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El Centro Luis Buñuel, una fábrica de ideas para un barrio

“Cada ciudad puede ser otra cuando el amor la transfigura.
Cada ciudad puede ser otra cuando el amor pinta los muros”

Mario Benedetti

 

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Uno de los espacios recuperados en el CSC Luis Buñuel

La suma de mil calles no forma una ciudad, tampoco un barrio. Pero la suma de su gente, de su tejido social, de sus actividades, sí. En el casco viejo de Zaragoza, a orillas del río Ebro, el antiguo Instituto Luis Buñuel dormía el mortífero sueño de la administración que lo había cerrado en el año 2005, condenándolo al deterioro que conlleva el abandono de los edificios. Y así fue hasta que en 2012 un grupo de personas, pertenecientes a diversos colectivos del barrio, llenas de iniciativas y proyectos, pero sin espacio físico para desarrollarlas, decidieron que el antiguo y olvidado instituto era el lugar perfecto para poner en marcha toda su fábrica de ideas y actividades, es decir, decidieron devolver a la vida el edificio. Y lo hicieron de la mejor forma posible, a través de un proyecto colectivo de transformación social, de participación y de trabajo comunitario. Construir desde abajo y en colectivo, generando ilusión en la gente del barrio.

CSC Luis Buñuel Asamblea
Asamblea del centro social

Poco a poco, mientras el país se sumía en una crisis ética y política, donde cada día un nuevo caso de corrupción nos sacudía, la gente del centro social comunitario Luis Buñuel, con su trabajo voluntario pero con resultados profesionales, volvía a llenar de palabras, música, plantas, ritmos, cultura y color las aulas y su espléndido patio. ¿Puede haber algo más valioso y elogiable para una ciudad y para un barrio que el trabajo que se realiza en el CSC Luis Buñuel? Porque devolver la vida a un edificio abandonado y convertirlo en lo que hoy es este centro es incentivar la vida del casco histórico, es darle valor, darle la atención que necesita. Y sobre todo es apostar por su gente, por su potencial creativo, por su derecho a desarrollarse libremente.

Y para muestra, algunas de las actividades que el centro ha realizado, más de un total de cuarenta, además de siete de carácter permanente: Actividades educativo-formativas. Taller de radio comunitaria. Montaje de ordenadores reciclados. Cine y ecología. Espacio de silencio. Huerto comunitario. Actividades socio-participativas. Espacio para asociaciones. Espacio de crianza. Observatorio de derechos humanos. Centro de gestión de conflictos y relaciones personales. Promoción del autoempleo. Actividades culturales, deportivas y lúdicas. Teleclub. Espacio deportivo. Actividades y espectáculos al aire libre. Lectura de poemas. Mercado de trueque, charlas sobre la moneda social “Ebro”, promoción de los mercados de trueque. Clases de salsa e iniciación a la bachata. Teatro. Laboratorio de Clown, ritmos de Resistencia, grupo de teatro de mujeres y el inicio de la cafeta y ludoteca como lugar de encuentro, de reuniones y de espacio de ocio alternativo.

Hasta que surgió el Centro Social Comunitario Luis Buñuel, el antiguo instituto era, parafraseando a Luis Cernuda, un lugar donde habitaba el olvido. Ahora es todo lo contrario, el centro es un valor en alza que puja en el mercado de la imaginación. Porque ese es uno de los mayores tesoros de este centro, la imaginación frente al olvido, frente a la nada. El pasado 27 de enero, el ayuntamiento dio luz verde a la adjudicación de las obras de adecuación del Luis Buñuel. La rehabilitación está en marcha. Ahora el siguiente paso es hacer efectiva su cesión y recordar que la gente que un día decidió ocupar un edificio varado para ponerlo en pie ha conseguido, entre otras cosas, que Zaragoza forme parte de la red de ciudades europeas que dinamizan los barrios a través de proyectos sociales.Una alternativa a la cultura enlatada a la que nos tiene acostumbrados la administración.

Porque la suma de mil calles no forma una ciudad ni un barrio. Pero la suma de las actividades de un centro social comunitario como el Luis Buñuel sí suma mil barrios, mil ciudades y todos con un denominador común: enseñar y aprender, vivir y crecer desde la igualdad con un decorado perfecto, cultura para todos y todas.

CSC Luis Buñuel celebración
Concierto en CSC Luis Buñuel

Texto: Marta Navarro @martanomada
Fotografías: Juan Manzanara @jmanzanara

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Cultura

Cómo salvar su cine y espacio común local: Ainzón

Cine de Ainzón
El cine de Ainzón es uno de los cines activos más lóngevos de Aragón

Ainzón tiene un cine, y tan simple como pueda parecer decirlo, se trata, sin embargo, de una tarea casi titánica mantenida desde la solidaridad de los y las vecinas del pueblo. Si en diciembre de 2014 cerraba el cine de La Almunia de la Godina, en las últimas décadas han ido echando la persiana otros como el de Mallén, mientras que en la vecina Borja la sala Cervantes mantiene una actividad intermitente a causa de la escasa viabilidad económica de este tipo de cines en tanto que  negocio.

“Historia de este cine”

Puede, y que disculpen los lectores más avisados, que mientras duren las obras por reforma del Eliseos de Zaragoza (1944), el cine de Ainzón sea el más antiguo de los que siguen en activo en Aragón, a la par de las salas Palafox, también en Zaragoza.
En efecto, la sala de Ainzón se establece entre 1950 como espacio en el que dar estabilidad a las proyecciones itinerantes que recorrían la comarca. Un poco por dar la posibilidad a la juventud local de no tener que acercarse hasta Borja, otro poco por tenerla controlada y otro por ser “cura joven”, Mosen Alfredo Balaguer, uno de los sacerdotes del pueblo, conseguía la cesión de una nave que hacía las funciones de salón de baile en la carretera como espacio para un cine parroquial. Su primera proyección fue La perla maldita, y muy pronto se consolidó con cuatro proyecciones a la semana, eso sí bastante en precario como recuerdan “había que bajar con la silla de casa y pagabas 1 peseta por entrar, no había socios”. Cuatro años después el ayuntamiento conseguía la permuta de unos terrenos en el barrio bajo y se alzaba el edificio que albergaría de manera definitiva el cine.
La progresiva penetración de la televisión en los hogares del pueblo, junto con la pérdida de población en los años sesenta y setenta, los videos domésticos,… Todo se convertía a principios de los ochenta en un cóctel explosivo que amenazaba su continuidad. Pero como suele ocurrir, esos momentos de crisis suelen dar la medida del apoyo social, de la fortaleza de la red que sustenta a una comunidad. El cine cesaba en 1985 su vinculación con la Iglesia y pasaba a ser gestionado por un Cineclub con más de 300 socios (sobre poco más de 1.000 habitantes), abriéndose una nueva etapa, puede que la más optimista del cine, y eso a pesar de la crisis de las salas de proyección el medio rural y de la cantidad de requisitos técnicos con los que, desde finales de los 90, tendrían que lidiar todas las salas.
Aunque la colaboración con otros espacios de la comarca, la implicación de los vecinos y el carácter casi comunal del cine iban a garantizarle una cierta estabilidad de la que carecerían otros proyectos menos arraigados -como los muy próximos de Magallón o Borja-, los carísimos requerimientos técnicos del sector amenazaban con llevárselo por delante, como harían con todos los cines de barrio urbanos y multitud de salas alternativas o no, grandes o pequeñas, por todo Aragón.

Transición al digital

Y es que la intrahistoria técnica del cine a lo largo de los años parece una carrera de obstáculos destinada a desembarazarse de los espacios pequeños, alternativos, favoreciendo las grandes a distribuidoras y a los (multi)cines masivos. Echando la vista solo unos diez años atrás, Marigel Adel  -presidenta de la asociación Cine-club de Ainzón- nos cuenta como desde 2002 el cine había tenido que afrontar la renovación del sonido de la sala (2002) y un cambio de proyector -pasando de uno vetusto de carbones a los más recientes de lámparas de xenón- en 2009.
2014 amaneció con un nuevo obstáculo tecnológico, que se sumaba a la crisis del cine y claro, a la económica. El proceso de transición desde la película de rollo de 35 mm. a los formatos digitales había cogido fuerza en Estados Unidos y Reino Unido desde 2005, en medio de grandes críticas que incluyeron a directores como Quentin Tarantino, Steven Spielberg o Paul Thomas Anderson; a pesar de los detractores, de los elevados costes y de los problemas técnicos que suponía el formato digital -como el almacenamiento a largo plazo- la industria ha conseguido que en apenas diez años se haya abandonado el formato film en casi todos los países europeos. Este cambio, que no tendría que suponer mayor problema más allá de lo técnico o lo romántico, en España se ha convertido en una losa para cientos de cines, puesto que las administraciones públicas, al contrario que en el resto de Europa, han decidido no ofrecer ningún programa de ayudas específico para el paso al formato digital.
Si bien el apoyo de la gente del pueblo permitió recaudar bastantes fondos y conseguir nuevos socios al cineclub, las cifras seguían sin cuadrar, porque 34.000€ del nuevo proyector digital eran muchos euros. Montantes similares han echado para atrás otros proyectos como el de Un Nuevo Renoir (v. artículo en p. 20) en Zaragoza, así que era previsible que en una localidad mucho más pequeña los problemas para sufragar una nueva máquina se convirtieran en insalvables.

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El cine es la sede anual del festival Animainzón

Espacio común

Pero como nos dice María Antonia -Toñi- Tabuenca, vocal de la junta de la asociación que lo gestiona “el cine está por encima de partidos políticos y de lo que sea”. Por ello, tras muchas actividades de financiación colectiva -incluidas carreras populares, sorteos y más-, tras muchas puertas llamadas y pocas respuestas, finalmente a finales de 2014 la Diputación Provincial de Zaragoza concedía una subvención que abría el camino al nuevo proyector. Resulta difícil saber cuántos cines -urbanos, rurales, comerciales, alternativos- podrían haber sobrevivido a la reconversión si hubieran contado con un pueblo detrás como en el caso de Ainzón para luchar por su continuidad. También parece complicado saber cuántos más podrían haberlo conseguido de haber contado, como decíamos, con un programa público de apoyo en ese proceso.
Por todo esto, parece que al final la historia de espacios como el cine de Ainzón se compone de un ingrediente básico: personas muy concretas y nombres muy anónimos. Entre los primeros, Marigel y Toñi nos destaca, además del párroco que lo fundó, los operadores y cabineros del cine o Pedro Cruz, quien se encargó de organizar la asociación en los años ochenta, el proyecto que lo hizo viable, o el actual distribuidor, Generoso Hernández, quien, entre otras cosas, ha sido “una gran ayuda” durante el proceso de cambio de máquina.
En el otro lado, los nombres muy anónimos, que son los y las vecinas del pueblo engrosando la nómina de socios, que ha aumentado por encima de los trescientos con la crisis, dándose una extraña convergencia entre la necesidad -de no bajar hasta Zaragoza al cine- y el altruismo de mantener un proyecto común. Proyecto nutrido, por otra parte, de la colaboración con otros cines en Calanda, Calahorra o el vecino de Borja, la cual permite ofrecer títulos más actuales y a menor coste.
La solidaridad y la colaboración mutan. En los años cincuenta y sesenta el edificio se levantó (y sus butacas se fabricaron) con el trabajo desinteresado de decenas de vecinos ejerciendo de electricistas, albañiles, ebanistas,… En los ochenta, como hemos visto, este esfuerzo común tomó la forma de organizarse como asociación para asegurar su futuro -o de conseguir de tapadillo las butacas del antiguo cine Pax de Zaragoza-. Ahora el cine precisa de reformas; se ha conseguido superar el primer desafío, el proyector, pero varias décadas no han pasado en balde, ni en sus muros, su calefacción o sus butacas. Para lograrlo, y es una tarea de nuevo titánica, Marigel y Jose confían en la capacidad del pueblo para movilizarse, como siempre ha ocurrido cuando se ha tratado del cine.


Texto: Redacción Subarbre
Fotografías: Javier Gracia

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Cultura

Otras alfombras rojas: Festivales de cine en el mundo rural

Ilustración: Guillermo Fdez. Oroz
Ilustración: Guillermo Fdez. Oroz

Según la R.A.E. “Festival es un concurso o exhibición de manifestaciones artísticas o deportivas”. En el caso del tema que nos ocupa, “concurso o exhibición de manifestaciones artísticas cinematográficas”.

En la actualidad, en Aragón tenemos un buen número de festivales de cine. Aunque, ya en Zaragoza, en 2014 se realizaron unos siete en total, y el Festival Internacional de cine de Huesca celebró su 42º edición, la realidad es que de los más de veinte festivales de cine que se han hecho en 2014, la gran mayoría han sido en los pueblos de nuestra geografía. Muchos ya tienen muchos años, como el FESTILA, en La Almunia de Doña Godina y otros, como el de Festival de cine de Fuentes, en Fuentes de Ebro, han sido un excelente medio de promoción para artistas aragoneses. Exiten el Obuxofest, el Festival de cine mudo de Uncastillo, el Certámen de cine de Bujaraloz, el de Cine y Mujer en Andorra, la muestra de cine animado de Ainzón, el de cine y comedia de Tarazona o la muestra de cine invisible de Benásque. Todos ellos de gran calidad, pero queremos centrar las miradas en aquellos festivales o muestras cuya temática principal o parte de ella, trata sobre el mundo rural en sí mismo.

El pueblo como sala de cine
El objetivo común en todos ellos es situar el pueblo en el mapa pero aquí van más allá e invitan a la reflexión sobre lo que significa vivir en un pueblo. En Urrea de Gaen (Teruel) lo tenían claro y por ello, desde el 2010, el Centro de Estudios del Bajo Martin organiza el FESTIFAL, un festival de cine al uso, en el que los concursantes presentan sus cortos y documentales pero con el requisito imprescindible de tener una temática rural, para que luego un jurado seleccione quince finalistas entre todos los trabajos recibidos y que se proyectan en el festival.
“Cine grande en pequeño” es una red de festivales independientes que nació en 2013 con los objetivos de coordinar, apoyar, formar y difundir a pequeños festivales con vocación de mostrar un cine alternativo en pequeños pueblos. A dicha red pertenecen tres que se realizan en territorio aragonés. En Boltaña, en Ascaso y en Aineto.
En Boltaña, la sección de audiovisuales del Centro de Estudios de Sobrarbe, con el apoyo del servicio de cultura de la comarca, organiza desde el 2002 el Festival internacional de documental etnográfico “Espiello”. El nombre, “espejo” en aragonés, lo eligieron al hilo de su intención de unir cine y etnografía, esto es, crear un reflejo con el que poder observar cómo los ven desde fuera, como ven a los demás y cómo se ven ellos mismos.
Sin dejar Sobrarbe, tenemos el Festival de Cine más pequeño del mundo. Ascaso es una aldea que fue abandonada como muchas otras por sus vecinos en busca de un futuro fuera y que ha sido recuperada afortunadamente. Asi pues, en 2011 nació la Muestra de Cine de Ascaso, cuyo objetivo es enseñar el cine de autor trabajos alternativos y de gran calidad pero que no tienen cabida en los circuitos comerciales. Y que mejor lugar para este “cine pequeño” que un festival pequeño pero que con el gran trabajo de los implicados, junto con el apoyo logístico del Ayto. de Boltaña, la Comarca de Sobrarbe y mas de 30 voluntarios han logrado que poco a poco se vaya consolidando dentro de los circuitos.
Precisamente, en otro pueblo recuperado, se realiza desde el 2012 otra muestra de cine rural. Bajo el lema de “Ruralidad, Rebelión y Resistencia”, los habitantes de Aineto, un pueblo autogestionado situado en la zona de La Guarguera. Pertenecen, junto a “Espiello” y la muestra de cine de Ascaso a la “Red de cine pequeño”, un punto de unión y coordinación nacido en octubre del 2013 para llevar el cine a pueblos pequeños y dinamizar la vida rural y encontrar alrededor del cine nuevos espacios socioculturales.


Texto: Diego Medina @oreillegtturbo
Ilustración: Guillermo Fernández Oroz

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Cultura

Zaragoza: Otros cines en las tripas

Cine Renoir de Zaragoza

Desaparecidos y poco a poco olvidados, entre otros, los espacios Buñuel, Goya, Renoir, Fleta, o las tres salas Aragón, cercanas al Paseo de la Independencia, todavía queda al cinéfilo de Zaragoza la opción del Cine-Club Cerbuna, de Las Armas, del Centro de Historias o de la maltrecha y recortada Filmoteca; todavía le queda al aficionado tomar prestado un DVD de una de las bibliotecas públicas (si las encuentra abiertas) y verlo en su casa, quizá con algunos amigos.

¿Hay espacio en la ciudad, locales para un espacio que una a los que aman otro tipo de cines frente a las mismas películas proyectadas en multitud de salas de los centros comerciales?  Es posible que ese espacio exista en las tripas de Zaragoza, pero todavía no en su cabeza, ni en su corazón.  Pero lo que suceda en sus tripas es esencial para que surja la gran ilusión de una Zaragoza en la que quepa una sala de cine con carácter propio, permanente, que apoyada por sus vecinos, sea orgullo de la ciudad, que la represente, que le dé otra cara, más allá de lo económico, en busca de lo educativo, lo único que puede transformar y mejorar la ciudad.  No es imposible; su opción de existir está ahí desde hace tiempo.

Al cierre de las salas Renoir de Zaragoza,  David Trueba escribía: “Un cine cerrado es otro sueño que no encuentra su dueño”.  Los cines cerrados, en lo que se hayan convertido en cada caso particular, definen también -son un síntoma- de aquello en lo que una ciudad se ha convertido.  Eso será lo que somos.
Pero siempre se puede cambiar el rumbo.

De momento, de las tripas salen pequeñas iniciativas.  Siempre existirán.  Pero queda agruparlas, unirlas, para ver el cine en común, con alguien sentado en la butaca de al lado, alguien con el que entablar una conversación sobre lo que ve.  Mientras tanto, nunca se pudo acceder, por vías alternativas, a tanto cine, en versión original, libre.  Pero si no se comparte, la experiencia cinematográfica del espectador no es completa.  Es ausente, fría, aislada; rompe la acción.

Zaragoza tiene a sus guerrilleros del cine; les gusta la independencia.  Queda ver si finalmente, los generales cinéfilos, desahogados en sus cuarteles, deciden ponerse en primera línea de batalla y meterse en el barro.  Sólo ellos, unidos, pueden encabezar una primera línea de batalla y buscar esa sala de cine independiente.  Han de unirse en la refriega, con casco y fusil, para combatir por una ciudad mejor.  Mientras tanto, los avances técnicos dejan la esperanza de futuros cines en cualquier parte, en cualquier rincón.  Queda esa esperanza.  Quizá el cine esté en una encrucijada, pero acabe volviendo con mayor fuerza, más libre.

Texto: Sergio Casado @unnuevorenoir


 Cronología de un sueño por estrenar

El 10 de Mayo del 2012, tras quince años abiertos, los cines Renoir del Audiorama echaban el cierre. Pasados unos meses, a finales del 2012, tres de los trabajadores Carlos, Elena y Oscar, decidieron aunar esfuerzos para reabrir los cines. Se creaba un Nuevo Renoir.

Una cooperativa de microcine, sin ánimo de lucro cuyo primer objetivo fue el de concienciar sobre la necesidad de contar en Zaragoza con una sala en la que se proyectase un cine de calidad, un punto de reunión para cinéfilos que se desmarcase de las multisalas de centros comerciales. Desgraciadamente, para lograr la reapertura necesitaba una inversión de doscientos mil euros, sobre todo ligados al proceso de digitalización.

Un año después, en mayo del 2013 algunos medios de comunicación se interesaban por el proyecto y el ayuntamiento exploraba vías de colaboración siempre, claro está, que no les supusiese dinero alguno. Debido a la dificultad para reabrir en el antiguo local de los cines, decidieron dar un paso más alla de las redes sociales y empezar con proyecciones en otros locales. Por ejemplo, el 14 de junio del 2013, con la ayuda de la Universidad, se proyecta “Holy Motors” en el Cine del C.M Pedro Cerbuna.

Su última aparición se produce a punto de cumplirse dos años del cierre de los cines; en marzo del 2014, uniéndose al cine club de La Salle Gran Via para recordar a Alberto Sánchez, cinéfilo y cineasta, muy vinculado toda su vida al mundo del séptimo arte como fundador del citado cine club y fallecido en 2009. Para ello, el día 21 pasaban en el salón de actos del colegio el clásico del cine “Casablanca”.

A partir de entonces, debido a las dificultades encontradas para reunir loa apoyos necesarios, decidían ellos también echar el cierre a su iniciativa de “Un Nuevo Renoir”. Sin embargo, no han desaparecido, no del todo. Aun continúan trabajando en la sombra para lograr resurgir con más fuerza si cabe.

Texto: Redacción Subarbre

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Cultura

Ya la hemos matado. Ahora a rematarla (Cultura en el siglo XXI)

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Wert Campeón

Al mismo tiempo que esa idea revolotea sobre muchas cabezas otros se llenan la boca con su supuesto apoyo incondicional a la cultura. Los mismos que ponen zancadillas a la hora de impulsar cualquier propuesta que no les otorgue su esperada medalla. Porque nos guste o no, aquí lo que prevalece, por encima de todo, es la foto. Y eso comporta que la iniciativa privada rellene todos esos huecos que lo público, eso que pagamos entre todas no solo deja vacío de contenido, sino que además lo usa de escombrera.
Llámese iniciativa privada o popular, profesional o altruista, sin distinción, aunque cada una, evidentemente, con sus respectivos matices. Sus pros y sus contras. Sus contradicciones y sus carencias. Sus aciertos y sus despropósitos también. Nada está libre de la opinión ajena, es así y siempre será así. Hacer cualquier cosa es estar expuesto a la crítica siempre, y en algunos casos muy destructiva si cabe. Sea como sea, aportar tu grano de arena es algo de por sí elogiable, mucho más que darle al “me gusta” en Facebook o buscar la paja en el ojo ajeno mientras invertimos horas de sofá.
La cuestión es que en el momento político, económico y social que estamos viviendo, y al que nos hemos dejado llevar, encontramos una frenética actividad a nivel cultural, al margen de las instituciones. Y eso debería hacernos reflexionar bastante del porqué nos encontramos ante este fenómeno.
Por un lado tenemos a esa gente que siempre se ha mantenido activa por pura necesidad, placer o devoción, que siente la cultura más allá de cualquier tipo de interés, más que por la propia satisfacción. Héroes y heroínas sin capa ni máscara.
También las hay que compaginan ilusión con profesionalidad, los hay que en lo puramente profesional ejercen muy bien su trabajo y también tenemos quién no quiere moverse de su poltrona bajo ningún concepto. Esos que han dirigido el barco con su mala gestión y con su falta de vocación hacia la deriva. Ahora intentan sacar los botes salvavidas al grito de “sálvese quién pueda, yo primero”.
Les vemos llenarse la boca con elogios dirigidos a esos músicos precarios, a esas actrices “amateurs”, a bailarines y pintoras que compaginan, por necesidad, su pasión con trabajos eventuales en ETT’s, mientras no les facilitan formalizar su situación y se les persigue ley en mano. Añadimos el destructor 21% de IVA y la privatización de espacios públicos para solo unos elegidos, y llegamos a un panorama de lo más bipolar.

Los mismos que vetan la cultura a adolescentes, prohibiendo la entrada a menores de edad en eventos, mayoritariamente, musicales. Volvemos a la época de demonizar el rock and roll, vamos a más. Años clave para que ese relevo generacional tan necesario se impregne de la pasión de vivir, sentir y ser partícipe de la música en directo. Y por el contrario se les veta la entrada, ni acompañados por un “adulto” tienen acceso. Hecho que resulta contraproducente y necesario de ser revisado.
La mayoría de personas que se dedican a la música han dado sus primeros pasos en la adolescencia: ¿sólo pueden hacerlo en casas de juventud o actividades del consistorio y sus distintas derivaciones? Que está muy bien, pero no se puede quedar solo reducido a eso.  Panorama desolador. Como padre me niego a que mi hijo se vea limitado a eso, no es moralmente aceptable que no pueda experimentar lo que muchos hicimos con catorce o quince años, asistiendo a nuestros primeros conciertos u ofreciéndolos. Y en salas, que es lo que toda chavalería necesita experimentar. Si el problema es el consumo de alcohol igual deberíamos plantear que el problema está en la base, en la educación y el conocimiento. No pongamos más semáforos para evitar atropellos, sentido común.
Un fenómeno que acecha a nivel estatal como el de diferentes gestoras, sí, esas que también guardan los intereses del artista, al mismo tiempo que les colocan la soga y que son noticia, cuando interesa, sus desfalcos y despropósitos económicos. Más cercanos a la extorsión que a la gestión. Regentados por otros tantos “artistas”, permítanme usar el término, revenidos que necesitan que siga funcionando la maquinaria debido a su escasa creatividad a día de hoy. Gestoras de derechos de autor que van perdiendo credibilidad, incluso entre sus socios, por mérito propio.

Podríamos citar también a esos medios especializados en los que o pagas o no existes; no es una leyenda, la lista sería interminable. O el hacernos creer que todo es gratis con la bendita era digital.
En definitiva, somos responsables directos de todo esto, por dejarnos llevar a la deriva hasta que llegar a una situación en la que parece que no pueda ir a peor, pero sí, todavía podemos rematarla. Es un deber moral tomar parte de esto para darle la vuelta, con nuestros actos y nuestro día a día. Muchos depositan esa ilusión en las urnas, las mismas que dictaron sentencia de muerte. Respetable, tanto como la presión popular, esa que nunca debió dar el brazo a torcer ante estas salvajadas. Ya lo decían esos punks visionarios: No Future! Casi cuarenta años más tarde nos damos cuenta que no estaban tan locos. Salut!


Texto e ilustración: Jaume Esteve @Comunicanroll

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Cultura

Gaire: Cercano y libre, largo y luen

Gaire Largo y Luen Musica Zaragoza Aragonés
Concierto de Gaire, presentando ‘Largo y Luen’ en la Sala Arrebato de Zaragoza

O zaguer nueu de chinero, una miqueta más tarde d’as ueito previstas. Un Arrebato de bit a bot calla en sentir as primeras notas de “O viello”. Ye a primera canta d’o concierto de presentación d’o primer disco de Gaire, “Largo y luen”, y en empencipiar o concierto remata tot o suyo proceso de creyación.
Bells diyas dimpués d’iste concierto mos trobamos con Chabi y Furo, con un pomo de biera en as mans, pa averiguar que ye dezaga d’ista colla, diferent en muitos sentius dende fa anyos, encara que o suyo primer disco salga agora.

Gaire

“Gaire [gamberro] nomás  ye una parola que me diciba la mía lola quan yera chicot, bueno, y quan yera gran tamién. Quan remató a Dechusbán, prener iste nombre yera fer un cambio”

Gaire no ye una colla nueva. U sí. En bell sentiu ye continar con o esprito d’a Dechusbán, a colla que Furo -Fernando Bravo, alma mater d’as dos- emprencipió en 1999. Os suyos dos discos -En a garchola de l’esmo mío (2002) y Cucadetas (2010)- s’aluenyaban d’as tendencias chenerals en a mosica aragonesa en creyar un pop-rock prou cercano a o folk, fendo servir instrumentos tradicionals (gaita de boto) y l’aragonés como luenga t’as parolas.
Manimenos, dimpués de quitar “Cucadetas”a Dechus s’aturaba. A necesidat de cambios vitals y artisticos les levaba a prener ixa decisión, a replantear o prochecto mosical. “En ixe momento, alto u baixo ye quan marchan t’atros puestos Chusé y Betur, y mos quedamos un  poquet asperando a veyer t’a on quiere tirar Furo. A resta mos achuntábanos, fébanos bieras, porque ixo continaba. A qüestión yera -y ye- fer cantas y contar historias, pero caleba asperar a que fese una decisión”, una mena de aturar-se pa fer una uellada enta o viache.

Chabi “Para cuenta. Dos u tres anyadas y sais cantas”, Furo “ Ye largo y luen”

Pero lo camín enta iste cambio no sería ni facil ni curto, porque, como reconta Chabi, “quan remató Dechusbán i habió un tiempo de desierto, de fer no cosa, de no achuntar-mos pa fer mosica. Vinioron os viaches de o Furo,  nuevas influencias”. Os primeros trangos pa reprener ixe camín se facioron en 2011, quan, mos cuenta Furo, “yo yera tanyendo con Fer, fendo No más que Solencos”, un proyecto “puent” an que i participaban Fernando Blasco y Furo, qui remera que “i febanos versions de Quique González, Levellers, cantas viellas d’a Dechus”, explorando nuevos estilos, “y aprofeitamos ta cambiar o concepto, de Dechusbán a Gaire”.   Ye o momento (2011-2012) an que fan viaches-chiras chicorronas, os dos -Fer y Furo- por Sicilia, con conciertos en o Pirineu, Barcelona, o Patio Maravillas de Madrit y, prou que sí, en Zaragoza.
Ye en o concierto d’aviento de 2012 en l’Eve’s Bayou d’a capital que se siente por primera vegada o nombre de Gaire. A endrecera ya ye pillada, y encara que china chana, s’ubriba un periodo mientres que a nueva colla deixaría dezaga bellas influencias y sonius y afondaría en atros, como lo pop más minimalista y a canta de autor.

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En este concierto de Enero del 2015 Gaire presentó en la Sala Arrebato su último disco “Largo y Luen”

Furo Gaire Largo y Luen Musica Aragonés Cultura
Furo, el cantante y creador de muchas de las letras de Gaire

“As cantas vienen de barucas de toda la mía vida.” Furo

 

Estilo

Quan prencipian Conmormori u O viello sobateao ista evolución se torna encara más vistera. Mientres que Borzarins o Trangos conservan ixa ulor a folk-rock de Waterboys o El Bosque que animaba a Dechusbán, ixas dos zagueras cantas esdevienen piezas pop, centradas en o esencial: melodía, historia. Ya lo diz Furo, quan reconoix que a Dechus yera “más folk y con radices e instrumentos más tradicionals, y agora, encara que femos folk, manimenos, yo creigo que ye una endrecera muito más guiada a lo que ye lo pop”.
Pero bi ha atras cosas que han cambiau, no solo que a mosica. Ya no les cal fer os conciertos devantaus; agora gosan de fer-los sentaus. Puet estar que ixa traza le vaiga millor a la suya mosica, porque funciona. As parolas tamién,“son diferents, mos cuaca más fer un poquet más d’esmo y sentimientos en lo que queremos dicir, y de tot ixo fer-ne un mezclallo con as mosicas. A la fin no ye que un cambio, una traza de fer-lo diferent”, seguntes reflexiona Chabi.

Quan fas pop ya no bi ha stop

Y ye que dende ixe concierto d’a fin de 2013 dica huei, componer o disco, escribir as suyas parolas tot ha estau un viache y un fer-se-ne. Manimenos, como buen viache, no ha estau pas una linea dreita, sino que ye “estranyo, porque yo me foi a idea que a vida ye como una espiral y o viache no tien fin. Alavez, puet estar que más que un viache parle de dondiar por as carreras u por atros países. Ye fer-le caso a tot lo que veyes y sientes”.
Una d’as cosas que más truca l’atencion ye ixa capacidat plastica de debuixar paisaches y trayectos con a luenga. “No, solo son historias, pensamientos d’una persona que amenista aduya pa dicir cosas”, diz Furo, e ixo vale pa las cantas:

“‘O viello’ ye o recorriu d’una persona que se veye unas vegadas solenco, atras con miedo. Os cambios en os puestos charran d’ixo, de que no concibo que a chent se sienta asinas en os puestos an que vivimos”.

“dondiador sí que charra d’una persona, lo diz una parella, una persona que dimpués se queda esterla, que veyen una tercera persona que ye o dondiador. Iste ye dondiando toz os días en a mesma carrera, y lo veyen y nian preixinan como ye ixa persona sin parar cuenta de que ben de pensar-sen como ye ell, pero tamién como son ells, que son mirando-se-lo”.
Pero tamién se vale quan parlamos de cómo se concibe o nombre d’o disco:

“Estió d’as primeras cosas que pensemos. Creigo que quan prencipias un viache u una historia, de primeras te parixe que ye largo pero dimpués quan rematas, paras cuenta de que yes luen; en ixe sentiu son cantas que encara que siga en un tiempo de dos anyadas, son prou cercanas a tú, y tamién prou largas en a tuya vida, pero en haber-las tanyiu, o compuesto, se’n quedan prou luen”.

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Fer, Furo, Xabi y Marimar son ‘Gaire’

Grabación y comunidat

En charrar con Chabi y Furo, pero tamién en veyer-los con Fer y Marímar -y o Caspas, o jaz que ni i yera mientres o concierto- dencima d’o scenario, se para cuenta a escape de que, quasi tan important como a suya mosica, as parolas u a scenografía ye a comunidat, o rete que bi ha arredol de Gaire. Ya hemos charrau de Raquel, a persona que ha tanyiu a marimba. Pero bi ha dos aspectos que trucan l’atención, como son as parolas en aragonés y o soniu que han trobau en a gravación.
A primera qüestión, a luenga, ye prou clara; poquetas collas fan servir a ormino l’aragonés e ixo ye important, porque, seguntes mos cuentan, “no somos charradors ni a ormino ni de contino, alavez, por l’aduya pa fer-lo bien y que isto a chent lo pueda sentir d’una traza normal, como sienten cantas en francés o anglés”, y ta ixo cal aduya porque quereban “que estase bien feito, porque somos prou criticos… quan atra chent te diz que canta o que mete bellas parolas en aragonés… ixo no significa que no amenistes aduyas”.
Chabi cita a Rubén Santarromana (Nogará), con qui ya treballoron en o zaguer disco de Prau, “y siempre te da quatro u cinco posibilidatz de dicir a mesma cosa, y ell piensa y te diz “pende como sía o ritmo d’a canta, si no te flore guaire la rima, u a ritmica, podetz meter isto”; Furo precisa ”ye verdat que no traducimos, todas las cantas emprencipian en aragonés, solo que una estrofa, u una ideya y dimpués vas construyindo; por ixo, quan las traduces a o castellano no tienen a misma ideya que en aragonés.
D’atra man, Chabi mos diz que “de tot lo rete que hemos feito, o puesto más important ye lo estudio d’o Casco d’o Caspas, toda la gravación la hemos feita astí”. En a charrada, torna a ormino ixe estudio, l’aduya que suposa un puesto an que toda la colla pueda fer as suyas lineas mientres a gravación, encara que no i sian totz presents y o talento de Caspas, Fer y Furo pa trobar un estilo, un soniu, definir-lo y producir-lo.

Futuro

En os meses a venir, poquet a poquet, Gaire presentarán o suyo disco en atros puestos. Barcelona (nou Barris), Sabadell, Teruel, Matarranya, Uesca u Galiza son bells nombres que sonan. De todas trazas, no veyer que un concierto no ye finitivo con Gaire; fan d’a necesidat virtud, y os compromisos de cadagún fan que en os suyos conciertos puedan estar con una, dos u mesmo cinco personas. Una guitarra, dos, con u sin  percusión, tot pende d’as disponbilidatz y a la fin cada actuación esdeviene una posibildat de presenciar una faceta nueva.

Cultura y mosica libres

No entiendo que no  bi haiga que una “editorial”, que sia la SGAE; a nuestra mosica ye ta espardir-la.
Gaire fa parte de un movimiento muito más amplo y con firmes radices en Zaragoza: o movimiento por una mosica y una cultura libres. De feito, o suyo sello, Magofermín, en ye parte sinyalera en Aragón. Muitas collas, referents a nivel estatal y mesmo internacional en fan parte. A suya filosofía ye simpla, a cultura ye un bien común y todas as personas tienen o dreito de aprofitar-se-ne, mientres que se rispeten bellas condicions, como no fer servir as produccions d’otri pa beneficio propio, reconoixer l’autoría d’ixas obras u no reproducir-las baixo licencias que empachen a suya difusión.
Magofermín tien, en ixe sentiu, una larga trayectoria, dende que naixioron en [2004?]. Chornadas anti-SGAE de 2007 con la Katxarraka, Festival “Amplificando el Silencio” (2010-2011), atras Chornadas por a Cultura Libre en 2012,… Y prou que sí, decenas de collas que i son embrencadas: Himura, Picore, Gen, Mishkin, Rouille o Prau, solo que bells nombres pa aclarir que a cultura libre no ye un fenomeno de minorias. Ye una anvista que por cada vegada vale más pa collas grans y chicorronas que deseyan salir-sen de una industria mercantilizada y d’a manca de espacios y recursos.
Pa Chabi, no bi ha que una traza d’enfocar-lo, “bi ha muitos mosicos que encara que no son con Creative Commons (una mena de licencia libre), han trigau a independencia d’os sellos”, mesmo bien conoixius como Amaral, u Nacho Vegas, pero “o problema real son as collas chicorronas que no tienen puestos an que asayar, ni posibilidat de quitar un disco en condicions, o problema son as multinacionals, o problema ye o control” d’o que fas.
Rematamos a conversa charrando de muitas cosas, como los problemas pa mantenir as salas de conciertos más chicorronas (en Zaragoza, más que más Arrebato, pero tamién a Ley Seca, Eccos, u La Lata de Bombillas), a falta d’infraestructura, os problemas d’o mundo d’a mosica pa organizar-se-ne y defender as suyas reinvidicacions. Y prou que sí cal fiar-se de chent de crabunas millor que no de chent de seda, os exitos que son conseguindo muitismas collas aragonesas -como Criatura, Picore, Interlude o Himura- que, dende os prencipios d’a cultura libre son fendo chiras por toda Europa, editando discos en Mexico y, bien se vale, espardindo cultura libre.


 

Texto: Redacción Subarbre
Fotos: Juan Manzanara @jmanzanara

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Cultura

Una comunidad de teatro ‘Under’ se teje en Zaragoza

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Entrevista a Fran, Samuel, Óscar, Guzmán y Juan, de la Red ‘Under’ de Teatro

No quieren ser triunfalistas. Los espacios que promueven se mueven todavía en el terreno de la precariedad que lleva aparejada la autogestión. Pero son conscientes de que desde hace unos años se está gestando una “escena de la escena” en Zaragoza alrededor de cinco salas de teatro que congregan a algo más que un público interesado por el teatro en sus diferentes modalidades. La Red de Salas Under de Zaragoza está creando, gracias a sus montajes, espacios de aprendizaje y a las actividades alrededor de sus salas, una auténtica comunidad. Para conocerla entrevistamos a algunos de sus  promotores en uno de los nodos fuertes de su Red, la Sala El Extintor

 

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Óscar, del Extintor

 

En Zaragoza existen más espacios escénicos, así que cabe preguntarse qué comparten estas salas más allá del amor por el teatro.  “La pobreza”, bromea Oscar, aunque el comentario no va desencaminado si hablamos de las dificultades de la autogestión; Fran subraya la importancia de este sentido que “la sostenibilidad de un proyecto (sala, compañía, el que sea) pasa porque sean viables económicamente”. Eso les lleva siempre a buscar soluciones que alivien la precariedad, como “hacer cursos, actividades; a darle al público muchas opciones de ocio” con una gran flexibilidad en la gestión. Con las compañías, apunta Oscar “también hay una facilidad burocrática a la hora de contratar cualquier tipo de actuación que no tienes en otros espacios”, añade Oscar. En breve, “si la compañía asume los criterios que tenemos en la sala, las limitaciones técnicas que hay, pues adelante”, concluye Fran.

 

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Fran, del Teatro el Bicho

 

A lo largo de toda la entrevista se va a filtrar ese concepto recurrente,  cómo el tipo de espacio va de la mano con la gestión y el arte. Esa cercanía les aleja del teatro oficial, en los tres planos -físico, técnico y artístico- y les acerca a sus espectadores, algo a lo que Juan apunta al hablar de cómo el espacio físico -reducido- define el espectáculo, y afirma convencido que “el público sale más contento íntimamente”, algo que se contagia al gestor/actor/director/: “es más duro, pero más satisfactorio”. Ahí está el concepto teatral que defiende Fran, según el cual que “el teatro se puede hacer en cualquier parte”, y lo enfatiza: “en cualquier parte, en una calle, en una habitación, en un jardín”.

 

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Samuel, del Colectivo Mierda

La apuesta por la autogestión

La autogestión y la complicidad con el entorno no son tan solo una cuestión de públicos o de montajes. Hay una cuestión política encima de la mesa, y no de las grandes políticas, sino de la cotidiana, de la facilidad para mantener un espacio cultural y rehabilitar al mismo tiempo locales degradados. Ellos insisten en que cumplen “todas las normas, pero nos enfrentamos a una serie de normas muy esclerotizadas sobre qué debe ser una sala”. Como dice Juan, si uno “recorre Berlín o Praga, ve los lugares más inverosímiles en los que se está haciendo teatro”, mientras que aquí siempre hay un punto de “miedo” sobre las decisiones que pueda tomar al respecto el consistorio. Es un fenómeno común, “les pasa a bares, salas de conciertos, y al final nosotros esto lo hacemos así porque no tenemos otra manera de hacerlo” lo cual les coloca, afirman, en una situación de desventaja.

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Juan, de La Suite Showroom

La apuesta por este modelo -sin subvenciones, con espacios creados sin condicionantes como préstamos bancarios- les lleva a mirar al otro lado de las instituciones. Allí, nuestros entrevistados constatan que hay desajustes no solo con los teatros públicos, ya que “si piensas en los teatros privados que hay en Zaragoza [Estación, Arbolé y Esquinas], surgen en momentos de bonanza económica”. Así, aunque se asume que “ellos pagan más según que cosas”, se entiende que gozan de mejores relaciones con el espacio institucional, disfrutan de subvenciones o publicidad, o sea, “toda una serie de recursos a los que no podemos llegar”, como apunta Guzmán.  Pero su modelo teatral tiene otras virtudes como crear públicos, demanda teatral, algo que beneficia a todos”, algo que rompe falsas dicotomías acerca de si un modelo autogestionario es mejor que otro privado o público.

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Guzmán, de la Vía Láctea

Todas las personas del teatro

Y es que esta búsqueda de nuevos espectadores es a día de hoy una de las obsesiones de la gestión cultural por todo el mundo, y estas salas los están encontrando. Este público, no obstante, funciona de un modo distinto al habitual en otros espacios, puesto que transita de un patio de butacas a otro con facilidad -lo mismo que los montajes, como el reciente de Santiago Meléndez- y esto no es casualidad, sino que se origina en el propio enfoque. “Desde poder tomarte una cerveza al punto clandestino de ir a un lugar con ‘encanto’, diferente”, como dice Oscar, “a tener cinco cursos de teatro o uno de escultura [con David Ballestar], lo bueno que tiene todo eso es que generas feedback, que hay un arraigo”.

Teatro El Extintor zaragoza salas under
Un momento de una actuación en el Teatro El Bicho

Porque si hay otro rasgo que les caracterice es el mimo por la formación, que ayuda, de nuevo, a la sostenibilidad de la sala, a la creación de un público muy unido a los locales y también al crecimiento profesional y artístico. En cierta manera, es una cuestión de evolución artística y vital, ya que, en palabras de Fran, “con 18 años no pensaba en tener una sala, ni en escribir, ni en dirigirme a mí, pero al final los años te van llevando por otro camino, te interesa más la formación, que antes no te interesaba”, y no solo por el actor que forma, sino por la persona que aprende, que descubre su gusto por el teatro. Todo esto da un valor añadido que luego retorna a las salas; en la Vía,  por ejemplo “hay un taller de clown que ahora acaban de hacer su montaje”, pero como Guzmán todos encuentran casos similares, como el de la obra Tetas, nacida al calor del Extintor y de la labor de Oscar en el proyecto formativo Director de alquiler.
La tercera base de este círculo simbiótico reside en la capacidad de producir. Porque la presencia de espectadores, e incluso de alumnos que mejoran la calidad del espacio (como público, actores o parte de la comunidad) se queda coja sin la posibilidad que se les abre a artistas y compañías de “probar, hacer ensayo y error, algo que revierte en que nazcan espectáculos”. En efecto, la nómina de los que han surgido al calor de estas cinco salas es vastísima, y aunque reconocen que “podrían haber  aparecido igual”, la existencia de un “espacio físico ayuda a que se creen obras”.

En el lado de los ‘peros’, a pesar de que el número de compañías que colaboran con estos teatros -unas quince o veinte- permite una actividad y un público constante, Guzmán advierte la existencia de una mayoría de “actores individuales, profesionales, de casting” que evitan, por distintos motivos, “emprender proyectos colectivos propios”. Una afirmación que todos comparten y a la que todos aportan una explicación; así, Juan, de La Suite, nos asegura que “en estas salas se asume más riesgo que participando en cualquier gran producción”. A menudo no se encuentra durante el proceso formativo del actor “ese planteamiento de ‘voy a ir cogiendo experiencia en esas salas para ser mejor e ir aprendiendo’, sino que se busca la recompensa inmediata” remata Oscar.

Sin embargo, cuando hablamos de estas cinco salas, no sólo se trata de la gente del teatro, en todas sus dimensiones. Hay un último rasgo que las caracteriza a todas, la tendencia a la interdisciplinariedad. Ya hemos hablado del curso de escultura creativa del Extintor, pero es que todas entienden que la falta de espacios culturales en Zaragoza les convierte en focos para que se experimenten otros proyectos. La Suite, por ejemplo, preparan como estudio audiovisual una aplicación móvil para el conjunto de doce performances “que desde marzo pondrán en escena Lucio Cruces y Sergio Muro” en el Teatro de las Esquinas. No sólo en La Suite ocurre esta mezcla: desde danza a cuentacuentos, pasando por música, relajación o didgeridoo, muchas iniciativas más pequeñas caben dentro de estas iniciativas.

Red

Aunque bajo tierra el sol no avanza -la entrevista la llevamos a cabo en el sótano que cobija el escenario del Extintor- poco a poco nuestra conversación sí lo hace y así llegamos a una de las cuestiones fundamentales. Una de las realizaciones más significativas de estos cinco espacios ha consistido en dar un paso por el cual dejan de ser una suma de iniciativas y comunidades más o menos aisladas para convertirse en una plataforma, la Red de Salas Under, capaz de lanzar ideas y propuestas comunes. A pesar de que iniciaron su rodaje como espacio colectivo hace un año, el punto en el que se hallan es incipiente. El Colectivo Mierda (una pareja a caballo entre el diseño, la ilustración y la performance alumbrada como grupo al calor de la Red) edita un fanzine mensual con la programación de las salas. Pero la necesidad de organizarse ha quedado clara, y en palabras de Fran, “en la próxima asamblea vamos a plantear objetivos”, consistentes “en dar respuesta a nuestras propias necesidades”.

Pero a medida que va tomando forma, la finalidad de la Red se expande. Fran no habla solo de espacios escénicos, sino de una plataforma paralela centrada en la cultura, “libre y popular”. Uno de los modelos que la inspiran es el “formato de Oviedo/Uvieu SOS Cultura, una iniciativa asturiana que ha conseguido cosas con mucho tacto, hablando con la ciudadanía, con los partidos políticos, y eso me gustaría que ocurriera también con nosotros, que se nos dé validez, a estas salas y al trabajo que hacemos”.

Sala El Extintor Teatro Zaragoza Subarbre Cultura
Fotografía de la tristemente desaparecida Sala El Extintor

Cinco nombres heterogéneos para una red diversa

Por ejemplo, el Espacio Colectivo Vía Láctea es un espacio asambleario, abierto a todo tipo de iniciativas, sociales, políticas, y claro, culturales. Una red en sí misma; es hace seis años cuando la actividad que se venía haciendo (desde hace veinte años) de manera dispersa  empieza a realizarse de manera constante con la colaboración de la Asociación Amigos del Teatro, con una programación escénica constante a partir de 2014.
Amigos del Teatro -y la propia Vía Láctea- vuelve a aparecer cuando hablamos del Teatro Bicho; Jorge y Fran habían formado parte de la asociación, y desde su paso por la Vía Láctea habían imaginado poner en marcha una sala independiente, objetivo que alcanzaron por fin en octubre de 2013. “Allí trabajamos sin pedir ayudas, como el resto de las salas, de modo autogestionado”. Mantiene una programación de jueves a domingo, en la que “damos cabida a cualquier compañía con un proyecto serio, en el sentido de que esté trabajado”.

La Suite Showroom, pese a haber pasado también por la Vía “como colectivo de dos”, es un proyecto con una génesis diferente, basada en la intervención en un entorno degradado “un día Inma Chopo y yo [Juan Vives] llegamos a la calle Pignatelli y vimos que es probablemente la más depauperada de toda la ciudad, que vivió un momento de esplendor, y de tener veintisiete bares en un época a no tener ni un solo comercio ni puerta abierta”, prácticamente.
Además, La Suite surge para el ensayo y la preparación de los proyectos audiovisuales del colectivo, y no como espacio público, hasta que su propia dinámica les convence para emplearlo como una sala peculiar, pequeña, con “el público muy cercano al actor, al espectáculo”. La Suite abría sus puertas hace dos años como sala, con la premisa de la falta de apoyo institucional y el logro no solo de que se vieran sus espectáculos, sino que la gente visitara y participase de la calle en la cual se desarrollaban, y en ese sentido, como dice Juan, “la experiencia empieza a ser satisfactoria e ilusionante”.

Por su lado, El Extintor es un proyecto de confluencia, pero no, como suele ser habitual, de varias personas, sino de los proyectos dispersos de una sola, Oscar Castro. En 2012 Oscar repartía su actividad entre las clases que impartía en La Colmena y las funciones en diferentes escenarios; el Extintor fue su respuesta a la pregunta que se había planteado “¿cómo hacerlo confluir todo? Alquilo un local y a ver qué pasa”.
El local que ahora acoge a El Extintor era entonces una suerte de almacén lleno de muebles y colchones, sin luz ya que, como recuerda, “tuve que averiguar con un flash como era la parte de abajo”. Ese sótano oscuro se ha convertido en el el corazón de la sala, en su patio de butacas y su escenario, en el lugar donde respira la comunidad alrededor de El Extintor, al cual él define como “una forma de supervivencia artística, un teatro de emergencia”, al tiempo que se aprovecha para generar un “movimiento del ámbito teatral, dando oportunidades”

El Espacio Parakultural Gromeló combina, como casi todos los de la Red, programación y formación. Con un gran énfasis en la profesionalidad y la técnica nace en el año 2003 de la mano de Javier Harguindeguy  con la necesidad, en sus propias palabras, “de crear un espacio alternativo que aporte una mirada teatral diferente a la forma de ver y analizar el teatro de la ciudad dentro del formato pequeño”, convirtiéndose de hecho en el decano de la red de Salas Under, y en cierta medida en el animador de ésta, ya que, como nos recuerda Guzmán, “fue uno de los primeros sitios a los que se pudimos ir para llevar nuestros montajes”.

Colectivo Mierda es, en cierta medida, una consecuencia de la existencia del resto de salas. Performance, diseño, fanzine: todos son las actividades que desarrollan, pero siempre en el marco de las “salas Under”. El fanzine que editan es, de hecho, el portavoz y el programa de la Red. Efecto, la circunstancia de compartir una publicación impresa, de ver plasmado en un mismo lugar  le sirve un poco de argamasa.


Texto: Redacción Subarbre
Fotografías: Josán Casabona @josampeckinpah / Subarbre

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Cultura

El agua: fuente de cine

Fotografma de la pelicula Agua (2005) Fuente de Cine
Fotografma de la pelicula ‘Agua’ (2005)

 

– El 82 % de la sangre humana es agua.
– ¿Ya comenzó la guerra por el agua?
¿O todavía siguen con la del petróleo?- Si apenas está empezando… Sólo se daráncuenta cuando sea demasiado tarde.
– ¿Cuánto del cuerpo humano es agua?
– El 55 o 60%.
– ¿Y cuánto de la superficie del planeta?
– Cerca del 70% es océano. Y también están los lagos, los ríos…

Sólo los amantes sobreviven
(Only lovers left alive, Jim Jarmusch, 2013)

 

El agua, fuente de vida. No sólo de la vida orgánica, necesario flujo sanguíneo de la naturaleza, también para la vida colectiva organizada. El elemento, por encima de cualquier otro de los considerados principios básicos de la materia por las filosofías india, china, japonesa o griega (tierra, aire, y fuego), cuya conquista y dominación se hizo imprescindible para entender el triunfo del ser humano como especie superior del orden natural, cumbre y rasgo mayor, definitivo, de su evolución, paso ineludible para su conversión en sedentario y su eclosión como ser social, para la fundación de la idea de civilización en torno al Nilo o al Ganges, entre el Tigris y el Éufrates, en Tenochtitlan o en el valle del Ebro. Y, por tanto, fuente de conflicto, de lucha, arma de vida y de muerte. Nadie como Stanley Kubrick para resumir este complejo proceso de milenios en la apertura de 2001: una odisea del espacio (2001: a space odyssey, 1968), en el fragmento titulado El amanecer del Hombre :
“En un pasado desolado en el que aislados grupos de primates, pequeñas manadas de tapires y algún que otro leopardo se mueven por entre la reseca y escasa maleza y buscan refugiarse del ardiente sol en los estrechos salientes de las rocas de arenisca, la inexplicable aparición de un ente extraño de origen incierto viene a quebrar el frágil equilibrio vital de los albores del planeta: un monolito de color negro, estilizadas líneas rectangulares y superficie suave y lisa, un objeto misterioso que va a actuar como catalizador de la evolución de los primates y de su futura conversión en una criatura más perfecta y a priori consciente, al menos hasta cierto punto, de su dimensión en la naturaleza y de su papel protagonista en un universo que a la vez empieza a ensancharse. Como si el monolito se erigiese en imprevisible detonante de una tormenta biológica, algunos individuos dentro del grupo empiezan a experimentar cambios que les sorprenden y atemorizan tanto a ellos como a sus congéneres, y que van extendiéndose al resto de la comunidad. La simple existencia en clave de supervivencia, la búsqueda de carroña o de matorrales con que alimentarse, la protección frente a los felinos y la lucha con otros grupos por asegurarse el sustento se ve súbitamente sacudida por un descubrimiento tan sencillo como capital, un diminuto gesto que encierra miles de años de salto evolutivo hacia un futuro inabarcable y remoto. Uno de los monos, expulsado junto con su grupo lejos del agua de lluvia estancada que les garantizaba la ingestión de algo de líquido en el desierto de arena, piedras y ralos matojos en el que malviven, encuentra por fin utilidad al que quizá es, junto con el cerebro, el mayor rasgo distintivo que existe entre su especie y el resto de los seres que caprichosamente parecen poblar ese mundo en obras: el dedo pulgar oponible. Así, cerrando la mano en torno al fémur que toma de un cadáver disuelto no se sabe cuándo, se entretiene en golpear a su vez el resto de huesos, fragmentándolos, astillándolos, dejándose poseer por una euforia destructiva que simboliza su conversión en cazador y el nacimiento del instinto depredador. Ya no habrán de esperar al hallazgo del cadáver a medio engullir de un tapir o una cebra para variar su dieta de hojas secas arrancadas de la tierra; bastará con buscar una víctima asequible y asestarle un buen garrotazo para llenarse el buche a voluntad.
Pero en el momento de ese despertar a la violencia consciente, junto a la certidumbre de tener asegurada la obtención futura de alimento, algo más se ha encendido en el tosco cerebro del primate con cada mandoble óseo. Un sentimiento nuevo, poderoso e irresistible cobijado bajo el ala del instinto de supervivencia, subsidiario pero no obstante poseedor de una honda y seductora autonomía propia que ha surgido de la nada para proporcionar a nuestro mono un grado de bienestar mayor que la mera satisfacción de una necesidad física. El grupo de primates descubre el adictivo poder que encierra el ejercicio de la violencia, la capacidad de decisión sobre la vida de otro individuo por razones ajenas al hambre. El ejercicio de su voluntad ligado a ese poder les reconforta, les hace crecerse frente al mundo que los rodea. Una vez llena la panza de carne fresca de tapir, el grupo de monos apunta hacia su siguiente objetivo. Regresados al lugar de su anterior derrota, armados con huesos empuñados a modo de garrote, recuperan sus antiguos dominios gracias al descubrimiento de una herramienta que ya no ha dejado de usarse desde entonces para la consecución egoísta de los propios deseos: el asesinato. El primer crimen de la historia (resulta quizá prematuro denominarlo homicidio), la muerte a golpes del cabecilla del grupo rival, además de resumir en unos pocos fotogramas la última esencia de todos y cada uno de los conflictos bélicos humanos, consagra la violencia como instrumento de control de los propios intereses miles de años antes de que Clausewitz escupiera su famosa cita.
En plena exaltación violenta, tras erigir el primer imperio de la historia en torno a un charco de agua embarrada, el jefe de los asesinos lanza al cielo el arma del crimen y, con un asombroso y magistral corte de plano, ésta se transforma en un transbordador espacial en marcha hacia la Luna para investigar el insólito hallazgo realizado por un equipo geológico allí estacionado: un monolito negro de formas rectilíneas y superficie lisa y suave que además parece ser emisor o receptor de unas extrañas señales de onda corta hacia Júpiter. Y desde ahí, el viaje, la investigación, la búsqueda, de nuevo la violencia y la muerte como vehículo de conservación del propio espacio, el ordenador construido a imagen y semejanza de un ser humano que juega a ser Dios… (…) ¿Qué encierra el monolito dentro de sí? ¿Qué ha activado el interruptor? ¿Dios? ¿Qué conexión lo une al cerebro humano? ¿La conciencia? ¿La inteligencia? ¿La violencia y la crueldad humanas? ¿Son éstas quizá las notas distintivas del ser humano, las características definitorias de su especie? ¿Por ello el hombre ha inventado dioses vengativos, crueles y asesinos a su imagen y semejanza? ¿Posee quizá por eso HAL9000 el recurso de la violencia o no es más que un ser vivo con instinto de conservación escapado del control de su creador como los hombres han escapado a la voluntad de Dios? La máquina hecha a imagen y semejanza del hombre, con buena parte de sus virtudes y todos sus defectos, el orgullo, la malicia, sus deseos de jugar a ser Dios, de creerse inmortal intentando perpetuarse a través del tiempo y del espacio. Un instinto que nace en HAL provocado por unas extrañas señales que provienen de Júpiter. El monolito. El misterio del origen de la vida encerrado en el por qué de su final. El Hombre como venganza de la naturaleza contra sí misma”.
Sea lo que sea lo que represente el monolito, esta chispa evolutiva no es, sin embargo, un ente supremo; queda subordinado al espacio en que ha efectuado su aparición, la orilla de una charca de agua infecta. El descubrimiento del poder sostenido en la violencia como medio para la conservación de los recursos conlleva la necesidad de estructurar ese poder, o lo que es lo mismo, de reglamentar la administración de la violencia. Es decir, de la vida y de la muerte.
Allí donde no se impone esa autoridad superior, ese poder estructurado, esa administración legal que limita la violencia y la coerción, continúa rigiendo la ley natural, la ley del más fuerte. Ya no se trata de monos ni de garrotes; sino de hombres y revólveres. Horizontes de grandeza (The big country, William Wyler, 1958) es la crónica de una guerra por el agua. Los Terrill y los Hannassey, dos familias ganaderas texanas, la primera con ansias aristocráticas, mucho más silvestre y pedestre la segunda, viven una brutal animadversión, un odio visceral, cerril, motivado por la rivalidad en la posesión de Valverde, el único rancho de los alrededores con abundante agua, propiedad de la maestra del pueblo. Alejados varios días de la ciudad más cercana, del comisario más próximo, un infinito mar de praderas y pastos en que cualquier rancho precisa de varias jornadas para ser recorrido, el enfrentamiento es a muerte, excede los límites de lo hídrico y se traslada al terreno de los prejuicios, el desprecio absoluto de índole clasista, racista, inhumana, el mutuo deseo de aniquilamiento a cualquier precio. Lo interesante de este monumental western de casi tres horas es que elude los tópicos más evidentes del género para tratar con inteligencia y melodramática madurez el desencuentro de dos familias prisioneras de la estrechez mental y moral de los valores que rigen en el Oeste, mientras que el prometido de la joven Terrill, un marino, un hombre de mundo, y la profesora, un personaje poseedor de cierta cultura, son los únicos capaces de distinguir entre justicia y venganza, de subvertir los códigos. De ahí que hasta el último minuto sean los que más riesgo corren en el fuego cruzado de una guerra a muerte por el agua, por la vida, por la supervivencia. El choque cultural revela el absurdo proceder de los violentos en una guerra sin fin, sin posibilidad de victoria, y ofrece una lectura poco amable de los cimientos de un país demasiado acostumbrado a resolver sus problemas echando mano de las armas. Al mismo tiempo, permite extrapolar la situación a conflictos auténticos como el de Palestina, en el que una de las cuestiones capitales que lo mueven, la propiedad efectiva de sus escasos recursos naturales, no suele aparecer en primera línea informativa, relegada por las más grandilocuentes pero accesorias cuestiones religiosas y geopolíticas.
Por el contrario, cuando ese poder estructurado logra instalarse plenamente, o al menos crear la ilusión de un control total, puede llegar incluso a pretender manipular la naturaleza y utilizarla privativamente en su beneficio. La joven pareja de granjeros de Cuando el río crece (The river, Mark Rydell, 1984) se niega a vender sus tierras a las autoridades locales que planean anegarlas, y sufre por ello una triple presión: la de unos políticos ansiosos de sacar tajada de la especulación sobre la tierra y el agua; la del propio río, en plena crecida, que amenaza con liquidar cualquier opción de futuro, ya sea de vida o de negocio; por último, la de un antiguo pretendiente de la chica, elegido como brazo armado por los corruptos para resolver el contencioso por la fuerza, una vez más la lucha por el agua como pretexto o excusa para saldar otro tipo de cuentas pendientes. De nuevo el hombre con poder que juega a ser Dios recibe el bofetón de una naturaleza rebelde en forma de desbordamiento y aniquilación. El conflicto ya no consiste en la disputa por una simple charca de agua estancada, sino en la acometida de una irrefrenable marea de agua dulce, violenta y sucia que, sin embargo, arrastra consigo el sedimento de la corrupción y, como el Nilo con cada crecida, regenera el suelo fértil para que el ciclo de la vida se reinicie.
Agua y renacimiento. Saltamos a la India colonial de 1938. Con la producción canadiense Agua (Water, 2005), la cineasta Deepa Mehta cierra su trilogía sobre los elementos, abierta con Fuego (Fire, 1996) y continuada con Tierra (Earth, 1998). En ella, el primer elemento natural se constituye además en vínculo social y religioso entre la vida y la muerte: Chuyia, una niña de ocho años, es casada con un moribundo que fallece la misma noche de la boda; mientras el cuerpo de su esposo es quemado a la orilla del Ganges, en Benarés, Chuyia es recluida en un ashram para viudas, donde debe permanecer el resto de su vida como altar humano conservado a la memoria del fallecido. En plena efervescencia independentista, en un país sumido en un extremo choque cultural a varias bandas (Occidente, el Islam y el mosaico de lenguas, religiones y creencias hindúes del subcontinente indio), el río canaliza el paso del muerto a otro plano de la existencia y el entierro en vida de Chuyia, la convierte en una muerta viviente cuando apenas ha empezado a vivir. El agua está presente a lo largo de todo el metraje en un plano metafórico cercano a las coplas de Jorge Manrique (nuestras vidas son los ríos que van a dar en la mar, que es el morir), pero en última instancia refleja un movimiento circular entre la vida, la muerte y la resurrección, una plasmación plástica del ideal de la reencarnación, del eterno camino de perfeccionamiento. Es allí, en el río, donde Kalyani, la única viuda a la que se ha permitido conservar el cabello, conoce a Narayan, joven seguidor de Gandhi educado a la manera occidental y perteneciente a la casta superior, los brahmanes. El vínculo entre ambos no es otro que Chuyia, su mensajera de amor. Junto al río nace un nuevo horizonte para Kalyani, una esperanza de libertad para Chuyia y las otras viudas enclaustradas, para la India que está cerca de ser independiente, de renacer al mundo. El agua se lleva las cenizas del cadáver y riega un nuevo futuro. Paradójicamente, los promotores de la película sufrieron las iras de la intolerancia y el fundamentalismo: acosados por manifestantes exaltados debido a la supuesta irreverencia de algunos contenidos del guión, la producción tuvo que alejarse del río y trasladarse a Sri-Lanka.
Origen de todo, el agua inspira también el cine. Si El crepúsculo de los dioses (Sunset Boulevard, Billy Wilder, 1950) es la obra maestra sobre Hollywood, Chinatown es la obra maestra sobre la ciudad que da soporte a Hollywood, Los Ángeles. Sobre el nacimiento de la moderna Los Ángeles. Nuestra Señora Reina de los Ángeles de Porciúncula, reducto californiano de ranchos, granjas y misiones españolas salpicadas en un vasto entorno de tres millares escasos de dispersos habitantes se transforma en apenas cien años en una inmensa urbe de cinco millones de almas debido a la superposición de oleadas invasoras motivadas por la sucesión de distintas fiebres económicas obsesivas: el oro, el petróleo, la fruta y el cine. Chinatown es una parte de esa fiebre del cine que se centra en la obra de William Mulholland (su memoria obsequiada con el bautismo de una de las principales arterias asfaltadas de la ciudad), ingeniero autodidacta responsable del Departamento de Agua y Energía que, como antes ocurriera en Denver, en Phoenix, en muchos otros lugares de la carrera hacia el Pacífico, llevó el agua a Los Ángeles para que pudiera reinventarse a sí misma. Agua robada, fruto del ánimo de lucro, la coacción, el chantaje, el mercadeo político. La ciudad moderna edificándose sobre los cimientos del crimen, el asesinato, el incesto, un renacimiento bañado en agua mezclada con sangre. Noah Cross, el personaje de John Huston que es trasunto de William Mulholland, supone la encarnación de la nueva América, el todopoderoso crimen organizado que utiliza el petróleo y el cine para crear un siniestro teatro del espectáculo, otro Bugsy Siegel, representante de la mafia en Los Ángeles y fundador de Las Vegas con el dinero negro procedente de Chicago; otro Joe P. Kennedy (padre de JFK), creador de la Film Booking Offices of America, antecedente directo de la RKO, otro contrabandista y especulador enriquecido ilícitamente que desvía las aguas públicas para regar sus negocios privados y lograr un crecimiento de la ciudad a su imagen y semejanza, un poder en la sombra del poder oficial, poderes que se retroalimentan, que también usan la naturaleza, el agua, las influencias políticas, el soborno y el revólver para dominar a los hombres. Un agua pútrida que arrastra los restos de los cadáveres descompuestos y un final redondo (modificado por Polanski en contra del criterio del guionista Robert Towne) en el que Cross, encarnación de los hombres que han hecho grande América, sale airoso, se lleva el botín, a la chica y un buen nombre respetable sobre el que la ciudad pueda construir una historia gloriosa con que enorgullecerse de sí misma, en la línea de la sentencia proclamada en El hombre que mató a Liberty Valance (The man who shot Liberty Valance, John Ford, 1962): “cuando la leyenda se convierte en hecho, imprime la leyenda”. Explotación urbanística desmedida que precisa de agua para hacer creíble su ruinoso decorado de lujo vacacional, de paraíso mediterráneo; trasvases de recursos públicos para alimentar los negocios privados de la cultura del “pelotazo”. Mientras, en la noche del barrio chino, el eco de una frase condensa y subraya El amanecer del Hombre de Kubrick, resume la esencia de esa eterna guerra en torno a una charca de agua sucia, del primer imperio edificado sobre un asesinato, de la impunidad de quienes enarbolan el fémur o el revólver bajo el amparo del poder a la sombra del poder, una lucha de milenios ante la que solo queda sucumbir:
-Olvídalo, Jake. Esto es Chinatown.


Texto: Alfredo Moreno 39escalones.wordpress.com

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Análisis

Entrevista al Seminario Aragonés de Sociolingüística

Seminario Aragonés de Sociolingüística
Acto de presentación del Seminario Aragonés de Sociolingüística y del libro “Actas, lenguas e identidades“

El pasado día 19 de diciembre el Seminario Aragonés de Sociolingüística (SAS) hizo su presentación pública en Zaragoza. El acto se aprovechó para presentar el Libro Actas  del II Congreso Aragonés de sociología, Mesa Lenguas e Identidades publicado por Gara d’Edizions, Prensas Universitarias y la Institución Fernando el Católico. En el acto de presentación además se dieron dos conferencias sobre la situación del catalán en Aragón a cargo de Josep Espluga (Universidad Autónoma de Barcelona) y Cecilio Lapestra (Universidad de Lleida). Subarbre acudió a esta cita que supone la puesta de largo de una iniciativa novedosa en el ámbito de las lenguas de Aragón respecto a los  ámbitos reivindicativo o de creación literaria en los que habitualmente se desenvuelven las iniciativas de los movimientos en torno a estas dos lenguas. Hablamos con Miguel uno de los integrantes del Seminario

¿Cómo y por qué surge el SAS?

Como suele ocurrir en  este tipo de iniciativas, surge por un encuentro personal, y casi fortuito,  entre Chabier Gimeno y Natxo Sorolla que coinciden en un congreso de sociología en 2013. Se tomaron un café “eterno” y de ahí surgió una cascada de ideas y un feeling tanto en lo personal como de carácter científico-profesional.  De ahí, y a través de un trabajo en red de difusión de la iniciativa, surge el contacto con sociólogos interesados tanto en el catalán como en el aragonés. Más allá de lo personal,  si no existiese la necesidad de desarrollar un  estudio de las lenguas de Aragón desde la perspectiva sociológica  no hubiésemos encontrado nadie con el que contactar. Entendemos que hay una carencia histórica de  este tipo de  reflexión en torno a la cuestión lingüística aragonesa, y que no se puede comprender esa situación sin un abordaje desde las ciencias sociales, que tienen mucho que decir. Los sociólogos ni  han alzado la mano para poder intervenir ni tampoco se les ha llamado, teniendo históricamente más voz los políticos que los propios científicos sociales. Queremos dar el paso para que sean los sociólogos los que alcen la mano para intervenir, por eso mismo formamos parte como seminario  de la Asociación Aragonesa de Sociología que es la representante en Aragón de la Federación Española de Sociología. Con este paso dado por nuestra parte esperamos que después se nos llame para intervenir y ofrecer nuestros puntos de vista

¿Qué actividades habéis desarrollado hasta la fecha?

Como SAS apenas llevamos 1 mes y medio de funcionamiento más o menos oficial, pero el grupo humano que ha desembocado en el SAS lleva trabajando del orden de un año. Cabe destacar la coordinación de la mesa Lenguas e Identidades del II Congreso Aragonés de Sociología que desarrolló la Asociación Aragonesa de Sociología, de la que formamos parte, en mayo de 2014. Queremos destacar la importancia de la presencia de las lenguas de Aragón en dicho congreso no solo porque era la primera vez que se hacía, sino porque era uno de los primeros foros no lingüísticos y no políticos en los que se abordaba esta cuestión. El aragonés y el catalán estuvieron, como temática, tratados con la misma importancia  que problemáticas como la exclusión social, la sociología de la educación o la estratificación  de nuestra sociedad post-industrial, e incluso se escucharon varias ponencias en aragonés.  Este mismo equipo humano proto-SAS  desarrolló en julio  un curso de verano de la Universidad de Zaragoza con el título Gestionar la diversidad lingüística de Aragón, que además de contar con cerca de 30 participantes tuvo repercusión en la prensa aragonesa, aunque no faltó la polémica en torno a la afirmación por parte de uno de los ponentes del curso, el Profesor Javier Giralt, de que en Aragón se hablaba catalán. Semejante “locura” fue criticada en algún periódico aragonés. También miembros del seminario colaboraron en un artículo de opinión que fue  firmado tanto por sociólogos  como por lingüísticas, para defender la investigación sociológica en torno a las lenguas; esto se hizo tras un artículo del Heraldo que consideraba un ejercicio de agresión catalana contra Aragón el mero hecho de querer hacer una investigación sociolingüística. Entendíamos que hacer una encuesta siguiendo criterios científicos no es una agresión, aunque lo deseable sería que fuese nuestro propio gobierno el que lo hiciese.

Estamos hablando del Seminario aragonés de sociolingüística pero  ¿Qué es la sociolingüística?

Me alegro de que me haga esa pregunta (risas). No podemos entender la sociolingüística sin hablar de la sociología de  la lengua o el lenguaje. Existe un amplio debate en torno a dónde empieza una y dónde la otra. Podríamos decir, como afirma Hudson,  que la sociolingüística estudia el lenguaje en relación a la sociedad  y la sociología del lenguaje estudia la sociedad en relación al lenguaje. Otros autores hablan de enfoque o impronta  en el que la sociolingüística sería otra forma de hacer lingüística. Esto entroncaría con lo que afirma el más destacado sociólogo del lenguaje a nivel internacional, Joshua Fishman, que habla de dos sociologías de la lengua: la descriptiva (¿Quién habla, qué lenguas, a quién, cuándo y con qué fin?) la dinámica que se preguntaría qué es lo que causa las diferentes formas de organización social del uso lingüístico y del comportamiento ante el lenguaje. Pongamos algunos ejemplos. La citada investigación de la Generalitat sobre el catalán sería sociolingüística mientras que un análisis de los discursos públicos en torno a la diversidad lingüística de Aragón sería sociología del lenguaje. En el libro que hemos presentado hay una curiosa ponencia que habla de la construcción ideológica de los métodos y técnicas usado por el Estudio de  Filología de Aragón en la realización del Diccionario Aragónes entre 1915 y 1931, esto no sería sino sociología del lenguaje en su variante metodológica y en el mismo libro Josep Espluga hace sociología del lenguaje hablando sobre los posicionamientos de los editoriales de los periódicos aragoneses en torno a la nueva ley de lengua y el famoso LAPAO. El estudio que Francisco Llera realizó para el Gobierno de Aragón (no publicado) en 2001 sería sociolingüística.

¿Cuál es la situación de la sociolingüística en Aragón?

Como podrás imaginar la propia necesidad de crear el SAS es un indicador de que la cosa no está muy boyante. Si ya la propia situación de la sociología en Aragón es de mínimos al no haber un Grado Universitario en Sociología, ni un departamento propio en la Universidad de Zaragoza, una especialización de este tipo lo tiene más complicado. Sin embargo nos hemos encontrado con la sorpresa de que hay varios sociólogos tocando estos temas, en algún caso con una dedicación intelectual completa, como es el caso de Natxo Sorolla que tiene muy avanzada su tesis doctoral y si todo va bien la presentará durante 2015. También nos hemos encontrado con el  trabajo de Rosa Bercero cuya tesis doctoral  versó sobre la sociolingüística del ayerbense. El libro recientemente publicado, y que presentamos en el acto del 19 de diciembre, es un recordatorio de que esta temática está ahí y hay personas interesadas en él. Más allá de los censos y de alguna investigación concreta tanto del Gobierno de Aragón (Llera en 2001) y de la Universidad de Zaragoza, ya hace unos años, el primer libro que habló sobre sociolingüística de manera explícita es el del profesor Pujadas, que desde la antropología estudio la etnolingüística del Valle de Bielsa. Ese texto es de 1973 pero no sirvió como acicate para inaugurar una corriente de estudios sociolingüísticos, sobre todo del aragonés. El catalán se beneficia de la “marea”  de la sociolingüística catalana, que incluso es en sí misma una corriente teórico-práctica dentro de la sociología. Aun así, el catalán de Aragón no se beneficia tanto de esa corriente de investigación como en un primer momento pudiera parecer.  También hay abordajes a las lenguas de Aragón desde las ciencias sociales en su sentido más amplio, principalmente la pedagogía o la psicología con los trabajos de Angel Huget, o las Trobadas de Rechiras que organizaba el Consello d’a Fabla ya hace unos años con ponencias muy interesantes y que deben tenerse en cuenta a la hora de establecer una bibliografía de la sociolingüística aragonesa. Como sociólogo, y ya es una cuestión mío  mía, he de destacar el trabajo  de  Parola y el Archivo Audiovisual del Aragonés. Lejos de ser una mera grabación en video de hablantes nativos del aragonés, entiendo que se trata de un tipo de investigación en la onda de la denominada investigación-acción-participación en una perspectiva dialéctica, como afirmaba el sociólogo Jesús Ibáñez.

Existe la convicción de que la situación del catalán en Aragón es buena debido al contexto rural en el que se encuentra y que incluso se habla más que en muchas zonas de Catalunya  ¿Es esta percepción cierta?

Hasta el momento, existía cierta percepción, refrendada por los datos sociolingüísticos de población adulta, que la salud de la lengua catalana en la Franja era buena, y de hecho, en muchas ocasiones se ponía como ejemplo los porcentajes de conocimiento incluso superiores a los de Catalunya. De hecho, estas afirmaciones suelen contar con tirón mediático, pero la vitalidad lingüística sigue otros caminos, dado que no son realidades estríctamente comparables, porque se trata de un medio rural, con despoblación, y donde la vitalidad de la lengua puede estar en una situación más comprometida a pesar  de algunos datos. Un ejemplo es el de la dinámicas diglósicas, por el hecho que la mayor parte de la población es incapaz de usar por escrito su lengua familiar. Pero el hecho más grave empieza a visualizarse ahora,  con los primeros toques de alarma sobre el efecto pernicioso de la política lingüística en Aragón, que ha obviado la realidad trilingüe, cuando no ha sido explícitamente contraria a esta diversidad. Se empiezan a detectar los primeros signos claros de sustitución lingüística generalizada, que ya no afectan a determinadas zonas, como Aguaviva, donde los menores de 30 años apenas emplean el catalán. El proceso se está comenzando a generalizar precisamente en las zonas más pobladas. Se está llegando a un punto en que la ruralidad, por así decirlo, no puede compensar la inacción por parte de las autoridades aragonesas.

Comentáis que la   situación del aragonés es de una clara sustitución lingüística ¿es reversible? ¿Qué habría que hacer para frenarla?

El aragonés se encuentra en un proceso entre avanzado y muy avanzado de sustitución lingüística. Nos cuentan que en Benasque solo hay tres niños que hablen benasqués en su casa….y eso que estamos hablando de una zona en donde la lengua cuenta con cierta vitalidad. En muchas ocasiones son procesos invisibles, que hace que en cuestión de unos pocos años pasemos de decir chen, a decir  chente y a decir gente sin que ni siquiera el propio hablante parezca que se dé cuenta. Esta invisibilización de la sustitución lingüística sería debido a la denominada violencia simbólica que conceptualizó Pierre Bourdieu. Esto tiene profundas implicaciones metodológicas que implica que la técnica de pregunta-respuesta habitual de las encuestas cuantitativas tengan que triangulizarse con enfoques cualitativos para estimar la validez interna y externa. En cuanto a la reversibilidad o no del proceso, Josua Fishman, afirma que los procesos son reversibles si la propia comunidad lingüística así lo decide y se pone el ejemplo de Israel y la recuperación del hebreo tras casi  2000 años de desaparición. Por ejemplo, hace 8 o 10 años el alcalde de Panticosa afirmaba que habían hecho cosas los últimos años, ese “hacer cosas” no era sino meter 3 o 4 carteles toponímicos   en panticuto. Y lógicamente lo decía con orgullo ya que antes ni siquiera se había hecho absolutamente nada. Yo pensaba lo que le diría que tendría que hacer si quisiera tomarse en serio una política lingüística por parte del Ayuntamiento….me reía para mis adentros porque probablemente saldría corriendo de esa sala si supiese lo que habría que hacer para tomarse en serio el tema. Çon esto quiero decir que sí que es reversible. Nuestra labor como sociolingüistas es contextualizar esa sustitución lingüística teóricamente y medirla, ya que no es igual en todos los sitios ni en todos los casos.  De ese esfuerzo pueden salir diagnósticos para futuras intervenciones para la reversión de la sustitución en base a la localización de buenas prácticas. Más del allá del manido auto-odio existen otro tipo de procesos sociales intervinientes. Realmente deberíamos   preguntarnos ¿Cómo es posible que todavía se hable aragonés si no se ha hecho apenas nada en las últimas décadas? Por ejemplo, que en Panticosa algunas familias lo sigan hablando es un auténtico milagro, además con un modelo  “medieval” con participios en –ato muy específico. Se trata de una zona desarrollada ya desde comienzos del siglo XX (Balneario, pista de esquí),  que poco tiene que ver con la imagen de poco desarrollo económico y olvido, como pudiera ser por ejemplo Agüero o Chistau. Son procesos distintos que pueden tener explicaciones sociológicas distintas, o no, no lo sabemos y por eso lo estamos investigando.

Según los datos del último censo, parece que el número de hablantes de aragonés ha crecido respecto al último censo en el que se preguntó (1981). ¿Qué ha ocurrido para que salgan más hablantes que en 1981 cuando el sentido común dictaría lo contrario?

Son unos resultados que tenemos que tomar con mucha prudencia y analizar con calma. Los 53630 conocedores del aragonés que nos da el censo implican un aumento respecto al censo de 1981, últimos datos que se tenían.  Esto pudiera hacer pensar que más gente habla aragonés y que la situación de la lengua es mejor. Tal afirmación pudiera derivar en la confirmación de una hipótesis que consistiría en que la no acción por parte de las administraciones públicas ha dado lugar a una mejor situación de la lengua, y contextualizar   esto en una explicación teórica de influjo libertariano, por hacer un símil con esa corriente socio-económica. Personalmente creo que estaríamos ante una clara ilusión estadística. Es probable que existan varios sesgos o inexactitudes que tengamos que analizar. Por un lado faltan los resultados del censo de 1981 de la ciudad de Zaragoza. En el caso del censo de 2011 hay 26037 “conocedores” de Zaragoza, lo cual nos dejaría con los más o menos 30000 hablantes del censo de 1981. Después existe todavía la confusión entre el aragonés como variedad del castellano de Aragón y el aragonés como “fabla aragonesa”. De los que dicen aragonés ¿quién lo dice como variedad del castellano y quienes como lengua propia de Aragón? Por ejemplo en las comarcas del sur de Teruel  (Albarracín, Comunidad de Teruel, Maestrago y Gúdar-Javalambre) unas 500 personas dicen hablar aragonés en el ámbito familiar o cerca de 800 dicen saber hablarlo, leerlo y escribirlo, habiendo más personas que solo lo hablan o lo entienden. Para complicar más las cosas, 950 personas dicen saber hablar, leer y escribir aragonés en comarcas eminentemente catalano-hablantes como son La Litera, Bajo Cinca y Matarraña, es más que probable que sean personas que hablen catalán pero digan hablar aragonés. Así pues nos podemos encontrar como hablantes de aragonés a personas que hablan en “baturro”, a hablantes del catalán, a hablantes del aragonés como lengua materna y a neo-hablantes, este último fenómeno  casi inexistente en 1981.  Por eso digo que hay que ser muy prudente a la hora de establecer conclusiones.


Texto: Redacción Subarbre
Fotografía: Arainfo

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Análisis

Turba: Corpus Bestiae

Ilustración Corpus Bestiae

Turba. Revista de Filosofía Política es una publicación anual de la editorial zaragozana Los Libros del Señor James, que cuenta con dos números en papel y que también puede descargarse gratuitamente desde su web revistaturba.net. El primer número, dedicado a la temática “Deuda, violencia, política” salió a la luz en el 2013. La revista, en este sentido, se dedica al análisis y la intervención política mediante un conjunto de artículos centrados en una temática concreta.

Porque se resiste con el cuerpo, el segundo número de Turba… está dedicado monográficamente a la “Crítica de la Anatomía Política”. En él se estudia el cuerpo mediante su fragmentación en diferentes órganos. Esta forma de intervenir en lo que normativamente se entiende como un cuerpo trataría de dotar a la corporalidad de posibilidades a las que habitualmente no se atiende, en este caso, a esa materialidad encarnada que es lo político. El conjunto de los artículos parece apuntar a que, siendo la existencia política y en la medida en que el cuerpo materializa la existencia, el cuerpo es, él mismo, político.

Sabemos cómo en las cárceles, presos y presas practican la automutilación como uno de los recursos del que nada tiene o nada le queda, excepto su cuerpo. Protestan con sus heridas lo que ya no es soportable, lo intolerable. Como en el rito tibetano por el cual alguien se raja el estómago para exhibir sus entrañas poniendo de manifiesto los fragmentos que nos constituyen, el conjunto de artículos que encontramos en Turba…  no trata el cuerpo como uno, sino como un conjunto de partes fragmentarias: el coño, la piel, el estómago, el ano, el pie, el útero, el cerebro e, incluso, ese órgano mitológico llamado os penis aparecen como reductos de significado sociopolítico. De alguna manera, mirar la extensión política de los órganos del cuerpo rompe con ciertas premisas culturales heredadas y ciertos roles definidos socialmente.

¿Se puede, acaso, escribir el cuerpo sin intervenir sobre él? La crítica de la anatomía política conlleva un cierto proceso de desvelamiento de los discursos sedimentados sobre el cuerpo a través de sus propias fisuras y piezas. Así pues, las significaciones se abren. Desmenuzar el cuerpo en su sesgo político sirve también para desmenuzar su sentido, su representación. A pesar de las divergencias de enfoque entre los artículos, el conjunto actúa en este segundo número como agente corrosivo del cuerpo haciendo surgir nuevas connotaciones a partir de la desorganización y deconstrucción de los órganos expuesta en este corpus bestiae.


Texto e ilustración: Xayide García Cáceres (Revista Turba)