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Lo viejo y lo nuevo: permanencia y cambio electoral en la Comunidad de Calatayud

Paisaje de la comarca de Calatayud
Paisaje de la comarca, erial o revolución. Autor: Daniel Lerín

En las elecciones generales del 20 de diciembre se produjo un resultado novedoso (e inevitable) en el panorama parlamentario del Estado español; de hecho, hacía meses que se anunciaba una pérdida de votos de los dos partidos que han hegemonizado el Congreso desde hace más de tres décadas (PP y PSOE). No entraremos en disquisiciones ideológicas ni en tratar de explicar estos cambios electorales. Sólo quiero mostrar una foto fija de los últimos comicios. Partimos de la idea del bipartidismo (lo viejo) como turnismo entre dos fuerzas que por razones variadas controlan la mayoría de los resortes del poder, en este caso los escaños para conformar el parlamento estatal. Lo nuevo serían el resto de fuerzas políticas, las que tienen opciones de disputar la hegemonía a lo viejo (Podemos y Ciudadanos), aparte de otras coaliciones más clásicas (Unidad Popular, con IU y CHA).

La cuestión es demostrar, con un pequeño repaso de datos, que lo viejo resiste y con mucha salud, mientras que lo nuevo llega pero tan lentamente que puede asemejarse a un resfriado. En Aragón, repasando los datos de la Comunidad de Calatayud, constatamos esta realidad que reproduce con calculada frialdad la famosa división entre voto rural y voto urbano. De esta guisa nos sale que el cambio apenas ha aparecido en la mayoría de municipios de esta comarca.

La Comunidad de Calatayud es una comarca situada en el centro-oeste aragonés, la denominada Celtiberia. Tiene una población total de unos 39.000 habitantes, de los que 30.000 son electores. La abstención se mantiene constante (entre un 25-30%), es decir unas 10.000 personas aproximadamente. Unos 21.000 votos repartidos entre 67 municipios. Una larga lista de los mismos ha ofrecido más de un 80% de apoyos a lo viejo (Abanto, Calmarza, Campillo, Castejón de Alarba, Cimballa, Montón, Paracuellos de la Ribera, Sisamón, Tobed o Velilla de Jiloca, entre otros). Los municipios que tienen entre un 60-80% de apoyos al bipartidismo, son la mayoría (46 de los 67): Ariza, Ibdes, Jaraba, Maluenda o Cervera de la Cañada. Calatayud, cabecera comarcal de 20.000 habitantes, tiene un 59% de votos a lo viejo. Ateca o Alhama de Aragón -núcleos con un importante peso de los sectores secundario y terciario- acumulan sobre un 64%. Por debajo del 60% de apoyos, destacamos lugares como La Vilueña -35% entre Ciudadanos y Podemos-, Valtorres -36%, Podemos y UP-, Cabolafuente -42% entre Ciudadanos y Podemos-, Ruesca -Podemos y UP suman un 47%- o Pozuel de Ariza -UP y Podemos tienen un 60% de votos-.

Alguno dirá que son pocos votos, que no cuenta, pero tal y como ha ido el reparto de escaños, hay una evidencia rotunda: todos estos altos porcentajes sujetan al bipartidismo PP-PSOE, ayudando a su poder en la circunscripción electoral de Zaragoza. Se elegían siete diputados, el tercer escaño de la coalición PP-PAR lo obtuvieron con los restos de 53.600 electores. El segundo del PSOE por 59.000 votos. Podemos no obtiene el segundo escaño por muy poco, ya que tenía 51.100 votos. Y Ciudadanos, se quedaba algo más alejado con 47.400 en sus restos para ese segundo escaño. El resultado electoral de esta comarca ha podido ser decisivo para sostener ese diputado de lo viejo.

¿Qué conclusiones extraemos de estas pinceladas? Algunas son evidentes, no innovamos diciendo que el mundo rural es más conservador, más reticente a los cambios, del tipo que sean (culturales, económicos, políticos). Por otro lado, podemos desmontar esa manida tesis de Aragón es nuestro Ohio, que desde un buenismo colonial trata de explicar el comportamiento aragonés a través de lo español. Igual nos equivocamos y resulta que ese sentido de voto hacia lo viejo nos anuncia más de lo mismo. En todo caso, lo nuevo llega pero no penetra de forma palpable en el tejido rural. ¿Será una simple cuestión demográfica? Tampoco veo plausible reducir todo al sentido de voto de la población envejecida, el poder es reproductivo y el clientelismo provoca situaciones de subordinación muy fácilmente ejecutadas en comarcas como la descrita: el PP, PSOE y PAR tienen una tupida tela de araña que termina por pervertir el sistema.

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En torno a la vigencia de la teoría educativa crítica y la pedagogía emancipadoras (I)

 

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Actualmente, el mundo de la educación vive una importante incertidumbre, debido principalmente a los ataques neoliberales y los recortes sobre el sistema educativo estatal-público, por su endémica indefinición y burocratización estructural, así como por el olvido de determinadas bases teóricas para rearmar la educación como hecho sociohistórico de primer orden. Desde una óptica crítica se puede analizar el devenir de los modelos público-estatales desde mediados del siglo XIX hasta el momento actual, sumidos en la vorágine de otra de las cíclicas crisis capitalistas, están más sometidos que nunca a los rigores del mercado y la sociedad credencialista. No en vano, la educación es uno de los espacios sociales privilegiados para la observación de conflictos, y es por ello, que se precisa de una reflexión acerca de los orígenes históricos tanto de la universalización de la educación en el occidente europeo como de aquellas alternativas que pueden, desde una perspectiva más crítica y comprometida, retomar el ideal ilustrado de la emancipación a través de la educación.

Cuando el hecho educativo se trata de uniformar para una gran cantidad de población, sus bases acaban pervirtiéndose en favor del capital humano y el “interés nacional”, como meta productiva de los aprendizajes en una sociedad tardomoderna

Cuando se habla de educación debe hacerse desde una perspectiva integral y socialmente transversal, pues el hecho educativo es tan cotidiano que impregna la esfera social de la práctica totalidad de la ciudadanía. No debe confundirse con sus estructuras formales que por ley obligan a una escolarización controlada por agentes tecnocráticos, expertos técnicos en lo que se ha venido a llamar la Nueva Gestión Pública, de clara herencia turboliberal. Cuando el hecho educativo se trata de uniformar para una gran cantidad de población, sus bases acaban pervirtiéndose en favor del capital humano y el “interés nacional”, como meta productiva de los aprendizajes en una sociedad tardomoderna. La educación estatalizada ha tergiversado la cultura del progreso de masas por verse sometida a las exigencias de la ideología conservadora, que acaba otorgando a la productividad, la eficiencia y la calidad mayor valor simbólico que el desarrollo humanista del individuo. En suma, cuando la educación se convierte en un negocio excluyente y especulativo es necesario desarrollar una revisión de sus bases sociales y constitutivas hacia modelos más democráticos, populares y autogestionados. Para corroborar esta idea, se quiere suscitar con este análisis teórico y práctico, un estado de la cuestión que contribuya a la promoción de un nuevo ideario educativo progresista.

Arqueología de la pedagogía emancipadora

Partiendo de una necesaria revisión acerca de la historia de la educación, se pueden encontrar experiencias y corrientes de pensamiento que han abrazado otros modos de enseñar y educar sin coacción ni adoctrinamiento. Desde las modalidades educacionales del mundo clásico, pasando por la escolástica medieval y moderna, nos topamos con un punto de inflexión clave en el llamado siglo de las Luces y el pensamiento ilustrado. El origen de una nueva concepción del ser humano, del niño y de su educación en sociedad hunde sus raíces en el Emilio o de la educación de Rousseau, que abre las puertas a una percepción del hecho educativo como fenómeno central en la sociedad. Partiendo de las ideas de Rabelais, Montaigne, Locke y Godwin, Rousseau planteaba un naturalismo biológico que reconocía al niño como sujeto en sí, algo que chocaba con la concepción educativa tradicional; el reconocimiento de la infancia y sus fases evolutivas dará una nueva dimensión a su propuesta educativa. Bajo el prisma ilustrado, caracterizado por cierto naturalismo espontaneista, se considera que el ser humano se forma a posteriori a medida que va desarrollando actos en un contexto específico. A pesar de que pensadores como Bakunin criticaron su determinismo social es innegable que el bagaje rousseauniano, basado también en la observación y la experimentación del ser humano con respecto a la naturaleza, caló hondo en la obra de Pestalozzi, Froebel y Herbart; así como en futuras corrientes pedagógicas como la Escuela Nueva y experimentaciones prácticas como la escuela Yosnaia Poliana de Tolstoi y otras procedentes del mundo del socialismo utópico, como los falansterios de Fourier y la escuela de New Larnack de Owen. De estas incipientes ideas y embrionarios proyectos educativos comunitarios se extrae el paidocentrismo como una de sus principales piedras de toque, un enfoque educativo que sitúa al educando en el papel protagonista de su propio aprendizaje y que trata de estimular entornos en los que pueda libremente desarrollar todas sus potencialidades.

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Ya en el siglo XIX y durante el turbulento devenir de las luchas entre liberalismo y Antiguo Régimen, y posteriormente, entre liberalismo, nacionalismo y socialismo en sus distintas variantes, se van desarrollando al calor de las revoluciones liberal-nacionales unos sistemas educativos que tratan de estructurar unas nuevas formas de encuadramiento social. Si bien y no con pocos retrasos y reticencias, se ponía un teórico fin al trabajo infantil y se reconducirá el ingreso en el mundo adulto de los futuros ciudadanos a través de las emergentes organizaciones escolares, éstas adolecían de la suficiente permeabilidad social y de un paternalismo que unía a la escuela a otras instituciones y organizaciones sociales modernas, como el cuartel, la cárcel, el hospital, los manicomios y el ejército. Los avances progresivos, plasmados en políticas como las conocidas leyes del ministro francés Jules Ferry, quedaron a la larga ensombrecidos por una pedagogía tradicional, punitiva y memorística constreñida desde el poder político y legislativo. En suma, se acabarán creando unos mastodónticos sistemas de educación universal de masas que respondían más a las exigencias socio-productivas e ideológicas que las propias del respeto al niño y su desarrollo humanista. La escuela a finales del siglo XIX se constituyó como un aparato de reproducción elitista y de exclusión social basado en la transmisión del statu quo vigente.

Los avances progresivos, plasmados en políticas como las conocidas leyes del ministro francés Jules Ferry, quedaron a la larga ensombrecidos por una pedagogía tradicional, punitiva y memorística constreñida desde el poder político y legislativo

Pronto surgieron corrientes críticas contra el formato punitivo e impuesto de la educación en el occidente Europeo y en Norteamérica. La llamada escuela tradicional se enfrentó a la corriente de la Escuela Nueva, que desde ambos lados del Atlántico promovió una concepción educativa y pedagógica alternativa y progresista. Destacó en EEUU la figura de John Dewey quien, imbuido del característico pragmatismo americano de la época y una ideología avanzada, plasmó como pocos un compromiso por el cambio pedagógico ligado a su vez con el consiguiente cambio social. El activismo educativo de Dewey y su concepción pedagógica, que puede seguirse a través de Democracia y educación, se centran en una suerte de naturalismo biológico y en el método del problema, es decir, una estrategia que hace valer las experiencias reales de los niños para la resolución de los conflictos de su entorno de una manera consciente. Desde Europa, los principales promotores de la Escuela Nueva o Activa, Décroly, Ferrière, Cleparede, Montessori o Kilpatrick, plantearon una dura crítica frente a la institución escolar vigente. Como sus homólogos norteamericanos, el movimiento europeo desde una visión paidocentrista, situaba al educando en un lugar protagonista dentro de su enseñanza, la cual debía estar íntimamente ligada a la realidad social circundante. Décroly aportó al futuro de la pedagogía la globalización de los contenidos curriculares, de tal forma que el conocimiento no quedaba parcelado en disciplinas sino que se primaba su combinación y una conexión con la vida apoyada en núcleos temáticos significativos. Junto a estos aportes encontramos el método de proyectos de Kilpatrick, con el que se intenta realzar la libertad y la responsabilidad individual y grupal respetando a su vez los ritmos de cada estudiante. El conjunto de la Escuela Nueva abrazó la experimentación psicológica y educativa para generar espacios de aprendizaje y métodos de enseñanza divergentes a los tradicionales. Esta impronta impregnará a las generaciones pedagógicas posteriores y a los futuros sistemas educativos del siglo XX, que no siempre las utilizarán de modo neutro y no instrumentalizado.

Educación y movimiento obrero

El largo siglo XIX y el desarrollo de las ideologías obreras producirán también experiencias prácticas de educación alternativa que se une al compromiso por el cambio social. El socialismo utópico se reelaboró para el mundo pedagógico bajo un tamiz libertario que cristalizará en proyectos tan relevantes como el orfanato Prévost de Cempuis de Paul Robin. Robin entendía que si la escuela respeta la naturaleza intrínseca de los niños, ésta puede funcionar como un instrumento de emancipación. Sobre esta base edificó un ideario teórico y práctico de educación integral, antiautoritaria e igualitaria, apoyando a su vez el internacionalismo pacífico y la liberación de la mujer. La educación en Cempuis se basaba en una combinación de educación intelectual-científica y física que mediante el método experimental inductivo hacía de la observación y el descubrimiento la senda de los aprendizajes. La viabilidad del proyecto alternativo de Robin, desarrollado entre 1880 y 1894, causó sensación en su época, para bien o para mal, pues defendía la coeducación y el rechazo de los libros y los castigos, generando simpatías y odios por igual en la sociedad decimonónica finisecular. Su legado caló hondo y se dejó sentir en posteriores experiencias de educación libertaria y antiautoritaria, como La Colmena de Faure, la Escuela Moderna a cargo de Ferrer y Guardia y experiencias del periodo de entreguerras como por ejemplo las escuelas experimentales de Hamburgo o la educación popular-revolucionaria del periodo de las colectivizaciones durante la guerra civil española.

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Faure consagró buena parte de su vida a la militancia, pues fue un prolífico intelectual cofundador junto a Louise Michel de Le Libertaire y otros tanto periódicos y obras integrales como la Énciclopedie anarchiste de 1934. Durante su vida tuvo la oportunidad de desarrollar el proyecto de La Colmena (La Ruche) en Rambouillet, desde donde promoverá una modalidad educativa basada en dos principios: la promoción de aprendizajes variados y prácticos así como el establecimiento de relaciones de solidaridad tanto dentro de La Ruche como con respecto al resto de la sociedad. El mismo Faure afirmaba que La Ruche no era una escuela, ni un internado, ni un orfanato sino “es al mismo tiempo que una obra de solidaridad, una especie de laboratorio donde se experimentan métodos nuevos de pedagogía y de educación”. Esta atípica escuela, impregnada del espíritu “mesiánico libertario” y del neomaltusianismo de la época, pervivió hasta que en 1917 fue clausurada por el gobierno francés en pleno contexto de la Gran Guerra. Sobre un proyecto educativo articulado a modo de cooperativa integral se impartían distintos tipos de instrucción, más general o bien más técnica, organizadas a través de talleres que con el tiempo se convirtieron en un sistema de autoempleo para los antiguos alumnos y de autofinanciación, pues sus manufacturas se vendían a los sindicatos anarquistas de Paris. La idea de Faure rechazaba en suma los premios y castigos al considerar que el papel de la enseñanza consiste en tratar de desarrollar en plenitud las capacidades físicas, intelectuales y morales de los niños.

Práctica educativa libertaria en el estado Español: Ferrer y Guardia.

Las conexiones políticas, y en suma pedagógicas, del tridente Francia, España e Italia de finales del XIX y principios del XX, hizo que casi en paralelo se diera el proyecto educativo integral, racional, mixto y científico de Ferrer y Guardia en la Escuela Moderna de la calle Bailén de Barcelona desde 1901. La máxima de esta escuela, que sobrevivió como otros ejemplos hasta que la represión se cebó con ellas, era una propuesta educativa antiestatal, anticlerical, no competitiva, ni punitiva ni evaluativa. Como en otras experiencias, la conexión con el medio socio-político y el contexto real de los niños se convertía en un medio de descubrimiento y formación caracterizado por plasmar una suerte de política prefigurativa escolar mediante la educación de sexos y clases, el respeto a la libertad y la creatividad, así como el cuidado de unas relaciones afectivas solidarias. Ferrer realzó la importancia de la vertiente emocional, individual y colectiva, promoviendo interacciones sustentadas en la confianza, el compañerismo y la camaradería. También supuso una evolución su uso de materiales y recursos pedagógicos, franceses principalmente, para provocar situaciones de aprendizaje y de indagación empírica complementadas con salidas al campo y a distintos centros de trabajo conectando desde un prisma emancipador al niño con su realidad contextual. La educación de adultos y otras de las diferencias con las escuelas tradicionales, eran sus buenas condiciones materiales y el eugenismo que caracterizaba a la escuela moderna de Ferrer, frente a las condiciones miserables de la escuela nacional de la época. Ferrer plasmará como nadie hasta entonces, la vía educativa emancipadora vehiculada a través de la ciencia y la razón para alcanzar el objetivo de la Escuela Moderna, que como él mismo señalo en su programa original, consistía “en hacer que los niños y niñas que se le confíen lleguen a ser personas instruidas, verídicas, justas y libres de todo prejuicio”. Para ello, sustituirá el estudio dogmático por el razonado de las ciencias sociales. Ferrer, cuyo proyecto se cerró tras la represión desencadenada tras el atentado contra Alfonso XIII, será finalmente ejecutado a raíz de su supuesta conspiración para la promoción de la “Semana Trágica”, fundamentada en pruebas de escasa legalidad que lo llevarían a su muerte en Montjuic, iniciándose una enérgica repulsa a nivel internacional y el inicio de su aura como mártir de la educación antiautoritaria. Antes de su muerte, Ferrer fundó la Liga Internacional para la Educación Racional de la Infancia y creó la Biblioteca de la Escuela Moderna con obras como Las aventuras de Nono de Jean Grave de 1901, Sembrando flores de Federico Urales de 1906 y las obras del geógrafo libertario francés Eliseo Reclús (el cual dará nombre a la escuela fundada por Félix Carrasquer de Barcelona en 1935, promotor a su vez de la Escuela de Militantes Libertarios de Monzón).

Ferrer y Guardia realzó la importancia de la vertiente emocional, individual y colectiva, promoviendo interacciones sustentadas en la confianza, el compañerismo y la camaradería

La propuesta ferreriana encuentra su conexión con la psicopedagogía libertaria de Liebling y la idea del maestro compañero de Schimd y se ve reflejada en otras propuestas como las escuelas del self-government de Hamburgo, la no directividad de Homer Lane en la Little Commonwalth School y de Neill en su proyecto de Summerhill, además de en otras corrientes no estrictamente libertarias, como el cooperativismo freudomarxista de Freinet. Con respecto a las escuelas de Hamburgo cabe decir que se trataban de comunidades basadas en la máxima de un “laissez-faire” y la planteamiento del “pájaro migratorio” de Wyneken, impregnadas de nihilismo educativo en el delicado periodo de entreguerras alemán. Estas experiencias, con sus múltiples pros y contras, trataron de establecer unas relaciones educativas basadas en el autogobierno, la autonomía y la camaradería. Este modelo que se extendió a otras ciudades alemanas durante la República de Weimar, transformó el rol y el perfil del docente, que se convertía en un “compañero”, guía y animador no dirigista de los aprendizajes. De este modo se trataba de inculcar en los alumnos una socialización no impuesta que en el mejor de los casos pudieran proyectar en el futuro en el conjunto de la sociedad. El trabajo en el aula se fundamentaba en el trabajo por proyectos cooperativos y la libertad de elección por parte de los alumnos, tratando de limitar la distancia existente entre la escuela, la cultura y la sociedad. Estas experiencias renovadoras basadas en una disciplina de responsabilidad propia y de amor al prójimo, pudieron experimentar los límites del autoritarismo escolar y unas formas educativas tan revolucionarias como polémicas que comenzarían su declive desde 1925 al plegarse a la nueva normativa académica de 1925 y decaer hasta ser finalmente abortadas con el ascenso del nazismo.

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El caso de Summerhill es especialmente reseñable, pues su fundación por Neill en Leiston (Suffolck, Inglaterra) desde 1921, ha mantenido hasta nuestros, ahora bajo la gestión de la hija de éste, Zoe, un proyecto radicalmente no directivo basado en la pedagogía de la libertad. En esta corriente pedagógica encontramos uno de los conglomerados referenciales más interesantes por combinar el sustrato rousseuauniano con el aporte libertario y del freudomarxismo psicoanalítico de Reich y Lane, inédito en el terreno educativo hasta entonces. Neill, considerado por Ferriére como “el enfant terrible de la pedagogía extremista en Inglaterra” proponía un modelo educativo antagónico al sistema educativo británico y la constricción moral impuesta por el anglicismo religioso. A diferencia de la escuela tradicional británica, Neill desarrolló un espacio en el que los niños pudieran ser respetados en su estado natural, de desarrollo autónomo y no inducidos por el presumible desarrollo que para ellos tiene reservado el mundo adulto. Denunció la represión sexual y la falta de cariño como causas de las principales patologías psicológicas de la sociedad, ya que las trabas represivas del orden económico, político y social socavan las posibilidades de llevar a cabo una revolución a nivel personal y colectivo. Es la búsqueda de la felicidad lo que mueve principalmente el ideario pedagógico de Neill y su alternativa escolar tiene como motor la plena libertad de decisión y desenvolvimiento de los niños que acuden a ella. Con ese fundamento, Neill defendía en cuanto a la felicidad en libertad que prefería “un barrendero feliz que a un Primer Ministro neurótico” al entender que “jamás un hombre feliz creó un problema en una reunión, se declaró a favor de la guerra o linchó a un negro. Ningún hombre feliz ha asesinado o cometido un robo. Ningún patrón feliz ha asustado jamás a sus empleados”.

El trato igualitario entre adultos y jóvenes será una constante orientada, según Neill, a evitar una futura “vida de inferioridad y servilismo” y a fomentar un ambiente de afecto que limite las malas conductas

La defensa de la libertad y la crítica al dogmatismo religioso y al estado capitalista impregnan las interacciones y la organización de Summerhill, basada en distintas asambleas o “meetings” en los que se discuten en comunidad todos los aspectos concernientes a la escuela y la resolución de conflictos, de manera horizontal y dando un espacio protagonista a la participación democrática y directa de los niños y niñas. Gracias a este funcionamiento, los niños y niñas de Summerhill adquirían madurez, responsabilidad y autonomía entroncando con el objetivo de Neill de alcanzar “la libertad, no el dejar hacer”. Otros elementos relevantes dentro de Summerhill son la ausencia de exámenes y calificaciones así como la posibilidad de los niños de poder asistir o no a las clases, teniendo libertad para desarrollar sus propios aprendizajes en talleres o con el contacto con la naturaleza. El trato igualitario entre adultos y jóvenes será una constante orientada, según Neill, a evitar una futura “vida de inferioridad y servilismo” y a fomentar un ambiente de afecto que limite las malas conductas. En consecuencia, libertad y amor van de la mano para el pleno desarrollo de los jóvenes dentro de esta “república de niños” defendiendo estos valores frente a la coacción y el determinismo de la sociedad. El legado de Neill se complementa con otras tendencias antiautoritarias como la de Rogers y la no directividad, que considera la empatía, la confianza así como la autenticidad personal y moral, la vía para el pleno desarrollo personal. A pesar de las críticas recibidas y del acoso administrativo, ni las inspecciones gubernamentales ni el neoliberalismo educativo de Tatcher mediante las Reforms Acts de 1988, han podido clausurar un ejemplo escolar que evidencia, a tenor de la vida adulta llevada por sus distintas generaciones de alumnos, la posibilidad de alcanzar unas realidades educativas más sanas y humanas en el respeto a la libertad del niño y el fomento de la responsabilidad y la autonomía futuras.

[Este artículo es la primera parte de un texto más amplio, cuya siguiente parte será publicada próximamente]


Texto: Juan Lorenzo Lacruz

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Entrevista al Seminario Aragonés de Sociolingüística

Seminario Aragonés de Sociolingüística
Acto de presentación del Seminario Aragonés de Sociolingüística y del libro “Actas, lenguas e identidades“

El pasado día 19 de diciembre el Seminario Aragonés de Sociolingüística (SAS) hizo su presentación pública en Zaragoza. El acto se aprovechó para presentar el Libro Actas  del II Congreso Aragonés de sociología, Mesa Lenguas e Identidades publicado por Gara d’Edizions, Prensas Universitarias y la Institución Fernando el Católico. En el acto de presentación además se dieron dos conferencias sobre la situación del catalán en Aragón a cargo de Josep Espluga (Universidad Autónoma de Barcelona) y Cecilio Lapestra (Universidad de Lleida). Subarbre acudió a esta cita que supone la puesta de largo de una iniciativa novedosa en el ámbito de las lenguas de Aragón respecto a los  ámbitos reivindicativo o de creación literaria en los que habitualmente se desenvuelven las iniciativas de los movimientos en torno a estas dos lenguas. Hablamos con Miguel uno de los integrantes del Seminario

¿Cómo y por qué surge el SAS?

Como suele ocurrir en  este tipo de iniciativas, surge por un encuentro personal, y casi fortuito,  entre Chabier Gimeno y Natxo Sorolla que coinciden en un congreso de sociología en 2013. Se tomaron un café “eterno” y de ahí surgió una cascada de ideas y un feeling tanto en lo personal como de carácter científico-profesional.  De ahí, y a través de un trabajo en red de difusión de la iniciativa, surge el contacto con sociólogos interesados tanto en el catalán como en el aragonés. Más allá de lo personal,  si no existiese la necesidad de desarrollar un  estudio de las lenguas de Aragón desde la perspectiva sociológica  no hubiésemos encontrado nadie con el que contactar. Entendemos que hay una carencia histórica de  este tipo de  reflexión en torno a la cuestión lingüística aragonesa, y que no se puede comprender esa situación sin un abordaje desde las ciencias sociales, que tienen mucho que decir. Los sociólogos ni  han alzado la mano para poder intervenir ni tampoco se les ha llamado, teniendo históricamente más voz los políticos que los propios científicos sociales. Queremos dar el paso para que sean los sociólogos los que alcen la mano para intervenir, por eso mismo formamos parte como seminario  de la Asociación Aragonesa de Sociología que es la representante en Aragón de la Federación Española de Sociología. Con este paso dado por nuestra parte esperamos que después se nos llame para intervenir y ofrecer nuestros puntos de vista

¿Qué actividades habéis desarrollado hasta la fecha?

Como SAS apenas llevamos 1 mes y medio de funcionamiento más o menos oficial, pero el grupo humano que ha desembocado en el SAS lleva trabajando del orden de un año. Cabe destacar la coordinación de la mesa Lenguas e Identidades del II Congreso Aragonés de Sociología que desarrolló la Asociación Aragonesa de Sociología, de la que formamos parte, en mayo de 2014. Queremos destacar la importancia de la presencia de las lenguas de Aragón en dicho congreso no solo porque era la primera vez que se hacía, sino porque era uno de los primeros foros no lingüísticos y no políticos en los que se abordaba esta cuestión. El aragonés y el catalán estuvieron, como temática, tratados con la misma importancia  que problemáticas como la exclusión social, la sociología de la educación o la estratificación  de nuestra sociedad post-industrial, e incluso se escucharon varias ponencias en aragonés.  Este mismo equipo humano proto-SAS  desarrolló en julio  un curso de verano de la Universidad de Zaragoza con el título Gestionar la diversidad lingüística de Aragón, que además de contar con cerca de 30 participantes tuvo repercusión en la prensa aragonesa, aunque no faltó la polémica en torno a la afirmación por parte de uno de los ponentes del curso, el Profesor Javier Giralt, de que en Aragón se hablaba catalán. Semejante “locura” fue criticada en algún periódico aragonés. También miembros del seminario colaboraron en un artículo de opinión que fue  firmado tanto por sociólogos  como por lingüísticas, para defender la investigación sociológica en torno a las lenguas; esto se hizo tras un artículo del Heraldo que consideraba un ejercicio de agresión catalana contra Aragón el mero hecho de querer hacer una investigación sociolingüística. Entendíamos que hacer una encuesta siguiendo criterios científicos no es una agresión, aunque lo deseable sería que fuese nuestro propio gobierno el que lo hiciese.

Estamos hablando del Seminario aragonés de sociolingüística pero  ¿Qué es la sociolingüística?

Me alegro de que me haga esa pregunta (risas). No podemos entender la sociolingüística sin hablar de la sociología de  la lengua o el lenguaje. Existe un amplio debate en torno a dónde empieza una y dónde la otra. Podríamos decir, como afirma Hudson,  que la sociolingüística estudia el lenguaje en relación a la sociedad  y la sociología del lenguaje estudia la sociedad en relación al lenguaje. Otros autores hablan de enfoque o impronta  en el que la sociolingüística sería otra forma de hacer lingüística. Esto entroncaría con lo que afirma el más destacado sociólogo del lenguaje a nivel internacional, Joshua Fishman, que habla de dos sociologías de la lengua: la descriptiva (¿Quién habla, qué lenguas, a quién, cuándo y con qué fin?) la dinámica que se preguntaría qué es lo que causa las diferentes formas de organización social del uso lingüístico y del comportamiento ante el lenguaje. Pongamos algunos ejemplos. La citada investigación de la Generalitat sobre el catalán sería sociolingüística mientras que un análisis de los discursos públicos en torno a la diversidad lingüística de Aragón sería sociología del lenguaje. En el libro que hemos presentado hay una curiosa ponencia que habla de la construcción ideológica de los métodos y técnicas usado por el Estudio de  Filología de Aragón en la realización del Diccionario Aragónes entre 1915 y 1931, esto no sería sino sociología del lenguaje en su variante metodológica y en el mismo libro Josep Espluga hace sociología del lenguaje hablando sobre los posicionamientos de los editoriales de los periódicos aragoneses en torno a la nueva ley de lengua y el famoso LAPAO. El estudio que Francisco Llera realizó para el Gobierno de Aragón (no publicado) en 2001 sería sociolingüística.

¿Cuál es la situación de la sociolingüística en Aragón?

Como podrás imaginar la propia necesidad de crear el SAS es un indicador de que la cosa no está muy boyante. Si ya la propia situación de la sociología en Aragón es de mínimos al no haber un Grado Universitario en Sociología, ni un departamento propio en la Universidad de Zaragoza, una especialización de este tipo lo tiene más complicado. Sin embargo nos hemos encontrado con la sorpresa de que hay varios sociólogos tocando estos temas, en algún caso con una dedicación intelectual completa, como es el caso de Natxo Sorolla que tiene muy avanzada su tesis doctoral y si todo va bien la presentará durante 2015. También nos hemos encontrado con el  trabajo de Rosa Bercero cuya tesis doctoral  versó sobre la sociolingüística del ayerbense. El libro recientemente publicado, y que presentamos en el acto del 19 de diciembre, es un recordatorio de que esta temática está ahí y hay personas interesadas en él. Más allá de los censos y de alguna investigación concreta tanto del Gobierno de Aragón (Llera en 2001) y de la Universidad de Zaragoza, ya hace unos años, el primer libro que habló sobre sociolingüística de manera explícita es el del profesor Pujadas, que desde la antropología estudio la etnolingüística del Valle de Bielsa. Ese texto es de 1973 pero no sirvió como acicate para inaugurar una corriente de estudios sociolingüísticos, sobre todo del aragonés. El catalán se beneficia de la “marea”  de la sociolingüística catalana, que incluso es en sí misma una corriente teórico-práctica dentro de la sociología. Aun así, el catalán de Aragón no se beneficia tanto de esa corriente de investigación como en un primer momento pudiera parecer.  También hay abordajes a las lenguas de Aragón desde las ciencias sociales en su sentido más amplio, principalmente la pedagogía o la psicología con los trabajos de Angel Huget, o las Trobadas de Rechiras que organizaba el Consello d’a Fabla ya hace unos años con ponencias muy interesantes y que deben tenerse en cuenta a la hora de establecer una bibliografía de la sociolingüística aragonesa. Como sociólogo, y ya es una cuestión mío  mía, he de destacar el trabajo  de  Parola y el Archivo Audiovisual del Aragonés. Lejos de ser una mera grabación en video de hablantes nativos del aragonés, entiendo que se trata de un tipo de investigación en la onda de la denominada investigación-acción-participación en una perspectiva dialéctica, como afirmaba el sociólogo Jesús Ibáñez.

Existe la convicción de que la situación del catalán en Aragón es buena debido al contexto rural en el que se encuentra y que incluso se habla más que en muchas zonas de Catalunya  ¿Es esta percepción cierta?

Hasta el momento, existía cierta percepción, refrendada por los datos sociolingüísticos de población adulta, que la salud de la lengua catalana en la Franja era buena, y de hecho, en muchas ocasiones se ponía como ejemplo los porcentajes de conocimiento incluso superiores a los de Catalunya. De hecho, estas afirmaciones suelen contar con tirón mediático, pero la vitalidad lingüística sigue otros caminos, dado que no son realidades estríctamente comparables, porque se trata de un medio rural, con despoblación, y donde la vitalidad de la lengua puede estar en una situación más comprometida a pesar  de algunos datos. Un ejemplo es el de la dinámicas diglósicas, por el hecho que la mayor parte de la población es incapaz de usar por escrito su lengua familiar. Pero el hecho más grave empieza a visualizarse ahora,  con los primeros toques de alarma sobre el efecto pernicioso de la política lingüística en Aragón, que ha obviado la realidad trilingüe, cuando no ha sido explícitamente contraria a esta diversidad. Se empiezan a detectar los primeros signos claros de sustitución lingüística generalizada, que ya no afectan a determinadas zonas, como Aguaviva, donde los menores de 30 años apenas emplean el catalán. El proceso se está comenzando a generalizar precisamente en las zonas más pobladas. Se está llegando a un punto en que la ruralidad, por así decirlo, no puede compensar la inacción por parte de las autoridades aragonesas.

Comentáis que la   situación del aragonés es de una clara sustitución lingüística ¿es reversible? ¿Qué habría que hacer para frenarla?

El aragonés se encuentra en un proceso entre avanzado y muy avanzado de sustitución lingüística. Nos cuentan que en Benasque solo hay tres niños que hablen benasqués en su casa….y eso que estamos hablando de una zona en donde la lengua cuenta con cierta vitalidad. En muchas ocasiones son procesos invisibles, que hace que en cuestión de unos pocos años pasemos de decir chen, a decir  chente y a decir gente sin que ni siquiera el propio hablante parezca que se dé cuenta. Esta invisibilización de la sustitución lingüística sería debido a la denominada violencia simbólica que conceptualizó Pierre Bourdieu. Esto tiene profundas implicaciones metodológicas que implica que la técnica de pregunta-respuesta habitual de las encuestas cuantitativas tengan que triangulizarse con enfoques cualitativos para estimar la validez interna y externa. En cuanto a la reversibilidad o no del proceso, Josua Fishman, afirma que los procesos son reversibles si la propia comunidad lingüística así lo decide y se pone el ejemplo de Israel y la recuperación del hebreo tras casi  2000 años de desaparición. Por ejemplo, hace 8 o 10 años el alcalde de Panticosa afirmaba que habían hecho cosas los últimos años, ese “hacer cosas” no era sino meter 3 o 4 carteles toponímicos   en panticuto. Y lógicamente lo decía con orgullo ya que antes ni siquiera se había hecho absolutamente nada. Yo pensaba lo que le diría que tendría que hacer si quisiera tomarse en serio una política lingüística por parte del Ayuntamiento….me reía para mis adentros porque probablemente saldría corriendo de esa sala si supiese lo que habría que hacer para tomarse en serio el tema. Çon esto quiero decir que sí que es reversible. Nuestra labor como sociolingüistas es contextualizar esa sustitución lingüística teóricamente y medirla, ya que no es igual en todos los sitios ni en todos los casos.  De ese esfuerzo pueden salir diagnósticos para futuras intervenciones para la reversión de la sustitución en base a la localización de buenas prácticas. Más del allá del manido auto-odio existen otro tipo de procesos sociales intervinientes. Realmente deberíamos   preguntarnos ¿Cómo es posible que todavía se hable aragonés si no se ha hecho apenas nada en las últimas décadas? Por ejemplo, que en Panticosa algunas familias lo sigan hablando es un auténtico milagro, además con un modelo  “medieval” con participios en –ato muy específico. Se trata de una zona desarrollada ya desde comienzos del siglo XX (Balneario, pista de esquí),  que poco tiene que ver con la imagen de poco desarrollo económico y olvido, como pudiera ser por ejemplo Agüero o Chistau. Son procesos distintos que pueden tener explicaciones sociológicas distintas, o no, no lo sabemos y por eso lo estamos investigando.

Según los datos del último censo, parece que el número de hablantes de aragonés ha crecido respecto al último censo en el que se preguntó (1981). ¿Qué ha ocurrido para que salgan más hablantes que en 1981 cuando el sentido común dictaría lo contrario?

Son unos resultados que tenemos que tomar con mucha prudencia y analizar con calma. Los 53630 conocedores del aragonés que nos da el censo implican un aumento respecto al censo de 1981, últimos datos que se tenían.  Esto pudiera hacer pensar que más gente habla aragonés y que la situación de la lengua es mejor. Tal afirmación pudiera derivar en la confirmación de una hipótesis que consistiría en que la no acción por parte de las administraciones públicas ha dado lugar a una mejor situación de la lengua, y contextualizar   esto en una explicación teórica de influjo libertariano, por hacer un símil con esa corriente socio-económica. Personalmente creo que estaríamos ante una clara ilusión estadística. Es probable que existan varios sesgos o inexactitudes que tengamos que analizar. Por un lado faltan los resultados del censo de 1981 de la ciudad de Zaragoza. En el caso del censo de 2011 hay 26037 “conocedores” de Zaragoza, lo cual nos dejaría con los más o menos 30000 hablantes del censo de 1981. Después existe todavía la confusión entre el aragonés como variedad del castellano de Aragón y el aragonés como “fabla aragonesa”. De los que dicen aragonés ¿quién lo dice como variedad del castellano y quienes como lengua propia de Aragón? Por ejemplo en las comarcas del sur de Teruel  (Albarracín, Comunidad de Teruel, Maestrago y Gúdar-Javalambre) unas 500 personas dicen hablar aragonés en el ámbito familiar o cerca de 800 dicen saber hablarlo, leerlo y escribirlo, habiendo más personas que solo lo hablan o lo entienden. Para complicar más las cosas, 950 personas dicen saber hablar, leer y escribir aragonés en comarcas eminentemente catalano-hablantes como son La Litera, Bajo Cinca y Matarraña, es más que probable que sean personas que hablen catalán pero digan hablar aragonés. Así pues nos podemos encontrar como hablantes de aragonés a personas que hablan en “baturro”, a hablantes del catalán, a hablantes del aragonés como lengua materna y a neo-hablantes, este último fenómeno  casi inexistente en 1981.  Por eso digo que hay que ser muy prudente a la hora de establecer conclusiones.


Texto: Redacción Subarbre
Fotografía: Arainfo

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Análisis

Turba: Corpus Bestiae

Ilustración Corpus Bestiae

Turba. Revista de Filosofía Política es una publicación anual de la editorial zaragozana Los Libros del Señor James, que cuenta con dos números en papel y que también puede descargarse gratuitamente desde su web revistaturba.net. El primer número, dedicado a la temática “Deuda, violencia, política” salió a la luz en el 2013. La revista, en este sentido, se dedica al análisis y la intervención política mediante un conjunto de artículos centrados en una temática concreta.

Porque se resiste con el cuerpo, el segundo número de Turba… está dedicado monográficamente a la “Crítica de la Anatomía Política”. En él se estudia el cuerpo mediante su fragmentación en diferentes órganos. Esta forma de intervenir en lo que normativamente se entiende como un cuerpo trataría de dotar a la corporalidad de posibilidades a las que habitualmente no se atiende, en este caso, a esa materialidad encarnada que es lo político. El conjunto de los artículos parece apuntar a que, siendo la existencia política y en la medida en que el cuerpo materializa la existencia, el cuerpo es, él mismo, político.

Sabemos cómo en las cárceles, presos y presas practican la automutilación como uno de los recursos del que nada tiene o nada le queda, excepto su cuerpo. Protestan con sus heridas lo que ya no es soportable, lo intolerable. Como en el rito tibetano por el cual alguien se raja el estómago para exhibir sus entrañas poniendo de manifiesto los fragmentos que nos constituyen, el conjunto de artículos que encontramos en Turba…  no trata el cuerpo como uno, sino como un conjunto de partes fragmentarias: el coño, la piel, el estómago, el ano, el pie, el útero, el cerebro e, incluso, ese órgano mitológico llamado os penis aparecen como reductos de significado sociopolítico. De alguna manera, mirar la extensión política de los órganos del cuerpo rompe con ciertas premisas culturales heredadas y ciertos roles definidos socialmente.

¿Se puede, acaso, escribir el cuerpo sin intervenir sobre él? La crítica de la anatomía política conlleva un cierto proceso de desvelamiento de los discursos sedimentados sobre el cuerpo a través de sus propias fisuras y piezas. Así pues, las significaciones se abren. Desmenuzar el cuerpo en su sesgo político sirve también para desmenuzar su sentido, su representación. A pesar de las divergencias de enfoque entre los artículos, el conjunto actúa en este segundo número como agente corrosivo del cuerpo haciendo surgir nuevas connotaciones a partir de la desorganización y deconstrucción de los órganos expuesta en este corpus bestiae.


Texto e ilustración: Xayide García Cáceres (Revista Turba)

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Análisis

La Guerra de los Mundos: in(ter)venciones y resistencias en la España franquista

Cabalgata en la Base Americana de Zaragoza
Cabalgata en la base americana de Zaragoza

Dos de enero de 1951. Los periódicos españoles abren su primera edición del año con los mensajes de Año Nuevo de Franco; como es norma, los titulares a cinco columnas ocupan todo el ancho de los diarios, y ahí se desgranan los principales mantras del régimen en esos últimos años de autarquía: el dictador loa los logros alcanzados y, sobre todo, su propia visión de política internacional, en un momento en el que los países occidentales con Estados Unidos a la cabeza empiezan a soltar la correa sobre Franco por su posición anticomunista.

Hasta aquí, todo normal. Previsible. Sin embargo, en un diario falangista de Zamora, en esa primera página y baj o la obligada fotografía del “Caudillo” aparece un titular que llamará la atención de nuestra entrevistada: “Bombas atómicas a bordo de platillos volantes”

Ana Fernández Cebrián lleva a cabo su doctorado en la Universidad de Princeton (Estados Unidos) en Literatura e Historia Cultural, y su tesis trata sobre imaginarios sociales y cultura popular durante el franquismo; parte de su investigación se centra en las representaciones de la Guerra Fría relacionadas con la intervención americana en España en torno a las fechas de los Pactos de Madrid de 1953. En este artículo resumimos una extensa entrevista en la que nos avanza muchos aspectos de su trabajo.

Consideraciones a un relato

“El 51 es un parteaguas en cuanto a posibilidades que vive el régimen; es el primer crédito importante que llega de Estados Unidos”, y esto abre la puerta a una legitimación internacional. “Llama la atención como [en el Heraldo de Aragón] el sesenta por ciento de las noticias son de o desde Estados Unidos, ahí hay un imaginario muy potente, en el que el periódico, en lugar de estar hablando de arquitectura o gastronomía en Zaragoza traduce textos americanos”, como los relativos a la Guerra de Corea. Pero, nos recuerda Ana, es el año de la primera huelga importante tras la guerra, la de tranvías de Barcelona, que tendrá un intento de réplica en Madrid con una “huelga blanca” o de consumo. En 1951 se estrenan, también, Surcos -dirigida por Nieves Conde y con guión de Torrente Ballester- y Esa pareja feliz, de Berlanga. “Es el año también”, nos reconoce Ana “en el que nacen mis padres y el de una foto de mis abuelos en un solar en Las Fuentes” donde luego estarían las viviendas de tranviarios, es decir “de donde vengo, qué imaginarios he heredado”.

Conviene enmarcar bien el momento en que arranca la investigación. Nos hallamos en el momento en que el régimen pasa de la autarquía a la liberalización económica y al Plan de Estabilización de 1959. Es un momento de cambio, material y simbólico, el que elige Ana Fernández para introducir su investigación, bajo una serie de premisas. La primera, dice, “que yo no soy historiadora, analizo ficciones”, lo cual en el día de hoy supone hablar de cómo por ejemplo en Castellón se ha vendido un aeropuerto vacío como imán para atraer aviones “y eso es una fantasía colectiva”, la cuestión es “esa fantasía qué representa ”. Bien, pues un poco en la línea de Žižek cuando analiza ficciones sociales, la línea de trabajo es “analizar simbólicamente el paso a la economía de libre mercado”, viendo qué ficciones consume la gente “cine, novelas de a duro, tebeos”, producciones en las que “se hacen visibles cosas que no se están visibilizando”. “La ciencia ficción, por ejemplo, está relatando utopías socialistas encubiertas”; Bruguera, una editorial nutrida por represaliados, apuesta “por crear unos personajes inadaptados que están desnaturalizando todo el rato lo que el régimen está contando”, como el ejemplo más recurrente, Carpanta.

“Con todo este archivo me propongo ver los relatos que se repiten, las fábulas culturales recurrentes”. Pero para discernir qué es específico y qué es común a otras narrativas europeas y mundiales resulta necesario distanciarse, observar, por ejemplo, a los españoles que van al cine a ver Bienvenido Mr. Marshall como si fuera un extraterrestre, un poco siguiendo al antropólogo Marvin Harris en Vacas, cerdos, guerras y brujas.

Fábula 1, cuento de invierno de la autarquía.

“Es como los mitos del cargo. Es una ficción providencial (Jameson): en momentos de cambio de ciclo económico se producen cambios en la idea de fortuna y de valor”. En la España que deja de ser autárquica para ser intervenida (Joan Garcés) la gente está esperando que le caigan cosas del cielo, de “manera real o simbólica”. De hecho, lo que ocurre en estos relatos es que el subsidiario “dice dame la parte que me toca; son narrativas coloniales en las que la otra parte está esperando algo”. En Bienvenido Mr. Marshall es literal, los protagonistas esperan que les llegue el tractor, el clarinete que los americanos se conviertan en Reyes Magos.

Aquí el que entrevista saca gesto de incredulidad. Pero es verdad: “Franco en los años anteriores lo está diciendo en numerosas ocasiones: yo no soy un Rey Mago, esto no son los Reyes Magos”.  De hecho, son los americanos los nuevos donantes, los benefactores, en un relato que se repite no solo en España, sino en multitud de territorios periféricos e intervenidos.

Fábula 2, encontrar tesoros e intervenidos.

Como territorio periférico e intervenido -bases, créditos,…-, el franquismo intenta generar un relato redentor en el que “España es riquísima en riquezas naturales, y es algo que se puede ver tanto en prensa del interior como la del exilio”. Hay una parte de provindecialismo, “pero también estamos en la época del milagro económico europeo, y aquí se quiere el milagro económico español; es una fantasía de normalización”.

“Aquí tenemos algo que los americanos quieren a toda costa”, señala Ana Fernández sobre dos títulos de la época, Todo es posible en Granada y Aquí hay petróleo. Y es algo que se repite con otro de los fenómenos culturales de la época, los avistamientos de platillos volantes, “los extraterrestres que vienen a llevarse nuestros minarales” (El caso dixit).

Sí, platillos volantes. ¿Puede ser coincidencia que coincidan ambos fenómenos (presencia americana e irrupción del OVNI como hecho cultural)? “No”, nos precisa, Ana, pero el problema no reside tanto en el fenómeno como en qué significa: “en Estados Unidos el extraterrestre es la amenaza, el comunista”, pero en España se dan varios rasgos peculiares, “primero, el marciano hace hablar al subalterno [al que observa]”, pastores, campesinos, gente, en suma, sin voz. “Además los avistamientos son colectivos, no hay abducciones, son espectáculos de multitudes”, y en las escasas ocasiones en que hay contacto, como en Lécera, el contexto es muy determinado, “un aeródromo de la Guerra Civil, donde el lugareño explica que vio dos hombres rubios que hablaban un lenguaje extraño”. Para acabar, “y esto lo tengo muy en mantillas”, no sabemos quién es el extraterrestre, qué hay detrás de él, y, en definitiva cómo “en España el fenómeno OVNI deriva en costumbrismo”, una evolución que culminaría en el imaginario recogido en El Milagro de P. Tinto.

Hay muchos rasgos de la sociedad española que cambiaron en aquellos días. El turismo, la industrialización, el éxodo rural, la presencia americana -la física, pero sobre todo la cultural-, son todo procesos de mutación profundos que necesitaban de una narración en un régimen que no permitía que ésta se desarrollara libremente.

Pronto más

Ana Fernández Cebrián sigue investigando; en unos meses acabará su tesis y podremos conocer nuevas fábulas que se esconden en los relatos culturales del franquismo, muchas de ellas que asomaron en la conversación que mantuvimos con ella y que no han tenido cabida aquí. Para que no se queden en el tintero seguiremos hablando con ella, la tendremos en Subarbre y averiguaremos más sobre el origen de nuestros imaginarios, y de como estos entroncan con nuestra realidad social.


Texto: Lorién Jiménez @desiertodesara

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Análisis

La comunidad espectral

Conciencia de clase
David Mayor, Conciencia de clase, Zaragoza, Prensas de la Universidad de Zaragoza, 2014

 

“Un trapo rojo como el que llevan enrollado al cuello los partisanos”

P.P. Pasolini, Las cenizas de Gramsci


Como los seres queridos, también algunos libros desaparecen, sin ruido, se esfuman de la estantería donde creíste haberlos olvidado. Amanecía y he rebuscado infructuosamente aquel, de lomo azul, que Aragon escribiera tras la muerte de Elsa, donde dejara anotado eso de Ailleurs sans doute ailleurs. Estará en otra parte, sin duda, en otra parte.

En otra parte, así se titulaba el primer libro de David Mayor. Antes, no mucho antes habíamos leído su “Deseo de ser replicante”, y empezamos, lentos, a aprender que apenas sí somos “recuerdo débil”, “memoria prestada”. Ha pasado casi una década desde entonces, y durante ese tiempo, pudimos, afortunados, perseguir en el Forward a “la orca negra sin mancha”, invariablemente hacia el norte, “hacia cualquier parte”. D. Mayor lo deletreaba con precisión en Otra novela, “cualquier libro / trata de una aventura”.

Ninguna aventura deja indemne a quien la atraviesa y los viajeros, a menudo, acaban por olvidar su destino. O, más bien, descubren que, finalmente, nunca hubo puerto al que dirigirse, que “Lo importante no es llegar”, que no se alcanza lo que se busca, “Ni siquiera en otra parte”. En 31 poemas se dejaba presentir que, de un modo extraño, Ítaca ya estaba aquí, y que “lo más bello”, “estar en otra parte”, “puede ser /  lo que no puede ser”.

Entre su primer y su tercer libro D. Mayor se ha desviado hasta haber cambiado de nacionalidad. Si En otra parte se intentaba aún “nacer de nuevo”, tras el viaje de Otra novela, en 31 poemas ya sólo quedaba un páramo “en el que pinchar discos a pedradas”.El tercero de sus libros se cerraba con una invocación a permanecer atentos “donde la vida falla”. D. Mayor se había ido alejando de ese ailleurs sans doute ailleurs para acercase, cuidadoso, a un aquí y ahora que, como todo presente, es y no es al mismo tiempo. Siempre atento a los detalles, ahora estos ya no son signos de nada, sino el lugar en el que leer la vida que nos pasa.

Hace apenas unas semanas se presentó en la librería Antígona de Zaragoza, se presentó el cuarto libro de D. Mayor, Conciencia de clase. De alguna manera que en parte se me escapa, a través de los poemas que lo conforman se aparece esa realidad presente, que es y no es al mismo tiempo, y que 31 poemas ya anunciara: “un aquí y ahora / que es apenas / el zumbido de las cosas”. Quizá sea demasiado pronto para que yo, en cierto modo, fascinado por el texto, escriba algo inteligente acerca de Conciencia de clase. A pesar de lo cual, imprudente, trataré de dejar algunas notas, si no acerca de la poética que despliega (tengo la firme sensación de que cada vez sé menos de poesía), sí, al menos, sobre el pensamiento que a su través se revela, y se rebela.

Conciencia de clase prolifera allí mismo donde terminara 31 poemas, no tanto en el lugar de la muerte cuanto en el de la memoria del padre. En el lugar de ese recuerdo, de esa palabra que, como la del replicante que antes se mencionara, está en el presente, “dentro de la ‘vida corriente’ y es extraña a esa vida”; como a dos pasos, a la distancia justa, de la prosa con que se escribe la vida cotidiana. Mirar la vida con cierta distancia es ya recordarla. Y, sin embargo, es en ese hacer memoria, incluso cuando la mirada se dirige a la infancia, donde la escritura de D. Mayor alcanza toda su altura política y filosófica.

Porque, ¿acaso puede creer alguien que un título como Conciencia de clase puede ser inocente, o que en él se ha olvidado la referencia a eso cuyo nombre último algunos detestan, pero que nosotros seguimos empecinados en llamar con todas sus letras: comunismo? No soy capaz de imaginar la pobre lectura que del libro harán quienes desde posiciones liberales sólo vean en los recuerdos monumentos conmemorando el pasado perdido de un individuo, ni la frustración de quienes, invariables en su viejo obrerismo, esperen encontrar la voz de ese sujeto revolucionario que justifique sus delirios. Porque Conciencia de clase, el libro, es algo así como una versión precisa de un Manifiesto Comunista para el siglo XXI.

No he contado las palabras ni establecido los cálculos, pero la impresión que deja la lectura es la de que hay una  presencia que se repite sin cesar: la de la palabra “fantasma”. Conciencia de clase es un libro poblado de fantasmas que no pueden dejar de recordarnos aquella sentencia con que se abriese el escrito que Marx y Engels redactasen en respuesta a la solicitud de la Liga de los Comunistas: “Un fantasma recorre Europa, el fantasma del comunismo”.
Pero, ¿qué comunismo es ese que es, él mismo, un fantasma? A través de Conciencia de clase se despliega, no la utopía por venir, sino la constatación de la existencia actual de una comunidad espectral. Las figuras que recorren sus páginas tienen ese carácter aéreo, volátil, como figuras que permanecen en la medida en que son dichas, recordadas por el texto. También la de aquel que habla o escribe, especialmente la del que habla o escribe. Porque éste, ese yo o ese él que se dice aparece como efecto del texto mismo, del hacer memoria y como recuerdo. El poeta aquí no es más que un espectro entre otros espectros. Al fin, como se lee en “Inicio”, “los vivos se convierten en imaginación de los muertos”.
Aquí, la conciencia de clase es conciencia de la pertenencia a esa comunidad espectral. Decía Benjamin, que, en el seno de la lucha de clases, ni siquiera los muertos están a salvo. La lucha de clases es la lucha, no por el bienestar de las generaciones futuras, sino por la salvación de las generaciones pasadas, por la redención de los derrotados. Nuestra victoria hoy no es otra que la revocación de la historia escrita por los vencedores. El presente no salva sino en la medida misma en que en él se actualiza la fuerza del pasado. Espectros de todos los tiempos, uníos: somos fantasmas entre  fantasmas, recuerdos de la prosa con que escribimos, con que se escribe, la vida, porque “vivir es dos veces”. El poeta, como el historiador materialista del que hablase Benjamin, se sitúa y nos sitúa en un tiempo-ahora que es combate contra el olvido: memoria efectuada sin un sujeto que la sostenga, que, de hecho, sostiene al sujeto, a ese espectro entre otros espectros, a esa parte que dice “yo” desde dentro del fantasma  múltiple y poroso del comunismo.

En la lucha de clases ni siquiera los muertos están a salvo, pero, en su último libro, David Mayor ha cavado una trinchera en la que, por unos instantes al menos, ponernos todos, tú, yo, él, los vencidos, a resguardo.


Texto: Pablo Lópiz @pablolopiz

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Análisis

El Canfranc, la TCP y Aragón

Canfranc y la TCP

Aragón, que ha tenido en el pasado estrechas relaciones comerciales y culturales con el sur de Francia, estáhoy aislado de Europa.  Quedó patente, el pasado verano, al cerrarse el túnel carretero de Somport y restringirse el tráfico de camiones en el paso del Portalet. Sin embargo, incluso con el Somport y el Portalet abiertos, las opciones para el sector exportador aragonés se reducen a recorrer 300 kilómetros extra, fundamentalmente por carretera, para alcanzar los pasos situados en ambos extremos del Pirineo, con el incremento en costes que supone.  Una vez se imponga la Euroviñeta, una tasa que habrá de pagar quien transporte sus mercancías por carretera en concepto de costes ambientales y de construcción y mantenimiento de las infraestructuras, la situación empeorará.

El único modo de solventar estas cuestionesen el corto plazo, y con costes económicos y ambientales aceptables, pasa por reabrir el ferrocarril de Canfranc en ancho internacional y electrificado (de justicia con un territorio que ha exportado siempre la mitad de la energía eléctrica que producía,mientras veía a su gente emigrar a donde esa electricidad era enviada).  El tren es el medio de transporte terrestre más eficiente, barato y sostenible a la hora de mover mercancías largas distancias (de ahí la Euroviñeta).  Y en el caso de esta infraestructura, que sólo precisa de renovación, la inversión sería mínima y el impacto ambiental nulo, lo que no es baladí en un entorno de elevado valor ecológico y destino turístico de primer nivel como el Pirineo.  A cambio, las necesidades logísticas aragonesas serían satisfechas, algo que, tomando en consideración la orografía del valle francés del Aspe y a pesar de la obsesión por la carretera, endémica a este lado de la cordillera (la autovía Huesca-Jaca ha fagocitado ya 500 millones de euros, el coste de reabrir el Canfranc, en 50 míseros kilómetros), no es posible ampliando el Somport, mucho menos el resto de pasos.

Canfranc y la TCP

Sobre la capacidad y la rentabilidad de la reapertura se habla mucho y mal.  En 2009 el Consejo Económico y Social de Aragón (CESA de aquí en adelante) publicó el estudio más completo hasta la fecha sobre el Canfranc.  En el mismo se cifra en unos 2 millones de toneladas de mercancías anuales la demanda potencial para el Pirineo central, asumible por la línea Zaragoza-Canfranc-Pau para la que se contempla una capacidad máxima superior a los 3 millones.  El Canfranc reabiertotransportaría más de 1 millón de toneladas y seríarentable desde el primer día.Resultados no exclusivos del estudio del CESApues todos los realizados, algunos por reputados consultores europeos, demuestran viable la reapertura.  Y si hay un proyecto al que se ha mirado siempre con lupa, ese es el Canfranc.
Sin embargo, y a pesar de haber firmado con Aquitania una hoja de ruta que prevé la reapertura para 2020, el Gobierno de Aragón se preocupa más por un proyecto que, en el mejor de los supuestos, no se concretará antes de entre 30 y 50 años.  Es la Travesía Central Pirenaica (en adelante TCP), un nuevo corredor ferroviario para el que hay que construir un túnel de 35 kilómetros que costará más de 8.000 millones de euros y tendrá un impacto ambiental severoen el Pirineo aragonés.

La TCP está pensada para que 60 millones de toneladas de mercancías, llegadas de Asía en mega barcos portacontenedores (tras ampliarse el Canal de Panamá), sean desviadas de sus rutas marítimas y ferroviarias lógicas con el propósito de ser descargadas en los puertos de Algeciras y Sines (Portugal), y trasvasadas al tren para llegar a Europatras recorrer4.500 kilómetros de más y superar un desnivel acumulado de unos 8.000 metros, con un incremento en los costes del transporte de 7.000 millones de euros cada año (22 para las empresas aragonesas).Al margen de las consecuencias para el empleo europeo,y para el medio ambiente,de este modelo global de producción y consumoy de que existan dudas razonables de que sea viable energética y económicamente, semejante acrobacia logística a Aragón se le queda enorme.

Canfranc y la TCP

Lo admiten sus propios promotores cuando manifiestan estar defendiendo un proyecto de Estado.  Y, sin embargo, son los aragoneses los que impulsan la TCP de su bolsillo, financiando la Fundación Transpirenaica y los estudios preliminares e, incluso, un encuentro en Madrid con la CEOE, esto último inaudito en la mucho más realista reivindicación de la reapertura.  Todo esto es inadmisible a tenor de las dificultades financieras de Aragón que han llevado a su Ejecutivo a incumplir los acuerdos firmados con la Universidad de Zaragoza.

Por otro lado, la estrategia que está siguiendo el Gobierno de Aragón de pedir el Canfranc y la TCP en los mismos foros crea confusión en la opinión pública y puede conducir a queno se reabra el Canfranc, perdiéndose una ocasión histórica(Aquitania está reabriendo el tramo Olorón-Bedous y estará en 2016 a tan sólo 32 kilómetros de Canfranc).  Habremos de esperar al menos 30 años a disponer de una conexión ferroviaria con Europa por la que no circularán trenes de viajeros,luego no vertebraráun territorio con graves carencias demográficas (por el bien de Teruel más vale que se concrete antes el Corredor Cantábrico-Mediterráneo) y que sufrirásus impactos ambientales negativos sin recibir, como ha sucedido ya en el pasado, nada a cambio.

Canfranc y la TCP

Aragón debe centrarse en la reapertura y olvidar veleidades como la TCP.  Si en el futuro es necesaria, y puesto que su dimensión es estatal, deberá ser el Gobierno de España quien lo impulsey los aragoneses debatir si les resulta de interés, y en qué condiciones, que atraviese su territorio.  Quizá tengan razón todos aquellos que piensan que la TCP no es sino una cortina de humo, una treta ideada paraesconder las miserias de unos gestores de Aragón incapaces de reabrir el Canfranc.  Una treta que, por otra parte, nos está costando un dinero que no tenemos.


Texto: Diego J. Colás @hiawathazgz

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Análisis

Luengas en desaparición en toda la planeta

Lenguas en desaparición aragonés
Ilustración: Asun Gómez

De primeras imos a fer una rapeda definición (lingüistica) de qué ye una luenga con a fin de centrar o nuestro obcheto de redacción. Pero antis de definir qué ye una luenga, hemos de fer referencia a o lenguache. Isto, o lenguache, ye a facultat innata (institiva) d’os seres humanos ta comunicar-se entre ellos y as luengas son as ferramientas d’as que se’n sirve iste instinto ya sían verbals, de signos, etc. Agora bien, lo que ye una luenga puede definir-se dende diferents anvistas pues ye un concepto muit amplo, pero nusatras nomás atenderemos a dos planos lingüisticos, que son o plano interior y l’exterior.
Internament, una luenga ye un sistema de signos lingüísticos. Seguntes Martinet, a luenga se compondría por dos nivels d’articulación: o primero, que aporta o sinnificau, serían os morfemas y o segundo, que forma o sinnificant, serían os fonemas. Iste segundo nivel se combina ta formar o primer nivel y asinas constituyir as parolas; en zaguer puesto, istas parolas se organizan formando oracions. As disciplinas lingüísticas encargadas d’istos planos son a fonolochía (y fonetica), a morfolochía, mientras que a semántica u a sintaxis son as encargadas d’o sinnificau d’as parolas u d’a suya organización dentro d’as oracions.
Externament, una luenga constituye o mecanismo que emplegamos ta comunicar-nos, isto ye, un medio de comunicación; aquí podríanos fer referencia a o esquema de Jakobson: en un contexto especifico un emisor emite un mensache que se transmite por un canal en un determinau codigo lingüístico dica plegar en un receptor; antimás relacionau con cada uno d’os componens d’iste esquema bi ha tamién una función lingüística concreta: referencial, expresiva, poetica, fatica, apelativa y metalingüistica; por otro costau, ye tamién una traza de vier, comprender y relacionar-nos con o mundo, es decir, o conchunto de parolas compone, a su vez, una idiosincrasia. Por ixo podemos decir que una luenga no ye solo algo lingüístico, sino tamién ye algo social. A principal disciplina que se ocupa d’ista vertient d’a luenga ye a pragmatica, que estudea la finalidat d’a comunicación, pero tamién, a sociolingüística que se ocupa, en parti, de cómo se relaciona una determinada sociedat con a luenga.
D’ista traza, o que ye una luenga puede sintetizar-se d’o venient modo: “una luenga ye un sistema de signos que refleixala capacidat d’o lenguache que tienen as presonas, ye decir, a luenga constituye l’instrumento que emplega l’instinto d’o lenguache; por atro costau son as luengas as que componen as idiosincrasias d’as sociedatz, ye decir, l’emplego d’una u atra luenga condiciona la comprensión d’a realidat”.
Contino, realizaremos un breve recorríu por a historia d’as luengas naturals  d’Occident. As luengas son un tipo d’organismos muit dinamicos que viven gracias a oemplego que os suyos fablants fan d’ellas; asinas pues, a muerte d’una luenga suposa tanto a manca de fablants como a desaparixión d’una visión d’a realidat.

Indoeuropeo luengas lenguas desaparición aragonés
L’indoeuropeo ye considerada a “luenga mai” d’a resta de luengas orientals y occidentals.O descubrimiento d’ista luenga estió en o sieglo XIX quan s’empentó a comparación lingüística, a radiz d’o positivismo: se viyó que muitas luengas, dentre Asia oriental y Europa, teneban rasgos comuns, razón por a quala heban de tener un orichen común. De l’indoeuropeo no tenemos garra documento escrito, ye decir, ye una luenga teorica (una entelequia) reconstruida por a comparación con as atras luengas. Seguntes as zagueras teorías , o pueblo indoeuropeo yera asentau arredol d’o ríu Volga y dende astí emigró a la resta de territorios d’Asia oriental (enta l’este) y Europa (enta os Balcans y enta o norte) a on ievolucionó y naixioron luengas como o sanscrito, o griego, o latín u o gotico. Istas luengas fillas sí que son testimoniadas con documentos, qüestión que facilita prou a investigación lingüística y a investigación sobre a naturaleza d’o lenguache.
O griego y o latín estioron as luengas que más influyoron en as luengas peninsulars, debiu a os diferents procesos de colonización. De primeras, plegaron os griegos en a costa mediterránea, pero no facioron guaires intrusions a l’interior peninsular (pues más que más yera un pueblo maritimo). Habremos d’asperar a os romans ta poder fablar d’a primera luenga colonizadora: o pueblo romano prencipió a expandir-se por a Península italica, luitando (o aliando-sen) con os pueblos vecins; paulatinament, fueron adintrando-sen en a resta d’Europa dica plegar en a Peninsula Iberica por o Mediterráneo y os Pirineus. Dimpués d’asentar-sen en muitos territorios, a imposición lingüística estió un proceso mental, pues os antigos habitants peninsulars (os ibers, celtibers…) teneban a ideya en a suya mente de que o latín yera una luenga superior por o suyo caracter imperial; iste proceso de colonización lingüística se conoix, como hemos dito, como colonización mental. ¿Isto qué quiere decir? Os romans no viedaronoemplego d’as luengas ibericas propias, sino que estioron os mesmos iberos os que triaronsubsumir a suya luenga a o latín. Manimenos, istas luengas peninsulars no murioron sin deixar huella: encara bi ha restos d’ixas luengas anteriors a o latín en l’actualidat; isto ye o sustrato.
Ye esclatero que a evolución d’o latín por toda a Peninsula Iberica estió diferent; ixa ye a razón por a qual hue tenemos ista variedat lingüística peninsular, pero sobre istas luengas feremos referencia más adebant.
Quan yera asentau o latín en cada territorio se desarrolló d’una traza diferent y china chana evolucionó enta las luengas romances; agora bien, iste naiximiento puede datar-se? S’estima que en o sieglo VIII, quan estió a Reforma Carolinchia , se tomó conciencia de que ixo que parlaba o pueblo no yera o mesmo latín que se feba servir en a ilesia, que’n yera o clasico. Asinas pues, podemos decir que dende o sieglo VIII (en a Peninsula Iberica) alto u baixo existen as luengas romances. En la resta de países o naiximiento d’as luengas romances tamién se desarrolló por istas fechas.
No nos movemos d’a Peninsula pa escomencipiar con l’atro bloque d’iste articulo: prencipiamos con a colonización lingüística. Como hemos esbozau en bells cabos anteriors, a colonización lingüística ye a imposición d’una luenga sobre unatra; ista imposición puet estar violenta u no, encara que ixo no quiere decir que sía buena t’a luenga subyugada.
Asinas pues, en a Peninsula tenébanos una reyalidat multilingüe con luengas como lo galego, asturiano, euskera, aragonés, catalá, árabe u castellano. En Aragón, l’aragonés ye naixiu  d’as vals d’os Pirineus y poquet a poquet se expandió por tot o territorio adquirindo por os diferents puestos unas variedatz u unatras. A castellanización d’Aragón prencipió alto u baixo en o sieglo XV y s’agudizó con o matrimonio d’o Reis Catolicos quan os nobles aragoneses cambeoron l’aragonés como  a variedat lingüística de cultura por o castellano; desde istas capas altas d’a sociedat aragonesa baixó dica las más clases populars; iste sería un claro eixemplo de colonización lingüística mental; manimenos, si imos t’o sieglo XX tamién en Aragón podremos veyer una traza de colonización lingüística diferent: ya Sahoïrandi testimonió casos en os que os propios fablants despreciaban a suya luenga y lo consideraban un “fablar basto o un castellano mal fablau”; continando en iste sieglo, mientres a dictadura sí que se viedó loemplego d’as luengas que no estasen o castellano; ista sería l’atra traza de colonización lingüística: a imposición explicita. En a resta de territorios d’a Peninsula las suyas luengas corrioron una suerte similar, pero actualment a suya situación ye millor que no la de l’aragonés.

Globalicazión luengas lenguas desaparición aragonés
Iste no ye l’unico eixemplo d’imposición lingüística d’o mundo, sino que istos se dan a mayor escala. Unatro caso ye l’anglés, antis estió lo francés y en istos zaguers anyos somos viendo una situación similar con l’alemán. Istos tres casos se tractan de colonización lingüística vinculada con a politica; a puyada economica d’istos países, que antimás se refleixa en a suya realidat cultural: en a mente d’os fablants, nomás d’ixos países, sino en o conchunto de fablants d’o mundo: en a mente de totz istos se chenera a imachen de que a luenga d’istos países, exitosos en o plano economico-cultural, ye a puerta, a dentrada d’o triunfo. Ista ye a razón por a que decíbanos en a introducción de l’articlo que luenga ye politica: quan un país destaca en o plano economico-politico, iste exito se traduce en a luenga: bi ha más textos de qualsiquier area escritos en ixa luenga en qüestión ya que ista ye una traza de plegar en más publico. Iste fenomeno ye vistero más que más con l’anglés: vivimos en un mundo en o que l’angles ye considerada como a luenga de cultura, a luenga scientifica, a luenga d’a politica internacional. As conseqüencias d’ista potencia politica, cultural o lingüística son os diferents procesos de globalización, entendendo por ‘globalización’ o fenomeno d’imposición d’una cultura sobre unatra, condenando a ista segunda a un proceso de aculturación, ye decir, a perda de cultura por a imposición. ¿A qui benefician istos procesos de globalización y aculturación? Son as grands potencias economico-politicas as que más se miran de posibilitar iste tipo de situacions “globalizants” ya que istas permiten un mayor y millor control d’as diferents sociedatz: a menos culturas, menos formas de viyer o mundo y más facilidat ta controlar totz os planos d’as sociedatz.
Istos procesos de globalización suposan, como hemos dito, a progresiva asimilación d’a cultura obcheto en detrimento d’a cultura sucheto, que ye a que se pierde. Con isto s’amaga una realidat concreta y rica en pro d’una unificación cultural que afoga la diversidat y fomenta la pobreza cultural. En o plano lingüístico isto se traduce en a perda de luengas más chicorronas en quanto a o numbro de  fablants, no en quanto a o suyo valor intrínseco. De feito, a imposición d’una luenga sobre unatra ye una d’as millors ferramientas d’as que tiene a globalización ta cruzar a atros nivels; y, en conseqüencia, un mayor control sobre istas luengas deriva en un mayor control d’istos procesos globalizadors.
Astí prencipiaría a parti más politica d’as luengas, ya que istos no son procesos que suceden dintro d’a propia luenga, ye decir, a suya desaparición no ye un factor intrínseco d’o plano lingüistico: nunca no s’acotolan ya que as luengas son entes vivos y dinamicos con una grand capacidat d’adaptación; a pervivencia o  a muerte d’una u unatra luenga transciende l’ambito lingüistico ta estar una qüestión social, y lo que ye o mesmo: ye una decisión d’os fablants emplegar una luenga en cuenta d’unatra, nunca no pende d’a luenga como organismo comunicativo.


Texto: Laura Comín @LauraCoGi
Ilustración: Asun Gómez

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Análisis

Construir un Aragón posmoderno

Ilustración: Carlos Azagra
Ilustración de Carlos Azagra

En la maraña actual de dialécticas y subjetividades, merece la pena tomar un respiro y reflexionar sobre el complicado mundo que nos ha tocado vivir, echando la vista atrás, para tratar de plantear un pequeño (y humilde) estado de la cuestión sobre la memoria colectiva (siempre histórica), las subjetividades que la rodean (y legitiman) y el sujeto-objeto Aragón como campo de batalla de las mismas. Me centraré en cuestiones socioculturales, dejando las políticas o económicas para otra ocasión.

Hace seis años tuve el placer de compartir mesa en una charla con el compañero e historiador Lorién Jiménez; aquel evento tenía por título Lanuza must die. Los organizadores, el Zentro Sozial A Enrestida, querían plantear una formación abierta sobre la figura del Justicia, su decapitación (física, moral y simbólica) y las consecuencias identitarias de aquellos hechos. Lorién expuso, de forma contundente, que Juan de Lanuza V sería lo que decidieramos construir. Un Lanuza, mito de las luchas sociales, quizá también un símbolo del país perdido o el icono de una liberación sexual aún por concluir. Esta es la esencia de la subjetividad y la construcción de la memoria: todo fluye, nada permanece estático. La realidad siempre hay que construirla, reinventarla, para que no se oxide y quede caduca.

La memoria y la identidad son finas gotas de agua, dentro de una lluvia incesantemente monótona. Cada gota es diferente, subjetiva en su propia naturaleza, por eso debemos rechazar el simplismo analítico que nos ofrece esa fugaz mirada desde una ventana cualquiera de un edificio cualquiera de nuestro mundo posmoderno. Esas gotas tienen una forma, una textura, caen a una velocidad y con una inclinación. Por eso, dentro de la semejanza, debemos empoderar las gotas aragonesas, desacralizadas totalmente, sin mezclas ni aditivos extraños. Una gota cruda que nos permita relacionarla con otras semejantes, que forman charcos, algunas ríos, otras imponentes mares.

La teoría ofrece suficientes herramientas para hacernos comprender este delicado y húmedo mundo. Desde los trabajos e ideas de Bourdieu, las cuestiones relacionadas con la alienación sociocultural (Lafont, 1971) hasta la legitimación social de la historia (Berger, Luckmann, 1979), pasando por perspectivas psicológicas o ambientalistas. La subjetividad se define por entornos de contraste (nosotros frente a ellos, inclusión y exclusión, pertenencia y adhesión) o como consecuencia de una negociación entre ámbitos colectivos (institucionalizados o no).

La lluvia aragonesa viene empapada de elementos externos, extraños, desde hace tres siglos. El proceso de asimilación del sujeto Aragón dentro del objeto España ha desencajado cualquier tipo de propuesta para recuperar-dignificar lo aragonés desde una óptica de país (de nación). Los tiempos actuales no ayudan: la crisis financiero-especulativa ha sobornado elementos tan consensuados como la autonomía política o la descentralización, dejando abiertas las puertas a procesos que creíamos superados. En el ámbito catalán, todos recordamos la intención del ministro de Educación, el señor José Ignacio Wert, de españolizar a los alumnos de ese país, recordándonos que el Estado restringe las funciones culturales de legitimación, socializando en sus ciudadanos (súbditos) actitudes favorables para perpetuar el régimen establecido (Letamendía, 1997: 28). No se puede decir más claro.

La memoria subjetiva del objeto Aragón lleva varios años en crisis. En 1978, el Partido Socialista de Aragón firmaba en su programa que “en Aragón existió una estructura de poder propia hasta la llegada de los borbones, la fabla y el chapurreau, lo mudéjar y la jota, además de una idiosincrasia perfectamente conocida y muchas veces denigrada (lo “baturro” es un producto zarzuelero del Estado centralista)” (Serrano, 2005:133-134). Esta narración, subjetiva y de legitimación alternativa, fue amalgamando a toda una generación de personas, que han ido estructurando lo que podemos denominar como aragonesismo político-cultural, bajo el triángulo organizativo REA-CFA-CHA. Una subjetividad que tuvo relativo éxito pero no produjo espacios sociales para que creciera su aceptación. Una narración que se debilitó por la base, siendo asediada por el nuevo (pero viejo) nacionalismo banal español. Las fechas históricas son un buen ejemplo de este fracaso: mi querido amigo, y amante de la historia, Chesús Giménez Arbués, siempre se lamentaba por el escaso cuidado de las citas históricas relevantes, sea el 29 de junio de 1707, el 20 de diciembre de 1591, o aniversarios como el de los seiscientos años del Compromiso de Caspe. Mucha miga para tan poco pan.

La memoria, el imaginario colectivo, siempre se refiere a la realidad, ya que permite contextualizar nuestra experiencia cotidiana (subjetiva). El imaginario sirve para mantener el status quo del sistema o para transformarlo. Esta dialéctica genera conflictos, aunque no cuestiona la existencia misma del propio imaginario. En Aragón, podemos describir una visión externa (española), basada en el concepto de atraso, y que jerarquiza elementos como el conservadurismo, el paisanaje (lo rural como retrógrado) o lo extraño (las rarezas y tradiciones). Y por otro lado, tendríamos una visión interna (aragonesa), en la que el arraigo-desarraigo juega un papel central, combinado con el autoodio-autoestima, la influencia de la migración (los que se marchan) y la paradoja de pensar y actuar.

Este imaginario se interrelaciona con las políticas sobre la memoria que se han construido en Aragón. Cabe hablar de lo público-institucional, ya que se sigue legitimando un escenario de baturros (la jota de forma masiva), con una historia gloriosa pero desarticulada (visión liberal española) y con capacidad para universalizar el discurso (Goya, Buñuel, Expo 2008). Pero todo esto ha sido otro rotundo fracaso (la catalanofobia es un síntoma de esa incapacidad).

Terminamos este artículo con una idea positiva. Desde la ordenación del territorio ya hay consensos sobre lo que algunos autores denominan inteligencia colectiva (Rullani, 1998); es decir, permitir el desarrollo territorial en base a la puesta en común de conocimientos, lenguas, culturas y sentimientos generadores de identidad. Tenemos el caso de algunas comarcas de Gales, como South Gwynned, con un fuerte sentimiento de pertenencia a la cultura céltica y una percepción generalizada de querer diferenciarse de Inglaterra. Con esta idea, han ido creando sinergias colectivas, con la lengua galesa como base para la intervención y dinamización del turismo cultural, en el ámbito de la literatura, música, arquitectura o enclaves históricos. En Escocia y Catalunya tienen muy estudiado este paradigma desde hace años; la planificación de su memoria colectiva se basa en construir desde estos planteamientos: visiones alternativas que generen subjetividades nacionales al margen del dominio estato-nacional.

Las estructuras dominantes de una sociedad son las que marcan la línea del éxito, el discurso mediático propone las reglas del juego, expulsando a la marginalidad a transgresores, innovadores o rebeldes de la identidad. No es nada fácil el desarrollo colectivo, el sistema manda y ahoga. Por eso la idea de país como consenso básico y constituyente, es fundamental para reforzar la memoria colectiva aragonesa. Aún estamos a tiempo de generar subjetividades… o no?


Texto: Daniel Lerín @Danilerin
Ilustración: Carlos Azagra