sobre el complicado mundo que nos ha tocado vivir, echando la vista atrás, para tratar de plantear un pequeño (y humilde) estado de la cuestión sobre la memoria colectiva (siempre histórica), las subjetividades que la rodean (y legitiman) y el sujeto-objeto Aragón como campo de batalla de las mismas. Me centraré en cuestiones socioculturales, dejando las políticas o económicas para otra ocasión.

Hace seis años tuve el placer de compartir mesa en una charla con el compañero e historiador Lorién Jiménez; aquel evento tenía por título Lanuza must die. Los organizadores, el Zentro Sozial A Enrestida, querían plantear una formación abierta sobre la figura del Justicia, su decapitación (física, moral y simbólica) y las consecuencias identitarias de aquellos hechos. Lorién expuso, de forma contundente, que Juan de Lanuza V sería lo que decidieramos construir. Un Lanuza, mito de las luchas sociales, quizá también un símbolo del país perdido o el icono de una liberación sexual aún por concluir. Esta es la esencia de la subjetividad y la construcción de la memoria: todo fluye, nada permanece estático. La realidad siempre hay que construirla, reinventarla, para que no se oxide y quede caduca.

La memoria y la identidad son finas gotas de agua, dentro de una lluvia incesantemente monótona. Cada gota es diferente, subjetiva en su propia naturaleza, por eso debemos rechazar el simplismo analítico que nos ofrece esa fugaz mirada desde una ventana cualquiera de un edificio cualquiera de nuestro mundo posmoderno. Esas gotas tienen una forma, una textura, caen a una velocidad y con una inclinación. Por eso, dentro de la semejanza, debemos empoderar las gotas aragonesas, desacralizadas totalmente, sin mezclas ni aditivos extraños. Una gota cruda que nos permita relacionarla con otras semejantes, que forman charcos, algunas ríos, otras imponentes mares.

La teoría ofrece suficientes herramientas para hacernos comprender este delicado y húmedo mundo. Desde los trabajos e ideas de Bourdieu, las cuestiones relacionadas con la alienación sociocultural (Lafont, 1971) hasta la legitimación social de la historia (Berger, Luckmann, 1979), pasando por perspectivas psicológicas o ambientalistas. La subjetividad se define por entornos de contraste (nosotros frente a ellos, inclusión y exclusión, pertenencia y adhesión) o como consecuencia de una negociación entre ámbitos colectivos (institucionalizados o no).

La lluvia aragonesa viene empapada de elementos externos, extraños, desde hace tres siglos. El proceso de asimilación del sujeto Aragón dentro del objeto España ha desencajado cualquier tipo de propuesta para recuperar-dignificar lo aragonés desde una óptica de país (de nación). Los tiempos actuales no ayudan: la crisis financiero-especulativa ha sobornado elementos tan consensuados como la autonomía política o la descentralización, dejando abiertas las puertas a procesos que creíamos superados. En el ámbito catalán, todos recordamos la intención del ministro de Educación, el señor José Ignacio Wert, de españolizar a los alumnos de ese país, recordándonos que el Estado restringe las funciones culturales de legitimación, socializando en sus ciudadanos (súbditos) actitudes favorables para perpetuar el régimen establecido (Letamendía, 1997: 28). No se puede decir más claro.

La memoria subjetiva del objeto Aragón lleva varios años en crisis. En 1978, el Partido Socialista de Aragón firmaba en su programa que “en Aragón existió una estructura de poder propia hasta la llegada de los borbones, la fabla y el chapurreau, lo mudéjar y la jota, además de una idiosincrasia perfectamente conocida y muchas veces denigrada (lo “baturro” es un producto zarzuelero del Estado centralista)” (Serrano, 2005:133-134). Esta narración, subjetiva y de legitimación alternativa, fue amalgamando a toda una generación de personas, que han ido estructurando lo que podemos denominar como aragonesismo político-cultural, bajo el triángulo organizativo REA-CFA-CHA. Una subjetividad que tuvo relativo éxito pero no produjo espacios sociales para que creciera su aceptación. Una narración que se debilitó por la base, siendo asediada por el nuevo (pero viejo) nacionalismo banal español. Las fechas históricas son un buen ejemplo de este fracaso: mi querido amigo, y amante de la historia, Chesús Giménez Arbués, siempre se lamentaba por el escaso cuidado de las citas históricas relevantes, sea el 29 de junio de 1707, el 20 de diciembre de 1591, o aniversarios como el de los seiscientos años del Compromiso de Caspe. Mucha miga para tan poco pan.

La memoria, el imaginario colectivo, siempre se refiere a la realidad, ya que permite contextualizar nuestra experiencia cotidiana (subjetiva). El imaginario sirve para mantener el status quo del sistema o para transformarlo. Esta dialéctica genera conflictos, aunque no cuestiona la existencia misma del propio imaginario. En Aragón, podemos describir una visión externa (española), basada en el concepto de atraso, y que jerarquiza elementos como el conservadurismo, el paisanaje (lo rural como retrógrado) o lo extraño (las rarezas y tradiciones). Y por otro lado, tendríamos una visión interna (aragonesa), en la que el arraigo-desarraigo juega un papel central, combinado con el autoodio-autoestima, la influencia de la migración (los que se marchan) y la paradoja de pensar y actuar.

Este imaginario se interrelaciona con las políticas sobre la memoria que se han construido en Aragón. Cabe hablar de lo público-institucional, ya que se sigue legitimando un escenario de baturros (la jota de forma masiva), con una historia gloriosa pero desarticulada (visión liberal española) y con capacidad para universalizar el discurso (Goya, Buñuel, Expo 2008). Pero todo esto ha sido otro rotundo fracaso (la catalanofobia es un síntoma de esa incapacidad).

Terminamos este artículo con una idea positiva. Desde la ordenación del territorio ya hay consensos sobre lo que algunos autores denominan inteligencia colectiva (Rullani, 1998); es decir, permitir el desarrollo territorial en base a la puesta en común de conocimientos, lenguas, culturas y sentimientos generadores de identidad. Tenemos el caso de algunas comarcas de Gales, como South Gwynned, con un fuerte sentimiento de pertenencia a la cultura céltica y una percepción generalizada de querer diferenciarse de Inglaterra. Con esta idea, han ido creando sinergias colectivas, con la lengua galesa como base para la intervención y dinamización del turismo cultural, en el ámbito de la literatura, música, arquitectura o enclaves históricos. En Escocia y Catalunya tienen muy estudiado este paradigma desde hace años; la planificación de su memoria colectiva se basa en construir desde estos planteamientos: visiones alternativas que generen subjetividades nacionales al margen del dominio estato-nacional.

Las estructuras dominantes de una sociedad son las que marcan la línea del éxito, el discurso mediático propone las reglas del juego, expulsando a la marginalidad a transgresores, innovadores o rebeldes de la identidad. No es nada fácil el desarrollo colectivo, el sistema manda y ahoga. Por eso la idea de país como consenso básico y constituyente, es fundamental para reforzar la memoria colectiva aragonesa. Aún estamos a tiempo de generar subjetividades… o no?


Texto: Daniel Lerín @Danilerin
Ilustración: Carlos Azagra